jueves, 20 de febrero de 2014

Taganga, una pequeña joya mochilera y de buceo en el Caribe colombiano

El Caribe colombiano, kilómetros y kilómetros de costa con aguas de efectos verdes, turquesa, azules; un mundo submarino por descubrir lleno de corales, peces mariposa, morenas, pulpos, atunes, caballitos de mar; pequeños pueblos pesqueros donde se mantienen tradiciones y en los que tu paso fugaz como visitante se mezcla con la vida de la alegre gente local. Ante este panorama, nuestro viaje hacia la costa norte colombiana prometía estar lleno de experiencias y lindos lugares. Pero toda región repleta de tesoros por descubrir plantea a su vez cierto dilema para viajeros en continuo movimiento como nosotros, ¿qué lugares elegir para visitar? Opciones muchas, ganas infinitas, recursos limitados... snif...

Desde la ciudad de Santa Marta, con interminables ofertas turísticas de buceo, excursiones, tours a islas paradisíacas; a la pequeña población de Taganga, un pueblito pesquero destino habitual de mochileros y buceadores; la desconocida zona del Cabo de Vela, desde la que ya se puede sentir el aroma de la tierra venezolana, con una comunidad de costumbres ancestrales, con playas inacabables... Fue difícil elegir entre un catálogo tan atractivo, pero finalmente nos decidimos por trasladarnos a Taganga, con muy buenas referencias como lugar acogedor, auténtico, y las mejores ofertas de buceo de Colombia.

Playa de Taganga al anochecer

Así que tras otro viaje nocturno en bus desde Bucaramanga hasta la ciudad de Santa Marta, tomamos un taxi que por 15000 pesos (poco más de 5 €), nos llevó hasta el centro de buceo Nautilus en Taganga, del cual habíamos visto en Internet que tenía buenos precios y referencias, y además ofrecían alojamiento gratuito al realizar inmersiones con ellos. Al llegar al centro con nuestras mochilas y cara de demacrados tras la noche en bus, nos informaron que efectivamente tienen una pequeña cabaña en el parque Tayrona, a pocos kilómetros de Taganga, disponible para los buceadores. Con unos atardeceres espectaculares, tranquilidad, el sonido del mar como banda sonora, sin electricidad, sin agua corriente... ¿qué más podíamos pedir? :-D Por si no estábamos ya bastante convencidos, tras ver que cada inmersión nos salía por 50000 pesos (unos 18 €) y que el curso de iniciación Open Water de 3 días para Ewe costaba 540000 pesos (unos 200 €), ya tuvimos los próximos días planificados.

Como era demasiado para nuestros cuerpecitos, bueno, sobre todo para Ewe empezar el curso de buceo ese mismo día, preferimos pasar el día en Taganga y dormir en un hostal antes de ir al día siguiente hacia la cabaña en el parque Tayrona. Taganga es un pueblo pequeñito pesquero con gente super amable y super feliz a pesar de contar con servicios muy básicos, o al menos, básicos para gente occidental como nosotros. Históricamente, está situado en una zona en la que la escasa lluvia es un verdadero problema para la población, lo cual pudimos comprobar nada más llegar. En el hostal donde dormimos aquella noche, nos comentaron que desde Octubre de 2013 que no llovía, y las provisiones de agua tenían que conseguirlas con proveedores que venían desde Santa Marta o Cartagena, los cuales en algunos casos se aprovechaban del "poder" que tenían al depender de ellos las reservas de agua, y su seriedad a la hora de las entregas podía ser bastante lamentable, existiendo hostales, viviendas, restaurantes, que llevaban sin agua dulce más de 5 días.

Taganga, pescadores acabando la jornada

Aparte de estas condiciones, a nivel turístico, Taganga es un destino básicamene mochilero, con viajeros jovencillos de todas partes del mundo, comida para todos los bolsillos, bares con ambiente por las noches, viajeros artesanos vendiendo bisutería en el paseo de la playa... Pero con esta comunidad de viajeros se mezcla la vida diaria de los habitantes de Taganga, saliendo a pescar en sus pequeñas barcas a primera hora de la mañana, y volviendo al atardecer a la playa, momento en el que la gente del pueblo se acerca para comenzar el show de compra-venta de fresquísimo pescado aún en las redes.

 Taganga, jornada pesquera

Tras pasar ese primer día en el pueblo, compramos algunos víveres, y a la mañana siguiente, según lo acordado, nos presentamos bien prontito en el centro de buceo con nuestras posesiones, y a viajar en lanchita hasta la cabaña en el parque Tayrona. Al llegar, pudimos comprobar que lo que nos habían contado del lugar no se quedaba corto. Una pequeña cabaña, con una zona de hamacas, una cocina, un espacio para comer... de cara al mar Caribe en donde se preveían unos atardeceres para recordar.

El pequeño mirador de la cabaña

 Vistas desde la habitación de la cabaña

Pero antes de eso, a Ewe le esperaba su curso de buceo con su inseparable instructor durante los próximos días, Omar. A pesar de que hubo momentos algo estresantes durante las prácticas, poco a poco fue cogiendo confianza con tanto chaleco, regulador, botella, infla por aquí, desinfla por allá, ¡finalmente ya tenemos una buceadora más en el mundo! Aquí la tenéis toda profesional durante algunos de los ejercicios en aguas confinadas junto a Omar y otra chica que hacía el curso.


Ejercicio de rescate

¿Y yo que hacía de mientras durante los 3 días del curso? Aparte de pasar una envidia increíble viendo buceadores de diferentes países yendo y viniendo del agua, aproveché para tomarme unos días de esos que aprovechas para sumergirte en el más absoluto relax, disfrutando de buenas lecturas tumbado en la hamaca, interesantes conversaciones con los viajeros que íbamos conociendo, poniendo al día el blog... Y es que en el lugar donde estábamos poco más se podía hacer, alguna visita a una playita cercana en la más absoluta intimidad, intentar aguantar la tentación de rascar las picaduras de los mosquitos nocturnos, conocer divertídisimas anécdotas en forma de hongos testiculares sufridos por un viajero inglés, y por supuesto, disfrutar cada tarde de los atardeceres  desde una tribuna privilegiada.

 
Atardecer desde la cabaña

Pero eso sí, una vez que Ewe acabó el curso, también llegó mi momento y pude disfrutar de las maravillas subacuáticas del mar Caribe, algunas de ellas yo sólo y una úĺtima con Ewe, estrenándonos así como pareja de las profundidades marinas. Pudimos ver infinidad de corales, peces mariposa, peces loro, morenas, pulpos, peces trompeta, y algo que aunque no vimos con nuestros propios ojos, unos compañeros nos comentaron, ¡una parteja de buceadores dando rienda suelta a la pasión a 5 metros de profundidad! Así me gusta, ¡echando imaginación a las relaciones!!jeje

Parece una pedida de mano acuática, ¡pero no lo es! :-D

En pleno paseo acuático

Bajo el agua es un entorno ideal para meditar

Tras 4 días en ese pequeño paraíso, tocó de nuevo tomar la lancha de regreso a Taganga, una vuelta a la civilización después de unos días en los que pudimos olvidarnos que existe una sociedad moviéndose al ritmo de la electricidad, el dinero... En Taganga pasamos un día más para que Ewe hiciese el examen teórico del curso, dormir decentemente tras varios días en compañía de mosquitos y pulgas, e ir preparando la visita a nuestro próximo destino, ¡Cartagena de Indias!

Ewe con su instructor de buceo Omar

Y con esto acabó la aventura por el lugar más mochilero, auténtico, salvaje y paradisíaco que habíamos encontrado hasta ahora. Para nuestro recuerdo siempre quedarían esos atardeceres, las anécdotas vividas durante el curso de buceo, los viajeros que fuimos conociendo, las ajetreadas noches intentando dormir, las horas pasadas en la hamaca, y la sensación de que al menos durante unos días, la felicidad sólo puede depender de las personas que nos rodean y el lugar en el que te encuentres.

"Si siembras un pensamiento cosecharás una acción. Si siembras una acción cosecharás un hábito. Si siembras un hábito cosecharás un carácter. Si siembras un carácter cosecharás un destino". Charles Reade

sábado, 15 de febrero de 2014

Dawno dawno temu...czyli podroz do bajkowego Campeche



Pobyt w Meridzie w towarzystwie naszych nowych meksykanskich przyjaciol pozwolil nam doswiadczyc wszystkiego o czym marzy niezmeczony podroznik- historycznej wyprawy do poczatkow miasta, jego znakomitej kuchni, mozliwosci zetkniecia sie z cywilizacja Majow, ale przede wszystkim ciepla serca jego wspanialych mieszkancow. Na horyzoncie tlily sie juz jednak kontury kolejnego celu latynoamerykanskiej przygody- San Francisco de Campeche, zwanego rowniez po prostu Campeche. Jak zawsze na tym etapie podrozy zastanawialismy sie nad tym gdzie moglibysmy zatrzymac sie na czas pobytu w miasteczku. Zaczerpnelismy z dobrze znanego nam juz zrodla- Couchsurfing. Odpowiedzial nam David, ktory choc nie mogl zaoferowac nam noclegu, pomogl nam zarezerwowac miejsce w hostelu “El Pirata” gdzie pracowal jego znajomy. Ten niedrogi i przytulny przystanek na trasie podroznych okazal sie strzalem w dziesiatke. Prywatny pokoik, obfite sniadania oraz mozliwosc korzystania z kuchni zadecydowaly o naszym ostatecznym wyborze.

              Ewe w hotelu "El Pirata"

Campeche to jedno z niewielu miast w Ameryce Lacinskiej, ktore w 1686 r. otoczono fortyfikacjami z powodu czestych napadow piratow i awanturnikow. To jeden z glownych powodow, dla ktorych przyciaga ono rocznie szeroka rzesze turystow z calego swiata. Wkraczajac w otoczona przez mury szachownice kolorowych uliczek nie sposob jednak oprzec sie wrazeniu, ze to jeden z planow filmowych Tima Burtona. Wszystko wyglada bowiem niczym w krzywym zwierciadle: malarze kryjacy sciany budynkow kolorwymi farbami, figury zwierzat o fantazyjnych ksztaltach (czesc wystawy artystycznej sueños modelados), czy tez starannie wysprzatane ulice, co w tym regionie swiata spotyka sie dosc rzadko. Campeche niewatpliwie zaskakuje, zakreca, przyciaga uwage. Czy jest to jednak jedyne jego oblicze? Jak wyglada sytuacja miasteczka poza turystyczna banka mydlana? O tym juz wkrotce...

  Bajkowe centrum historyczne. Wystawa sueños modelados

   Campeche. Centrum historyczne zawsze w renowacji

Campeche. Fantazje centrum historycznego
 
Pierwszym Hiszpanem, ktory dotarl do wybrzeza Zatoki Meksykanskiej byl Francisco Hernandez de Cordoba, ktory w 1517 r. natknal sie na siedzibe Majow zwana Ah Kim Pech. Rok pozniej przybyl tu Juan de Grijalva, a w 1526 r. znany juz wszystkim Francisco de Montejo, ktory zalozy tu kolejne po Meridzie miasto, Villa de Salamanca de Campeche. W 1540 r. jego syn, Francisco de Montejo zalozyl tu wioske San Francisco de Campeche, ktora pod koniec XVI w. byla bezlitosnie atakowana przez piratow. Dzieki utworzonym z tego powodu fortyfikacjom miasteczko cieszy sie jednak obecnie wspaniale zachowana architektura czasow kolonialnych. Jest rowniez waznym centrum takiej dzialnosci gospodarczej jak rolnictwo, rybolostwo i handel. Dzieki obecnosci dwoch wspaniale zachowanych fortow (San Jose el Alto i San Miguel) oraz zamurowan, Campeche, bedace jedynym miastem tego typu, zostalo wpisane w 1999 r. na liste Swiatowego Dziedzictwa Kulturalnego UNESCO.

      Campeche. Ivanek i señor el pirata

    Fort San Miguel

Campeche w granicy swoich murow jest zatem zupelnie bajeczna kraina, w ktorej mozna stracic poczucie czasu, dac sie wciagnac w wir fantazji i uciec od trudnosciia codziennego. Perspektywa zmienia sie jednak gdy nasz wzrok zaczyna szybowac ku pozostalej czesc miasta. Mielismy okazje przekonac sie o tym w drodze z dworca do naszego hostelu. Wszechobecne smieci, zakurzone ulice, popekane chodniki i stoiska z piekacym sie miesem w zdecydowany sposob niszczyly wizerunek Campeche. Poraz kolejny zdalismy sobie sprawe z tego, ze aspekt turystyczny ma niezwykle duzo znaczenie w Meksyku. Miejsca uzytkowane przez miejscowa ludnosc calkowicie przeciwstawiaja sie cudownie kolorowym i lsniacym uliczkom centrum historycznego.

          Campeche poza murami. Smietnisko tuz obok targu

Ulice Campeche poza murami

W zaden sposob nie chcialabym wam odradzic wizyty w tym zupelnie wyjatkowym miasteczku. Campeche ma bardzo wiele do zaoferowania i kazdy moze znalezc tu cos dla siebie: restauracje o przeroznej kuchni, galerie sztuki, muzea, ciekawe spektakle, katedre i piekny park. Mimo to pragne wyrazic moje osobiste zdanie o sytuacji, ktora tu napotkalismy i zwrocic wasza uwage na to w jakim stanie znajduja sie obecnie jedne z najpiekniejszych i najczesciej uczeszczanych miejsc na Ziemi. Planeta krzyczy rozpaczliwym glosem, starajac sie poruszyc nasze serca i obudzic dawna wrazliwosc. To w naszych rekach znajduje sie jej dalszy los. Juz tak niewiele brakuje abysmy unicestwili nas samych....

Jedna z najpiekniejszych rzeczy jakiej doswiadczylismy w Campeche bylo poznanie wspanialych ludzi, ktorzy poraz kolejny udowodnili nam, ze dom jest wszedzie tam, gdzie otwarte serce i bezinteresowna pomoc nowonapotkanego czlowieka. David i Eli sprawili, ze miasteczko otworzylo przed nami kolejne drzwi. Dzieki nim mielismy okazje zobaczyc noca czarodziejsko oswietlone forty San Miguel i San Jose, nacieszyc wzrok zapierajacymi dech w piersiach widokami, pospacerowac po tych czesciach miasta, ktore do tej pory byly dla nas tajemnica oraz sprobowac najlepszych tradycyjnych lodow i czekolady sporzadzonej zgodnie z sekretna receptura Majow.

 David, Ivanek i Ewe przy forcie San Jose

Eli, David, Ewe i Ivanek przy filizance czekolady

Ewe i Ivanek. Nocna panorama Campeche

Kto z was ogladal film “Chocolat” pamieta zapewne, ze czekolada sporzadzana przez Majow miala niezwykle wlasciwosci...Sprawiala bowiem, ze w ludziach budzila sie szczegolna namietnosc, radosc i witalnosc. Campeche dalo nam szanse na uczestnictwo w prezentacji przygotowywania tego tak uwielbianego przez wszystkich wynalazku prekolumbijskiej cywilizacji. Babunia maya poczestowala nas fiizanka goracej czekolady, zwana rowniez eliksirem Bogow, oraz opowiedziala o jej szczegolnym przeznaczeniu wsrod przodkow. Majowie uznawali bowiem, ze skosztowac czekolady moga jedynie zolnierze i szlachta, co udowodnil Moctezuma, gdy poczestowal nia na przywitanie Hernana Corteza...

      Prezentacja sporzadzania czekolady z udzialem widzow

    Nasza pierwsza filizanka wysmienitej czekolady Majow

Spacerujac po Campeche mozna odkryc wiele skarbow, ktore znienacka wylaniaja sie necac wzrok. Jednym z nich sa malowidla na elewacjach budynkow zaskakujace profesjonalizmem i sprawna reka malarza. Warto przyjrzec sie im blizej, by moc zauwazyc detale charakterystyczne dla popkultury Meksyku.

 Malowidlo z wizerunkiem kobiety maya przygotowujacej czekolade

Campeche okazalo sie dla nas sposobnoscia do reflekcji na wiele tematow, poruszylo nasze serca dzieki serdecznosci jej mieszkancow oraz pozwolilo na podroz w czasie do budzacych krew w zyach wydarzen z czasow piratow i ich przybrzeznych bitew z mieszkancami miasta. Bylismy mu ogromnie wdzieczni za goscine. Jednak gdzie w glebi marzylismy juz o kolejnym celu naszej wyprawy po swiecie Majow...Po dlugiej podrozy, podczas ktorej krajobraz zaskakiwal nas coraz bardziej soczystymi odcieniami zieleni dotarlismy do Palenque! Ale o tym dowiecie sie juz w kolejnej odslonie :)

martes, 11 de febrero de 2014

Unos días en familia en Bucaramanga


Hasta el momento parecía que la ruta colombiana se estaba convirtiendo en continuos cambios urbanos y rurales. Desde la enorme Bogotá a la tranquila y encantadora Villa de Leyva, y desde ahí a otra gran ciudad, Bucaramanga. Y sabiendo que no somos muy amantes de las grandes ciudades, ¿por qué ir allí? Primero porque nos pillaba de camino en la ruta hacia la costa norte de Colombia, segundo porque a pesar de ser una ciudad habíamos recibido muy buenas referencias sobre ella, en plan que era muy acogedora y tranquila, y tercero porque habíamos encontrado una pareja de couchsurfers que nos darían alojamiento, y tras varias semanas sin disfrutar de la experiencia Couchsurfing ya teníamos mono, sobre todo siendo la primera en tierra colombiana.

En Bucaramanga nos esperaban Belinda y Julián, una pareja chileno-colombiano-australiana, y su cacatúa Aquiles, a la que es entrañable ver cómo cuidan, tal y como si fuese su propio hijo.

¡¡Os presento a Aquíles!!

Ellos viven en una zona que se llama Floridablanca, básicamente residencial, con grandes edificios a moo de urbanización con sus piscinitas, barbacoas... Y nuestros anfitriones no iba a ser menos, así que ya desde el primer día nos esperaba una jornada de marqués, piscinita, tomar el sol, cervecitas, comida y buena compañía con Belinda, Julián y gran parte de su familia y amigos.

Duro día de piscina...

Además, pudimos aprovechar el día, mientras fuímos a buscar la comida, para visitar el cercano municipio de Girón, con un centro histórico muy bonito, de esos con casitas pequeñas, blancas, la plaza del pueblo con la iglesia que nunca falta, ancianas acosándote para leerte la mano a cambio de unas monedas...


 En la plaza de Gerón con Casandra, Belinda y Áquiles en su mano, y Julián



Calle del centro histórico de Girón

Para el día siguiente, Domingo, y teniendo en cuenta que la noche anterior se había alargado no sabemos si por intoxicación del cloro de la piscina o por efecto cervecero, decidimos pasar otro día de piscina para salir de la duda... :-D Pero el destino nos tenía preparado otro plan, y es que uno de los lugares que nos habían recomendado visitar por la zona, el parque natural de Chicamocha, únicamente abría de Miércoles a Domingo, y como pensábamos irnos el Martes, no nos quedó otra opción que ir a verlo ese día. Así que junto con Casandra, otra couchsurfer mexicana que estaba pasando unos días con Belinda y Julián, llegamos al teleférico que te lleva hasta el parque, no sin antes tener ciertas dificultades para llegar, tomando un taxi desde Bucaramanga hasta un pueblo llamado Piedecuesta, después un bus hasta un cruce a 8 km del teléferico, y finalmente un coche que nos paró haciendo autostop, conducido por un simpatiquísimo hombre que incluso nos invitó a parar unos kilómetros antes de la llegada al teléferico para que tomáramos fotos desde un mirador, mientras él nos esperaba. En la siguiente foto tomada desde el mirador, si os fijáis bien, en la parte inferior por la derecha se pueden ver los postes blancos por los que va el teléferico para ir hasta el otro lado del cañón, donde está el parque de Chicamocha.

Mirador de Chicamocha

Respecto al resto de la visita, únicamente destacar el viaje en el teleférico, que aunque iba siempre a pocos metros del suelo, te regalaba unas vistas muy chulas del cañón.

Bajando en el teleférico de Chicamocha

En el valle del cañón de Chicamocha

Un par de días después, por recomendación del excursionista Julián, fuimos con su breve compañía a hacer una caminata por un monte cercano a su casa. Digo que su compañía fue breve porque a los 15 minutos de comenzar a andar, tuvo una llamada para hacer una entrevista de trabajo por Skype así que se tuvo que ir pitando para casa. Sobre el lugar en el que hicimos la caminata nada especial a destacar, a excepción de un pequeño riachuelo que al parecer bajaba desde lo alto, formando en algunos puntos cascaditas preciosas. Lamentablemente tuvimos algún problema al pasar las fotos de la cámara al portátil, y sólo hemos podido salvar esta...

Nuestra única foto de la excursión

Como al inicio de la excursión vimos una pequeña caída de agua, al ver al de más de una hora un riachuelo en la misma dirección pensamos que sería una buena idea seguir el curso del agua, en lugar del camino marcado, y así volver al punto inicial de la caminata. A buena hora tuvimos esta brillante idea... Al principio no os negaré que la aventura fue muy chula, sintiéndonos como niños aventureros bajando por rocas, viendo bonitos paisajes, e incluso teniendo que atravesar pozos de agua botas en mano. Sin embargo, llegamos a un punto en el que había una caída de agua y parecía bastante arriesgado intentar bordearlo, ya que si tropezábamos por la ladera la caída era grande. Volver por el camino hecho tampoco sería fácil, ya que era cuesta arriba y como muchos tramos era de roca mojada, sería difícil subirlas. ¿Qué hicimos? Creo que la peor opción de todas... meternos por la ladera del tupido bosque pensando que en pocos metros llegaríamos al camino. Después de unos 15 minutos subiendo, arrastrándonos, agarrándonos a raíces que si partían nos íbamos ladera abajo, arañazos por todos lados... nos dimos por vencidos, y vimos que la única opción que teníamos era volver al riachuelo, y deshacer el camino andando. De nuevo, 15 minutos bajando, arrastrándonos, de nuevo las fuertes raíces salvándonos en más de una ocasión, más arañazos... Finalmente, pudimos llegar al riachuelo, deshacer el camino hecho, aunque con consecuencias en forma de botas y calcetines totalmente mojados por un par de resbalones, y tener que hacer el camino que nos quedaba hasta el pueblo más cercano descalzos. Sé que no es una aventura digna de una película de Indiana Jones, ni que Fran de la Jungla nos fichará para ser sus ayudantes. Pero creednos que hubo momentos bastante tensos en los que ya nos veíamos pasando la noche en el bosque...

Después de la aventurilla, tocó hacer de nuevo las mochilas y mentalizarnos para otra apasionante noche de bus, esta vez para viajar desde Bucaramanga hasta Santa Marta, en la costa norte caribeña de Colombia. La idea de hacer la excursión ese día fue precisamente para así estar cansaditos y dormir mejor en el bus, ¡creo que no nos pudo salir más redondo añadiendo nuestra incursión por la más peligrosa jungla sudamericana! jeje.

Así que para el siguiente post ya sabéis, os esperan lindas fotos de atardeceres en el mar Caribe, playitas, buceo... Pero para ello esperad un par de días, ¡que aún estamos disfrutándolo!

"Sólo mediante una existencia feliz podemos proporcionar felicidad a quienes nos rodean". Albert Casals

lunes, 10 de febrero de 2014

Comienza la etapa sudamericana, comienza el “verdadero” viaje con Bogotá y la encantadora Villa de Leyva


Como os comenté hace no muchos posts, un cúmulo de circunstancias nos hicieron cambiar bastante el itinerario previsto del viaje. Lo que se preveía tras México como una visita breve a la zona de Centroamérica, se convirtió en un salto directo a Sudamérica, en concreto a Colombia. Cuando planeas un viaje tan largo y variado como este, inconscientemente (o quizá con total consciencia), siempre tienes una etapa del viaje que esperas con especial interés, como una etapa que tienes cierta sospecha que será aquella que siempre te ha estado esperando, y en nuestro caso había llegado con Sudamérica.

Nuestro primer destino fue Colombia, específicamente su capital, Bogotá. Como suele pasar, muchas historias habíamos oído sobre la fama del país colombiano, películas fieles a los más primitivos clichés sobre narcotraficantes, noticias sobre violencia local generalizada a todo el país... Pero como sabéis, no somos personas que les guste hacer mucho caso de lo que unos cuantos dicen sin conocimiento de causa, así que mejor descubrir las peculiaridades del país del café con nuestros propios ojos.

El paso de Cancún a Bogotá no fue lo que podríamos decir placentero. El vuelo salía a las 5:00 AM, así que, en lugar de pasar esa noche en un hostal, decidimos ir desde Cozumel hasta el aeropuerto de Cancún a última hora de la tarde y pasar la noche en el aeropuerto. Durante el viaje por México, pudimos sufrir la extraña costumbre de que les encanta poner el aire acondicionado a tope en cualquier lugar, ya sea bus, museo... y como no, aeropuerto. Pero bueno, con unas cuantas capas encima y haciendo buen uso de las esterillas para evitar el frio suelo, pudimos dormir unas horitas.

Finalmente llegamos a Bogotá sobre las 15:30, intentamos averiguar la manera de llegar en transporte público desde el aeropuerto hasta el centro, pero aunque parezca imposible, de 5 ó 6 personas que preguntamos todas nos dieron versiones diferentes... Así que finalmente optamos por la solución segura (aunque a veces ni eso...), el taxi. Habíamos escrito a varios couchsurfers para conseguir alojamiento en Bogotá, pero la mayoria tenían la casa ya ocupada así que finalmente reservamos en un hostal en el centro histórico de Bogotá, el barrio de La Candelaria, donde se encuentran la mayoría de hostales para viajeros.

 Bogotá, barrio de La Candelaria

Durante los 4 días que pasamos en Bogotá tuvimos tiempo para disfrutar de experiencias de todos los tipos. Desde probar nuestras primeras arepas, hasta conocer en el hostal a un vasco con una dura historia sentimental que le hace visitar Colombia más de lo que le gustaría, empezar a percibir la amabilidad de los colombianos, su preocupación por la imagen, el alto índice de indigencia existente, propio de una gran ciudad, o la movilidad social en lucha por sus derechos y los de otros.

Bogotá, mural reivindicativo

 Bogotá, mercado

Nuestra estancia en la capital colombiana además nos sirvió para comprobar un hecho que ya sospechábamos, que durante el viaje no somos pareja de grandes ciudades. Al menos del estilo de Bogotá, donde te encuentras en muchos lugares con impersonales edificios propios de épocas comunistas, infinitos rascacielos como los que te puedes encontrar en cualquier capital... Aunque eso sí, un colorido barrio histórico que fue nuestro centro de operaciones y paseos, y unas montañas que rodean la ciudad permitiéndonos recordar el continente en el que nos encontrábamos.

El centro histórico de La Candelaria es un barrio donde se concentra la vida juvenil y alternativa de Bogotá. Hace las delicias de las más hambrientas cámaras fotográficas con pequeñas casitas pintadas con diferentes colores, dando un aspecto colonial y haciéndote olvidar por muchos momentos que te encuentras en una gran ciudad.

Bogotá, barrio de La Candelaria

Bogotá, Plaza de Simón Bolívar

Otra de las actividades imprescindibles en la visita a Bogotá es la mini-excursión al cerro de Montserrate, desde el cual disfrutas de unas vistas privilegiadas de Bogotá.

 Bogotá con Montserrate al fondo

La caminata la hice yo solo, ya que Ewe prefirió quedarse en el hostal trabajando en el blog y como siempre se debe hacer, en sí misma. El paseo es durillo, sobre todo si no estás acostumbrado al oxígeno disponible a 2500 metros, subiendo un desnivel de unos 600 metros a lo largo de poco más de 2 km. Pero la verdad que el paseo bien merece la pena, no sólo por las vistas, sino por el contacto con la naturaleza y por verte rodeado en todo momento por gente local que aprovechaba el domingo para ir de excursión con la familia.

 Bogotá, subida a Montserrate

 Bogotá, subida a Montserrate

Además del barrio de La Candelaria y la excursión montañera, aprovechamos el último día por Bogotá para ir a la zona de parques a dar un paseillo, y así poder evadir nuestra mente más fácilmente de la vida urbana. Nuestra intención era visitar el famoso parque de Simón Bolívar, pero tras alguna pequeña confusión en el sistema de bus y más de una hora para llegar, acabámos en otro parque que pillaba de camino y que era perfecto para nosotros, el parque de Los Novios. Lo que nos encontramos fue una grata sorpresa con un parque adornado con un precioso lago en su centro, pequeñas “cabañitas” rodeándolo con zona de barbacoa para poder reservarlas, lugares en los que volver a nuestra tierna infancia e incluso zonas que parecían sacadas de un cuento de gnomos.

Parque de Los Novios en Bogotá, descubriendo topos

Parque de Los Novios en Bogotá, momento infantil

 Parque de Los Novios en Bogotá
 
 Parque de Los Novios en Bogotá, visitando la casa de los gnomos

Tras la primera toma de contacto colombiana en Bogotá, nuestro siempre hambriente espíritu viajero nos pedía un lugar más tranquilo, una Colombia más local. Y tras numerosas sugerencias, creo que fuímos a parar al lugar perfecto, Villa de Leyva.

Se trata de un pueblo de los que en España diríamos, “de toda la vida”, pero con casitas renovadas destinadas a los más pudientes bolsillos colombianos. De los que la mayoría de mi quinta nos recuerda al pueblillo de nuestros padres en los que pasábamos interminables veranos en la más absoluta libertad.

 Villa de Leyva

Aparte de por el innegable encanto que posee Villa de Leyva, es conocida por contar con la plaza mayor más grande de todo Latino América. La verdad que cuando te cuentan esto antes de ir te esperas una plaza de dimensiones descomunales, aunque luego la realidad dista bastante... La plaza no deja de ser bonita a pesar de ello, y toda una delicia cruzarla en cada paseo por el pueblillo.

 Villa de Leyva, plaza mayor

La estancia en Villa de Leyva colmó todas las expectativas que teníamos en cuanto a tranquilidad, naturaleza, buena gente, buena comida... Todo ello ayudado por el hostal donde nos alojamos, la Casa Viena, un hostal-casa con apenas 4 habitaciones, donde el hecho de que el edificio sea propiedad de la familia que maneja el hostal, y que ellos mismo viven ahí, crea un ambiente familiar estupendo. Pudimos probar deliciosas arepas rellenas de cuajada preparadas a las 7 de la mañana por unas mujeres del pueblo, deliciosos menús del día típico colombianos a precios bajísimos, disfrutar de la compañía de los simpatiquísimos perros que forman parte de la población del pueblo, e incluso visitar una de las casas de barro más grandes que existen en el mundo.

Villa de Leyva, típico almuerzo colombiano

Villa de Leyva, casa de barro

 
Villa de Leyva, nuestro guía turístico durante una de las tardes

Además, por recomendación del personal de la oficina de turismo, fuimos a visitar un molino de maíz de hace más de 200 años, donde en la visita más que el molino, disfrutamos de unos jardines cuidados hasta el más mínimo detalle, y sobre todo, de una piscinita de agua natural, que aunque no nos pudimos bañar, pudimos mojarnos los piececillos y usar la inspiración de la naturaleza que nos rodeaba para filosofar un poco sobre la vida.

 Villa de Leyva, piscinita natural

Villa de Leyva, jardín del molino

Al final entre pitos y flautas estuvimos en Villa de Leyva un día más de lo previsto, y aún así con muchísima pena de cambiar el rumbo. Nuestro siguiente destino era Bucaramanga, dirección norte, donde nos esperaba una pareja de couchsurfers con los que pasar unos días. La verdad, el hecho de saber que alguien te espera en el siguiente destino facilita un poquito el abandonar un lugar con tanto encanto y paz como Villa de Leyva, totalmente recomendable en toda visita a Colombia. ¡Pssss! No se lo digáis a mucha gente que sino perderá esa calma... :-D De regalito final, os dejo unas fotos más del pueblo, el mejor homenaje que se puede hacer a este paraíso entre montañas.

Villa de Leyva

 Villa de Leyva, calle

 Villa de Leyva

"No se puede ser un auténtico científico sin emplear la imaginación más allá de lo establecido". Carlos González Pérez. “23 maestros, de corazón"

lunes, 3 de febrero de 2014

Resumen México, experiencias gastronómicas, sociales y naturales

42 días en nuestro primer contacto con el continente americano, 42 días descubriendo nuevos sabores, nuevos olores, 42 días encontrando por el camino gente maravillosa, 42 días conociendo realidades sociales, 42 días siendo recibidos con los brazos abiertos por la más pura naturaleza.

Como no fue la primera y no sería la última, la etapa mexicana se alargó un poquito más de lo esperado. Lo que en un principio era una ruta de 30 días empezando por Cancún, visitando Yucatán, llegando hasta DF, bajando a Acapulco, y volviendo a subir Yucatán, finalmente se convirtió en un viaje de casi mes y medio durante el cual nos dedicamos a recorrer Yucatán y Chiapas. Y es que cuando vienes de un país como España o Polonia, te das cuenta  de que en un país como México las distancias son enormes. Coges un mapa, buscas México, y empiezas a apuntar lugares que parecen preciosos a lo largo de todo el país, pero estando ahí te das cuenta que si quieres visitar con calma y saborear cada lugar, o te tiras unos meses de visita, o mejor centrarte en una zona y disfrutarla al máximo. Finalmente la ruta que hemos hecho por México ha sido esta:


Ver Vuelta mundo-México en un mapa más grande

Durante esta ruta hemos tenido experiencias, paisajes, gastronomía y personas de todo tipo. Hemos sido testigos del consumismo extremos que se vive en el país, sobre todo en lo que se refiere a comida, con puestitos de comida a cada paso, donde la protagonista es la carne extremadamente barata; igualmente hemos sido testigos del poco cuidad de la sociedad mexicana por su tierra, y no me refiero a la tierra en sentido figurado y nacionalista, sino a su tierra en el sentido más literal, con basura por muchos lugares no turísticos, personas tirando desperdicios por las ventanillas del bus como si fuese la cosa más natural... Pero también hemos aprendido que como en muchos lugares, en México casi siempre tienes una sonrisa esperándote, una casa con las puertas abiertas, una palabra amable con ese dulce acento mexicano repleto de graciosos diminutivos. Hemos disfrutado de la más pura y salvaje naturaleza en Calakmul, de regalos para las pupilas en forma de playas en Isla Mujeres, Tulum y Cozumel, de pueblitos colorido y coloniales sacados de un libro de cuentos en Campeche, Mérida y San Cristóbal. Y sobre todo, hemos vivido más de un mes con la compañía de la cultura maya, con su misticismo, sus peculiaridades, su sabiduría, la eterna pregunta de qué habrí pasado si todo ese conocimiento maya se hubiese preservado.

A continuación os pongo los enlaces o los post que he ido escribiendo durante la etapa por México:

1- El reencuentro de los caracoles viajeros y primeros días en el nuevo mundo paradisíaco
2- Primeros días por la colonial Mérida y reflexiones sobre la vida mexicana
3- Comenzamos el viaje por el mundo maya, una clase introductoria en el museo y ¡Chichen Itzá!
4- Seguimos por Mérida disfrutando los flamengos en Celestún y la historia maya en Uxmal
5- Fin de la etapa por Mérida, con sorpresas navideñas y musicales
6- ¡Bienvenidos a la burbuja turística! ¡Bienvenidos a Campeche!
7- Seguimos a los mayas por Palenque y a la naturaleza en las cascadas de Agua Azul
8- La más bella expresión de la naturaleza y el más cruel trato por el hombre
9- Visita a la Chiapas más indígena y a nuestro nuevo paraíso
10- Hablemos de educación, hablemos de algo diferente
11- Divertidos días rodeados de arañas y monos aulladores
12- Llegamos a Tulum, con la magia del mar Caribe y experiencias surrealistas
13- El mejor destino para finalizar la aventura mexicana, ¡la isla de Cozumel!

En cuanto al tema económico, en general las zonas que hemos visitado de México son algo más caras de que lo que estaba acostumbrado en los países visitados hasta ahora en el viaje. Por suerte, casi la mitad de la estancia en México hemos encontrado o couchsurfers o hemos encontrado con la gran hospitalidad de nuestro amigo Benjamin y su familia, lo que a nivel económico ayudó en gran medida. En cuanto a comida, si te alimentas en puestitos callejeros, y evidentemente eres carnívoro, puede salirte muy barata la cosa. Pero en general hemos intentado cocinar en los hostales, las casas, ¡aunque más de un capricho gastronómico ya nos hemos dado!



Aquí os dejo el detalle de los gastos, son calculado para una persona:

DURACIÓN DEL VIAJE: 42 días
DÍAS EN ALOJAMIENTO PAGADO: 21 días

GASTO TOTAL EN COMIDA:  301,13 €
GASTO DIARIO EN COMIDA: 7,17 € 

GASTO TOTAL EN TRANSPORTE: 193,72 €
GASTO DIARIO EN TRANSPORTE: 4,61 € 

GASTO TOTAL EN ENTRADAS, TOURS... : 137,11 €
GASTO DIARIO EN ENTRADAS, TOURS... : 3,26 €
 
GASTO TOTAL EN ALOJAMIENTO (21 días): 209,33 € 
GASTO DIARIO EN ALOJAMIENTO (21 días): 9,97 €

GASTOS SUBMARINISMO: 52,11 €

GASTO TOTAL EN MÉXICO (con submarinismo): 893,40 €
GASTO TOTAL EN MÉXICO (sin submarinismo): 841,29 €
 
GASTO DIARIO EN MÉXICO (comida+transporte+tickets+alojamiento+submarinismo): 21,27 € 

GASTO DIARIO EN MÉXICO (comida+transporte+alojamiento+tickets): 20,03 €

 
En resumen podemos decir que la etapa por México fue llena de experiencias de todo tipo, de contrastes, de aprendizaje sobre el mundo de los viajes mochileros en pareja, pero sobre todo, de introducción a una cultura latinoamericana que nos había dejado muy buen sabor de boca, y con muchísimas ganas de seguir explorando este apasionante continente.

Como siempre, pero de formas diferentes, dar las gracias a los actores que hicieron posible esta inolvidable experiencia por la tierra del tequila, los tacos, el guacamole... Muchísimas gracias a Kike, por dar un gran ejemplo de energía, sociabilidad, cariño y expresiones mexicanas; a David, quien sin su ayuda y su preocupación nuestra estancia en Campeche no habría sido igual; a Benjamin y su familia, la hospitalidad en su más puro significado; a las arañas de Calakmul, por hacernos apreciar aún más el lugar que todas las criaturas tenemos en este planeta; al personal del hostal de Tulum, por darnos grandes lecciones de cosas a evitar durante un viaje; a Tina y Adolfo, por hacernos sentir en su casa-hostal como una familia, y al resto de personas, bichos, lugares, alojamientos... ¡MUCHÍSIMAS GRACIAS!


"La distancia está para ser vivida, no para ser recorrida con toda rapidez y con la mente sólo fija en el punto de llegada", Carlos González Pérez. "23 maestros, de corazón"