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miércoles, 11 de diciembre de 2013

Agradables sorpresas en Aswan y una visita solitaria a Abu Simbel

Había pasado 8 fantásticos días por Luxor, conociendo gente maravillosa y visitando lugares increíbles. Sin embargo, el bullicio de la ciudad, el acoso de los vendedores... notaba que me hacía falta algo diferente, algo que en cierta manera "limpiase" todo ese ruido, y Aswan me entregó el regalo perfecto en forma de isla, la Isla Elefantina.


Isla Elefantina

La Isla Elefantina está pegadita a Aswan, a menos de 2 minutos en ferry. Es conocida por que en ella hay restos arqueológicos del Antiguo Egipto, y un par de poblados nubios, antigua cultura procedente del norte de Sudán y sur de Egipto, que ha perdurado con los años. Y personalmente, isla famosa por la tranquilidad de pasear entre palmeras, disfrutar de la amabilidad de sus habitantes, y asistir al espectáculo de color de las casas nubias.

Isla Elefantina, casa nubia

Isla Elefantina

Isla Elefantina

Y es que el pueblo nubio, se caracteriza no sólo por una lengua y costumbres propias, sino sobre todo por la simpatía de su gente, con los brazos abiertos ante nuevos visitantes curiosos, y el colorido de sus casas. Un claro ejemplo de que a pesar de vivir con lo básico, de no tener electricidad, alimentarse con el autocultivo, en condiciones no del todo higiénicas... siempre puede haber hueco para la alegría y la imaginación necesarias para transmitirlas a través de colores y dibujos en las fachadas de sus casas.

 Isla Elefantina, casa nubia

Isla Elefantina, casa nubia

Al día siguiente de la visita a la Isla Elefantina, tenía planeado visitar el famoso Abu Simbel, a 3 horas de Aswan, con los templos construidos por Ramses II. Para organizar la visita, pude comprobar una vez más que Egipto no es un país muy "cómodo" para viajar en plan libre, a lo que evidentemente el idioma y la escritura totalmente diferente no ayuda... En Internet había leído que lo habitual es visitar Abu Simbel contratando un tour, y salir a las 3:00 AM con un convoy de turistas protegido por la policía. Pero con el bajo turismo que sufre en estos momentos Egipto, no había convoy ni nada parecido. Aunque por un lado me alegré de ello, ya que así no me quedaba otra forma que intentar llegar a Abu Simbel en transporte público, ya que la alternativa de contratar un taxi para mi solito, como que no... demasiado fácil... :-D Pregunté  en el hotel sobre opciones para ir en transporte público, y me dijeron que había un minibus que sale a las 8:00, pero que hay días que sale y otros que no, algo habitual en Egipto... Como no quedaba otra opción, a las 7:00 me presenté en la estación de minibuses de Aswan, y empecé a preguntar por alguno que fuese hacia Abu Simbel, y ¡bingo!, justo había uno que estaba esperando a llenarse para ponerse en marcha. Así que sobre las 8:15, minibus llenos, asiento super incómodo, 25 LE por el ticket (unos 3€), y rumbo a Abu Simbel. Para volver de Abu Simbel hacia Aswan ya tendría tiempo de preocuparme... jeje

Al llegar a la entrada del lugar arqueológico de Abu Simbel, el panorama era algo desolador. Decenes de tiendas cerradas, y apenas con la presencia del vendedor de tickets y un par de locales más... Y yo el único turista, en el lugar más famoso de Egipto después de las pirámides de Egipto... No deja de ser increíble la sensación de estar visitando sólo Abu Simbel, con los templos para ti solito, pero es triste ver como un país como Egipto, que depende en gran medida del turismo, está viviendo esta situación por los motivos que ya sabemos...

En fin, en cuanto a la visita, qué decir de Abu Simbel... ¡espectacular! Está formado por dos templos, uno dedicado a la esposa de Ramses II, Nefertari, y el otro más grande dedicado a Ramses II. Ambos templos fueron construidos directamente sobre dos montañas cerca del lago Nasser, pero la continua crecida del lago hizo necesario que en 1960 se desmontasen los templos piedra a piedra, se contruyeran 2 montañas artificiales en su ubicación actual, y se volviesen a montar los templos, una gran obra de ingeniería.

Abu Simbel, templo de Nefertari y Ramses II

Sobre todo impresionante el templo de Ramses II, con los 4 grandes colosos con su figura intimidando al visitante al entrar al templo. Y es que ese era el objetivo de Ramses II al construir semejantes esculturas, amedrentar a cualquier enemigo que se acercase a tierras egipcias por la zona sur al encontrarse con la entrada del templo.


Abu Simbel, templo de Ramses II

Tras un par de horas de visita, tocaba volver a Aswan, aunque no sabía cómo. Lo mejor en estos casos, volver al punto donde a la ida me había dejado el minibus y preguntar. Y mira por donde, ahí estaba el mismo minibus esperándome para poner rumbo hacia Aswan. Fue llegar, montar, y en 15 minutos salió, ¡así da gusto! El universo, como siempre, actuando de espejo reflejando la energía positiva. :-D

Para el último día en Aswan, antes de viajar hacia El cairo, me reservé una visita a la isla Kitchener, muy cerquita de Aswan. En la isla Kitchener se encuentra el jardín botánico de Aswan, y no podía dejar escapar la oportunidad de pasar una mañana paseando por una isla habitada por especies vegetales de decenas de rincones del planeta.

Isla Kitchener

Isla Kitchener 

Isla Kitchener




Fue muy agradable la visita, paseando, leyendo, un par de quiebros para evitar a los vendedores, regateos para conseguir una barca que me llevase a la isla y me esperase para volver... Y es que Egipto es un lugar ideal para disfrutar no solo de visitas concretas a un lugar, sino de todo lo que implica llegar a ese lugar.


Con esto se acabó la estancia en Aswan, que significó una agradable sorpresa en el viaje. Antes de llegar, me esperaba otra ciudad al estilo Luxor, calles abarrotadas, muchos vendedores... Y me encontré con una agradable ciudad en la que descubrir paradisíacas islas y en la que disfrutar cada tarde de increíbles atardeceres sobre el rio Nilo. Sí... ya sé que ya he puesto fotos de unos cuantos atardeceres, ¡pero es que me encantan! Cada uno es un momento mágico en el viaje...

Aswan, atardecer

Después de Aswan, tocaba coger la mochila y encaminarnos hacia El Cairo, ¡último destino en Egipto! Qué rápido pasa el tiempo cuando se está haciendo lo que de verdad te hace feliz... Mi intención era ir en tren, ya que el viaje me habían dicho que era de unas 20 horas, y si tenía que ir en bus podía hacerse muuuuy largo. Pero el tema del tren en Egipto funciona de alguna manera que si no tienes sangre egipcia creo que es imposible de enterarse, porque al ir a comprar los billetes me dijeron que hasta dentro de 7 días no quedaban... Así que no quedaba otra opción que el bus, y según me dijeron al comprar el billete, 24 horas de viaje, ¡buen entrenamiento para los largos desplazamientos en bus que nos esperan por Sudamérica! En El Cairo había conseguido alojamiento en casa de un couchsurfer, con el que quedé en encontrarme al llegar a El Cairo, peeeero... eso mejor lo dejamos para el siguiente post, ¡que si os cuento todo ahora os acostumbráis demasiado bien! :-P

"Cuando sientes rabia hacia alguien te castigas a ti mismo por las faltas del otro." Gautama Buda

martes, 10 de diciembre de 2013

Alrededores de Luxor y cambio de destino, ¡Aswan!

¿Alguna habéis vivido un momento mágico, de esos que parecen insignificantes a ojos externos pero que queda grabado en tu interior? ¿Alguna vez habéis ido en contra de lo que os decían para finalmente descubrir que tomásteis la mejor decisión? Ejemplos como estos me han pasado en los últimos días por Luxor y con la llegada a Aswan. Para conocer los detalles, ¡a seguir leyendo!  :-D


Los últimos días en la acogedora Luxor los dediqué a visitar un par de templos cercanos. El primero el templo de Denderah, a unos 60 km al norte de Luxor. Aunque quizás penséis que visitar tanto templo, tanta tumba... puede llegar a aburrir, la verdad que el hecho de que cada lugar tenga sus características propias, aunque sean detallitos, hace que merezca la pena cada visita. En el caso del templo de Denderah, dedicado a la diosa de la feminidad, el amor, la diversión y la música, Hathor. ¡Ya sólo por lo que representa la diosa a la que está dedicada el templo hace que sea una delicia la visita!


 En el templo, destaca su sala hipostólica formada por magníficas columnas con muy detallados dibujos y jeroglíficos, coronadas con el rostro de Hathor, aunque como suele ser habitual, todas las caras han sido destruidas por posteriores ocupantes pertenecientes a otras religiones.

Templo de Denderah, diosa Hathor.

Templo de Denderah, sala hipostólica

Templo de Denderah, columna de la sala hipostólica

Otra de las características que más llama la atención de Denderah, es el techo de la sala hipostólica, increíblemente conservado, lleno de color, de detalles de la cultura egipcia, creo que por ello acabé que un ligero dolor de cuello... :-D

Templo de Denderah, techo de la sala hipostólica

Aparte, por una pequeñita propina, como suele ser habitual, el guarda del templo se ofrece muy amablemente a abrirte el acceso cerrado a la cripta y al tejado del templo, por 5 LE (unos 0,55 €), merece la pena sumergirte en las profundidades de la cripta (no apto para claustrofóbicos), y cautivarte con el ambiente de misterio que envuelve las escaleras para subir hacia el tejado.

Templo de Denderah, escaleras

Templo de Denderah, cripta

Ya como último templo, y no por ello menos bonito, el templo de Edfu. Suele ser destino habitual durante los viajes en barco que son muy populares entre Luxor y Aswan, pero el presupuesto no da para esos lujos... Así que a la manera local, cogí el tren y en menos de 2 horitas hacia el sur de Luxor ya estaba en Edfu. Y es que viajando de esta manera, intentando coger trenes locales, buses... personalmente no sólo disfruto de la experiencia de visitar un templo, sino la experiencia de arreglármelas para conseguir un billete, saber qué tren coger, saber orientarme una vez llegado al destino... Ya sé que por unos 10€ que me podría costar un taxi, que incluso me esperaría mientras hago la visita al templo, me ahorraría todas esas "molestias", ¡pero la verdad es que me encantan! De esta manera cada día tienes nuevas incertidumbres: "¿Será este el tren correcto? ¿A qué hora será el tren de vuelta? ¿Habrá tren de vuelta? ¿Seguro que esta calle por la que sólo hay basura y un par de perros vagabundos es la correcta para llegar al templo?"...jiji

Bueno, dediquémonos al templo en sí...En este caso está dedicado al dios halcón Horus,  dios de la guerra.


Templo Edfu, patio principal

Como en la mayoría de sitios que estoy visitando, estoy teniendo el privilegio por una parte de ser prácticamente el único turista, lo que te permite disfrutar con total tranquilidad del lugar, que en las fotos no salga otra gente y tener esa sensación de autenticidad al ser la única persona. Aunque por otro lado, es triste ver como la mayoría de tiendas que rodean los templos están cerradas, con la consiguiente falta de trabajo para muchísimas gente...

Sobre el templo de Edfu, más que comentar los detalles del edificio, me gustaría centrarme en un hecho que me pasó mientras lo visitaba. Como ya os he comentado, en la mayoría de sitios turísticos de Egipto, necesitas grandes dosis de paciencia para llevar de buena manera las continuas ofertas de los locales, intentando venderte cosas o explicarte cualquier cosa del lugar que estás visitando para ganarse una propina. Además, si eres el único turista en el lugar, todas las miradas y acosos se centran en tí. En Edfu, aparte de un par de señores intentando explicarme cosillas del templo en árabe para ganarse la propina, había una niña que continuamente me ofrecía unas pulsera para vender. Durante el viaje intento no comprar este tipo de cosas, porque sino poco a poco el peso de la mochila hará que la incliniación de mi espalda sea antinatural... Después de varias negativas a esta niña sobre comprar una pulsera, mientras me senté a comer algo, le regalé un paquete de galletas, el cual aceptó con una gran cara de alegría y asombro a la vez. A los 5 minutos, se me acercó de nuevo la niña, me ofreció una pulsera, y me dijo: "Para ti, te la regalo por haberme regalado las galletas que están muy buenas.". No fue sólo un gesto de intercambio de objetos, para mí fue algo mucho mayor, un intercambio de sinceridad, de unión, de amor. En un país en el que ves que hasta muchos niños están corrompidos por intentar aprovecharse de los turistas, un gesto así te hace ver que dentro de cada persona nunca se apaga esa luz que nos une a todos de forma incondicional, esa luz que nos hace a todos únicos, pero a la vez parte de un todo en el que todos jugamos un gran papel.

Tras este inciso que quería compartir con vosotros, se acabó la gran etapa por Luxor. Podría haberme quedado varios días más, simplemente estando, rodeado de buena gente y un gran ambiente, pero nuevos lugares y nuevas personas esperaban por el camino. Así que después de 8 inolvidables días por Luxor, me despedí de María y Sayid, los dueños del hostal, y puse rumbo a Aswan, al sur de Egipto.

María me había comentado que Aswan no merecía mucho la pena, que es sucia, no tratan muy bien al turista... Pero soy de la opinión que la mejor manera de formarse una opinión es viendo la cosas con tus propios ojos, de lo contrario ni habría venido a Egipto y me estaría perdiendo todas las grandes experiencias que me está regalando el país. Así que al llegar a Aswan, la sensación fue todo lo contrario, aunque evidentemente también hay gente intentando sacarte el dinero como turista, el agobio en ese sentido es mucho menor que en Luxor. El paseo a lo largo del rio Nilo es una delicia, los atardeceres son cada día un espectáculo de colores, el bazar es una aventura de olores, sabores, sonrisas... Y si además desde la habitación del hostal tienes unas vistas así, ¡está claro que la estancia en Aswan promete!

Atardecer en Aswan desde el hotel Memnon

Pero dedicaremos otro post para centrarnos en Aswan, ya que la ciudad da mucho de sí como para compartirlo con Denderah y Edfu...jeje. Como final de post, os dejo una foto que saqué en Edfu mientras esperaba al tren, toda una expresión de dulzura, ternura, paz...

Niña dormida en Edfu

No hagas a nadie responsable de tu felicidad,  simplemente sé feliz dando amor.