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domingo, 10 de agosto de 2014

Salta, una región maravillosa por su capital y paisajes, ¡pero muy difícil de abandonar!

Para aquellos que tenga ya algún problemilla de memoria, recordemos que nos habíamos quedado en Humahuaca, pueblito encantado que nos sirvió como primer aperitivo de lo que Argentina se guardaba para ofrecernos. Desde Humahuaca, hicimos una breve parada en San Salvador de Jujuy, la capital de la provincia de Jujuy, donde pudimos disfrutar de la primera experiencia de couchsurfing en Argentina, gracias a nuestro nuevo amigo Matías. Apenas pasamos 24 horas en la ciudad, ya que para nuestros ojos, fue simplemente eso, una ciudad con todo lo que ello conlleva. Pero en ese poco tiempo, si que nos quedó marcado el buen trato que Matías nos dió, con quien junto a sus amigos nos lo pasamos de lujo por la noche entre bromas y fernet, y con quien pudimos de nuevo comprobar que la buena conexión con una persona no es cuestión de tiempo, sino de afinidad, respeto y muchas sonrisas sinceras.

Ya desde San Salvador  de Jujuy, sí que pusimos rumbo a Salta, la ciudad que nos acogería durante los 6 próximos días. Nada más llegar al terminal de bus de Salta entradita la noche, nos esperaba el protocolo habitual de nuevo destino, mochilas a la espalda, y a patear para buscar alojamiento. Pero esta vez el destino nos tenía preparada una alfombra roja a la llegada. Al bajar del bus, un chico nos ofrece habitación en un hostal, del cual ya habíamos oído buenas referencias, por un precio decente, incluyendo desayuno, cena, y el transporte en taxi hasta el hostal, sin compromiso... ¡Mmmmhhh! Quizá en Perú o Bolivia hubiésemos sospechado de tan suculenta oferta, pero... ¡qué leches! Estamos en Argentina, demos el primer voto de confianza. ¡Y qué gran acierto! Vale que al llegar al hostal Exxes no tenían habitaciones privadas disponibles, pero el buen rollo que se respiraba, la cálida bienvenida que nos dió la chica de recepción, y bueno, que sabíamos que tarde o temprano en Argentina nos tocaría dormir en dormitorio compartido por el tema de los precios, no lo dudamos mucho y ahí establecimos el campamento base.

La primera noche que llegamos, contagiados por el buen ambiente del hostal, salimos con un ánimo y buena energía como hacía tiempo no sentíamos nada más llegar a un lugar. Ya en esa primera toma de contacto nocturna, la cual no hizo sino mejorar al día siguiente, nuestros ojos fueron obsequiados por una ciudad tranquila, acogedora, con una plaza central, denominada 9 de Julio en honor a la fecha de la independencia de Argentina, considerada con todo merecimiento como una de las más bellas de Sudamérica, ¡y eso que en ese momento por desgracia estaba en obras!

Estatua de Juan Pablo II junto a la catedral de Salta

Zona de la plaza 9 de Julio

Alrededores de la plaza 9 de Julio

Alrededor de la plaza 9 de Julio, se encuentran algunos de los principales edificios de la ciudad, como el Museo de Arqueología de Alta Montaña, la catedral rosada, toda una belleza, o el Centro Cultural América. Y todo ello, adornado con preciosos pórticos que contienen los restaurantes y cafeterías más exclusivos de la ciudad.

Pórticos alrededor de la plaza 9 de Julio

Catedral rosada de Salta

Centro de Cultura América de Salta


Pero si la ciudad de Salta tienen un lugar específico que sea el principal atractivo, al menos por la cantidad de personas que nos recomendaban visitarlo, es el cerro de San Bernardo, una pequeña cima que bien caminando o en teleférico ofrece unas bonitas vistas de la ciudad. Pero mira, parece que esos días nos entró la vena rebelde, y entre que un día intentamos subir y había una cola increíble en el teleférico, y que preferimos disfrutar más de la ciudad entre sus calles que sobre ellas, al final dejamos en la cuenta de "pendiente" lo de subir. Sin embargo, lo que para nosotros sí que fue la gran estrella de la ciudad fue un pequeño paraíso vegetariano conocido como "Chirimoya". Un restaurante donde cada día te ofrecen 5 platos, la mayoría diferentes cada día, escritos a mano en la pared con bonitas y artísticas letras, con unos licuados para llorar cuando se acababan, y una comida que ufff.... Sólo recordarlo y empiezo a salivar. De verdad, en estos casi 10 meses de viaje, uno de nuestros principales paraísos gastronómicos.

Restaurante vegetariano Chirimoya en Salta

Milanesa de berenjena, ¡melodía para el paladar!

Por si a alguno aún no le ha entrado hambre, aquí va una de tacos vegetarianos.

Pero la provincia de Salta no sólo vive de su capital, ni mucho menos. En sus alrededores, sin tener que irse muy lejos, contiene pequeños paraísos que son la delicia de amantes de la tranquilidad y la naturaleza como nosotros. En este sentido, la descripción que nos dieron de Villa San Lorenzo, como un pueblito con pequeñas casas, con mucha naturaleza y un arroyo donde la gente va a pasar el día en familia, fue una golosina que no pudimos rechazar. Creedme, que después de varias semanas siempre rodeados de los secos paisajes andinos, que también tienen su encanto y belleza, uno llega a echar muuuucho de menos los tonos verdes y el olor a hierba, ¡que se note que he crecido en el País Vasco! jeje. La verdad que Villa San Lorenzo era justo lo que necesitábamos. Tal y como nos habían dicho, un lugar de retiro, donde ir a pasear entre sus escasas calles, sus casitas, y sentarte junto al río en compañía de otras personas que escapan de la vida urbana, donde se nota que eres extranjero si no llevas en una mano la bombilla con la yerba mate y en la otra el termo con el agua caliente.


Paseo a lo largo del río en San Lorenzo

Y como última gran experiencia que vivimos en Salta, y no por ello, ni mucho menos, la menos bella, fue el concurrido tour por la Quebrada de Cafayate, ¡toda un joya natural! A medida que paseas por la zona centro de Salta, ves que no son pocas las agencias turísticas que ofertan el tour a la quebrada de Cafayate. Como ya sabréis los que nos seguís habitualmente, solemos tratar de visitar las cosas por nuestra cuenta, y así no estar condicionados por un guía y un grupo atados a horarios. Sin embargo, en este caso, como la visita a la quebrada implica parar en diferentes puntos clave, la opción de transporte público o autostop no la veíamos del todo clara, así que esta vez fuímos dos turistas cómodos más...jeje.

La Quebrada de Cafayate, también conocida como Quebrada de las Conchas, está situada a lo largo del camino que une la ciudad de Salta con Cafayate, en el Valle de los Calchaquíes, un valle de más de 500 km, famoso por su gran belleza y por se habitada en sus orígenes por los indios calchaquíes.  Pero lo que hoy en día hace tan concurrida la quebrada, es por supuesto sus paisajes únicos en tonos rojizos, y por encima de todo una serie de formaciones rocosas creadas por la imaginación de la naturaleza usando la erosión como cincel para elaborar las esculturas conocidas como el Anfiteatro, la Gargante del Diablo, el Sapo, el fraile...

Con las fotitos que habíamos visto y lo que nos habían contado, la excursión de aquel día prometía mucho, tanto que no nos importó madrugar más de lo habitual para estar puntuales a la furgoneta que nos venía a buscar, a pesar de que el guía se hizo bastante lío y fue a buscar a algunos antes de la hora prevista, y a otros más tarde...

Así que ya todos reuniditos en la furgoneta, la mayoría de gente tratando de calentarse mate en mano, comenzamos la ruta del día. Tras hacer una parada técnica para tomar un cafecito y los mejores alfajores hasta la fecha, ya comenzamos la aventura por la quebrada.

Panorámica de la Quebrada de Cafayate

La Ruta 68 que recorre la quebrada

Aunque, por tema de gustos personales, y supongo que porque los dos hemos crecido en tierra de bosques y prados, solemos disfrutar más de la naturaleza de tonos verdes, en este caso, los colores rojizos, las rocas moldeadas por el viento, la arena y el agua, la profundidad del paisaje, lograron mostrarnos una vez más que no sólo existe la naturaleza compuesta por animalitos, hierba, grandes árboles... Sino que todo lo que existe en el mundo, evitando la mano del hombre, es naturaleza, toda ella necesaria, equilibrada y perfecta.

Formaciones rocosas de la quebrada

Los caracoles en la quebrada

Como he comentado antes, a lo largo de la quebrada, existen diferentes hitos en forma de formaciones rocosas curiosas, que sirven de hervidero y punto de aglomeración de las decenas de furgonetas que salen cada mañana desde Salta para hacer el tour. Cada figura natural es diferente, única, ya que la naturaleza no entiende de moldes y repeticiones, pero con merecida fama, hay dos esculturas, o más bien recintos naturales, que destacan por su tamaño y por la impresión que causan al acercarte a ellos, como son la Garganta del Diablo y el Anfiteatro. La primera de ellas, salvando muuuucho las distancias, me transportó a unos meses antes, a la joy de Jordania, Petra, ya que me recordó a la zona del As-Siq, la garganta a través de la que accedes a Petra. En este caso, la Garganta del Diablo es más cortita, con no tanta historia, y con las formas de las paredes menos estilizadas, pero aún así no deja de ser impresionante, y darte cuenta que las esculturas más impactantes suelen carecer de la acción humana.

Entrada a la garganta

Entrando a la garganta

Parte final de la garganta

Y en cuanto al Anfiteatro, como su nombre bien indica, se trata de un espacio semiabierto con forma circular, un espacio con una acústica iincreíble, bien aprovechado por algún músico que aparte de ganarse un dinerito, creaba con su quena y su zampoña un ambiente mágico, en el que cerrabas los ojos, dejándote sumergir por la música que llegaba a tus oídos tras rebotar decenas de veces en las paredes del escenario natural. En este caso, más que un lugar impresionante par el ojo, lo es para el oído y para el Ser que todos llevamos en lo más profundo, por ello, os recomiendo si queréis apreciarlo de verdad, no quedaros sólo con estas fotos, sino visitarlo.

Mezzosoprano a la entrada del anfiteatro

Trobador a la entrada del anfiteatro

 Interior del anfiteatro

Y tras la entretenida excursioncilla por la Quebrada de Cafayate, que si baja de la furgoneta para ver un hito, que si sube, que si vuelv a bajar... Bien nos habíamos ganado un descansito, y qué mejor que en el lindo pueblo de Cafayate, uno de los principales destinos turísticas del norte de Argentina, no sólo por la ya famosa quebrada, sino además por sus vinos, de tipo torrontés. Por lo que en todo tour a Cafayate no puede faltar la visita a una o varias bodegas y la degustación de sus conocidos vinos. Uno que no es muy entendido en la materia, sí que puedo decir que de los vinos que he probado españoles (Rioja, Penedés...), o italianos, los que nos dieron a probar en la desguación en Cafayate, si me dicen que es un Don Simon en botella más o menos me lo habría creído, y eso que si tiene un mínimo de ojo comercial, nos darían a probar lo mejorcito de su bodega... ¡Pero sin ánimo de ofender eh! Que como os digo, uno no tiene el paladar muy desarrollado para la uva...

 
Una de las bodegas

Museo de una de las bodegas

Algunos de los vinos que degustamos

Futura modelo para campaña vinícola

Futuro experto en mirar vasos

Con todo esto, y tras comernos los bocadillos, unos alfajores de postre, y darnos una vueltecita por Cafayate, pusimos fin a la gran jornada natural y vinícola. De vuelta a Salta, con una cabezadita en la furgoneta de por medio, y a prepararse para el día siguiente poner rumbo al siguiente destino. Dejábamos así un lugar que siempre recordaremos, empezando por un hostal que tanto su personal como la cantidad de huéspedes con los que pudimos charlas, (chicas de Mondragón, músicos paraguayos, colombianos, argentinos...), al igual que las experiencias que Salta nos ofreció, hicieron de esos días un gran soplo de aire fresco, buena energía y una ganas enorme de seguir devorando lugares y kilómetros en Argentina. ¡Cómo me gusta este país! :-D

¡Un abrazo!

"La vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa.". Albert Einstein, científico alemán.

sábado, 22 de marzo de 2014

Para los amantes del café... ¡Salento sería vuestro paraíso!

¿Jugamos a las adivinanzas? Yo os digo una serie de frases, y tenéis que adivinar qué relación tienen entre ellas: arábica, colombiano, Juan Valdés y su burrito, ese olor que cada mañana logra que tus sentidos comiencen a despertarse, esa excusa para hacer un descansito en el trabajo (a veces la principal motivación para ir...), cortado, con leche, capuccino, expresso... Bueno, no creo que hagan falta más pistas, en este post nos adentramos de lleno en una de las señas de identidad de Colombia: ¡EL CAFÉ!

Como ya os conté en el último post, nos encontrábamos en la región conocida como el Eje Cafetero, donde se concentran la mayoría de plantaciones cafeteras, y en mi opinión, los más bellos paisajes naturales y personas que te puedes encontrar en el país. Y dentro de esta zona cafetera, Salento es uno de los destinos más encantadores de los que hemos podido conocer. Para viajeros de nuestras características, que somos más de pueblecitos pequeños, con encanto, con gente amable, donde por ir a tomar algo a un bar ya te tratan como uno más del pueblo de toda la vida, donde con una excursión de apenas un par de horas te sumerges en la naturaleza... Por todo esto, el pueblo de Salento se convirtió en toda una delicia para nosotros, tanto para la vista como para el paladar, gracias a sus típicos patacones.

Calle principal de Salento 

Puerta de entrada en Salento 

Patacón mitad con hogao mitad con champiñones

Sin embargo, el primer día en Salento estuvo protagonizado no por este encanto rural, ni por las sonrisas de sus habitantes, ni siquiera por la belleza de sus paisajes, sino por cierta sensación de que algo iba a pasar, de que algo sería inevitable, de que te gustaría que las horas se alargasen, como cuando estás comiendo ese helado que tanto te gusta y deseas que nunca se acabe... Aquel primer día en Salento lo pasamos con John y Jhonatan, nuestros queridos amigos que conocimos en Manizales, pero a su vez significaría nuestra despedida de ellos, la cual haciendo honor a su fama de buenos papis, no se produjo hasta que se aseguraron que encontrábamos un hostal en el que nos sintiésemos a gusto. Fue una despedida temporal, seguro, ya sea en esta vida o en alguna otra, sólo es cuestión de que volvamos a estar bien atentos para reconocernos.


Ewe con Jhonatan y John en el mirador de Salento

 El caracol con Jhonatan y John


El precioso hostal "La montaña" en Salento


Aparte de por estar situado en el corazón del universo cafetero, Salento es conocido por la habilidad artesana de sus habitantes a la hora de crear bisuterías, ropa o complementos. Lo que es lo mismo... ¡fue muy difícil no arruinar el presupuesto del viaje y nuestras espaldas cargando con bolsos, jerseys, pulseras, collares, figuras...! sobre todo a una mochilera polaca que suele ir a mi lado, jeje. Y no era para menos, artesanías llenas de colores, de originalidad, de manos pacientes, de precios más que atractivos, y expuestas en tiendas montadas con mucho cariño, que hacían que cada vez que entrases en una viajases hacia un nuevo mundo.

Tiendita de artesanias en Salento 

Cafetería en Salento, con una antigua cafetera a la derecha


Una de las actividades que llevaba tiempo en la lista de los "DEBE" en Colombia era la visita a una plantación cafetera, muy populares en el Eje Cafetero, pudiendo encontrar desde grandes haciendas que te preparan un tour a todo lujo, casi tatuándote la cara de Juan Valdés y su burro en el brazo, hasta pequeñas plantaciones donde el propio dueño te muestra por unos pocos pesos su trabajo del día a día. Para nuestra preferencia de las experiencias más familiares y cercanas, la segunda opción era la ideal, y cerca de Salento había una buena oportunidad, la finca de don Elías. Se trata de una pequeña finca a la que se llega tras una amena excursión de 1 hora a pie, amena sobre todo porque ese día llovió a cántaros y pasamos de tratar den no manchar nuestras botas con apenas una gota de barro, a meter los pies por completo... Pero merece la pena por los paisajes cafeteros que cada pocos pasos te encuentras por el camino.


Paisajes durante la ruta cafetera

 Además, ¡en el trayecto encontramos un restaurante vegetariano! En un pueblito enano, en un camino en medio de la nada, encuentras gente preocupada por su bienestar interior, el de otras personas y el de los animales, ¡increíble! Así que tras cuidar nuestros paladares con unos deliciosos platos a base de los productos que nuestra generosa tierra nos regala, llegamos a la finca de don Elías, un simpatiquísimo señor cuya vida siempre ha girado en torno al café, y caracterizados al más puro estilo cafetero.

Entrada a la finca de don Elías 

Con don Elías y su nieto

De la visita a la finca se encargó su nieto, el cual por tradición familiar a heredado la pasión por el buen gusto hacia el cultivo del café. Nos habló acerca de la existencia de diferentes especias de granos de café, desde los granos de café arábica, hasta el colombiano o el robusto típico de África; sobre la idoneidad de las características geográficas y climatológicas de Colombia para su cultivo, o sobre las marcas de fama mundial que según su opinión se merecen el calificativo de buen café, (de marcas vendidas típicamente en España mejor ni hablar, incluído los famoso nespresos). Aunque como gran ejemplo de la unidad existente en el universo, se utilizan otras especies vegetales como el árbol de yuca para evitar corrimientos de tierra, árboles frutales para evitar plagas o el árbol de banano para que gentilmente ofrezca sombra a las plantas cafeteras, como una orquesta, cada plantita con su instrumento y su función.


Granos de café arábica


Una vez recogidas las semillas del café, lo cual se realiza dos veces al año, éstas pasan por una máquina conocida como despulpadora, la cual se encarga de retirar la piel exterior para quedarse sólo con el grano, el cual se fermenta durante 24 horas para pasar luego al secado. Una vez sequitos los granos, se realiza el último e importante proceso de tostado, el cual en el caso de las exportaciones se hace en el destino, ya que en función del tiempo de tostado el café adquirirá un sabor más o menos fuerte. Que po cierto, del considerdo café colombiano de calidad, en el país apenas se queda un 20%, siendo el resto exportado a países occidentales, mientras que del café colombiano de menor calidad, ese sí que no interesa tanto y se queda el 50% en Colombia... La historia de América Latina se repite una y otra vez... Y una vez tostaditos los granos, ¡voilá! ¡Ya tenemos el famos grano de café colombiano! El cual puedo dar fe desprende un olor que incluso a un poco fanático del café como yo te hipnotiza.


A la derecha, el grano sin tostar, y a la izquierda ya tostado listo para moler


Tras esta sensorial experiencia, dejamos para el día siguiente realizar la excursión a uno de los parajes naturales más famoso de Colombia, el Valle de Cocora, conocido por cobijar entre sus terrenos a una especie de árbol única en todo el mundo, la palma de cera, uno de los árboles más altos del mundo (hasta 60-80 metros) y declarado "árbol nacional de Colombia", hoy en día a todo se le da un título honorífico...jeje

Palma de cera en el Valle de Cocora

La excursión por el Valle de Cocora, no consiste sólo en quedarte con la boca abierta ante las palmas de cera, sino admirar paisajes preciosos, únicos, de esos que al menos un servidor, es incapaz de capturar su belleza con una simple foto. Justamente unas horas antes recibí un mensaje de un amigo que me preguntó si durante el viaje había encontrado algún paisaje tan bonito como los que habíamos visto durante una ruta de varios días por el Pirineo catalán, pues no sé si lo superará ya que las características son diferentes, pero esa sensación de amor hacia la naturaleza, de que el mundo es un gran regalo que muchas veces no apreciamos ni cuidamos, y de que nuestra verdadera esencia está en el contacto con la naturaleza, la volví a sentir ese día, por primera vez desde aquella experiencia en los Pirineos.


Paisajes en el Valle de Cocora

Aunque la excursión fue algo durilla, sobre todo porque el camino estaba lleno de barro y en ocasiones se hacía difícil no hundirte a los caballo de Atreyu en "La historia interminable", la ya habitual compañía de un perrito que encontramos por el camino, y el premio de llegar hasta la finca de Omar, conocida como Acaime, en la que tras una durilla subida, te obsequia con una merecida agua-panela con queso, la compañía de unos preciosos colibrís, y en nuestro caso, una amena charla en la que nos contó sobre sus experiencias con los turistas, sobre todo con argentinos e israelíes, según él aficionados a marcharse sin pagar...jeje


Colibrís en la finca de Omar

Ewe con Omar

Entre unas cosas y otras, nuestra estancia en Salento fue un gran bálsamo para llevar mejor la reciente despedida de nuestra querida Manizales, y aumentar aún más nuestro ya declarado amor hacia Colombia, por su variada naturaleza, su encanto, sus pueblecitos, y sobre todo por su gente. Ahora pienso en todas las cosas que se dicen desde la ignorancia y la distancia sobre este país, y no puedo más que reir... Por mi experiencia personal, nunca el pasado fue tan injusto hacia la belleza y el amor de un pueblo.

"¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio" Albert Einstein

jueves, 23 de enero de 2014

Visita a la Chiapas más indígena y a nuestro nuevo paraíso

Segundo día disfrutando de la compañía y hospitalidad de Benjamin y su familia en Tuxtla Gutiérrez. Como sabéis, el primer día era difícil de superar tras quedarnos con la boca abierta durante la excursión por el Cañón del Sumidero, pero en esta ocasión el día fue igualmente inolvidable de nuevo gracias a nuestro "guía" Benjamin.

La primera parada del día fue un pequeño pueblo situado entre las montañas de los Altos de Chiapas, un pueblo rodeado de misterio, de leyendas. Habíamos oido sobre este lugar que en su iglesia se celebran rituales religiosos tan antiguos como de los tiempos pre-hispánicos, desde sacrificios de gallinas hasta absorción de malas energías a través de huevos Un lugar habitado por una comunidad indígena de tzotziles llamada los chamulas, que había conseguido mantener en gran medida su cultura a pesar de los esfuerzos hispanos por imponer sus costumbres. El sitio en cuestión es San Juan Chamula.

San Juan Chamula

Nada más llegar a San Juan Chamula, no sé si influidos por la información que sabíamos sobre el lugar, ya sentimos que aquel pueblo no era un lugar común. Por las calles sus habitantes con vestimentas sencillas pero ideales para el clima frio habitual a esa altitud, a medida que te cruzas con ellos, los pocos que se atreven a mirarte, te hacen sentir que estás invadiendo un lugar sagrado, que eres aceptado pero sólo de forma temporal.

El primer lugar que te encuentras y que claramente te da pistas de que te encuentras en un lugar "diferente" es el cementerio. Morbosismo aparte, en él no encuentras lápida alguna, sino montículos de tierra bajo los que descansan los huesos de chamulas entre los que incluso se cree permanecen algunos de la época precolombina, y encabezando cada montículo, una cruz. Pero no una cruz "común", entiéndase por común la cruz cristiana importada por los españoles durante la conquista, sino cruces de madera de colores, concretamente verde, azul, negro y blanco. Según se cree, las negras para ancianos (mayores de 52 años), las blancas para niños y verdes y azules para el resto.

San Juan Chamula, cementerio

Esta cruz, aunque parezca mentira, proviene nada más y nada menos que de los tiempos mayas. Originariamente la cruz maya es de color verde forjada en madera, simbolizando la ceiba, el árbol de la vida para la religión maya, el cual divide el cielo y el inframundo. Como os podéis imaginar, los españoles estarían la mar de felices al ver que había tantas cruces al llegar al Nuevo Mundo, pensarían: "¡ya tenemos medio trabajo hecho!".

San Juan Chamula, cruces maya

El otro lugar de interés y principal motivo de visita a San Juan es la iglesia, sí, ésta sí que es católica, aunque en su interior no es que celebren rituales puramente católicos, sino mezclados con ciertos ritos paganos procedentes de la época maya. Lo primero antes de acceder a la iglesia, es pagar religiosamente la entrada, y lo segundo, tener bien claro que si osas a tomar una foto, te arriesgas a que alguna persona del pueblo agarre tu cámara y la estampe contra el suelo, ya ha habido casos así. El motivo no es que en el interior hagan algún tipo de acción ilegal, sino que según sus creencias al tomar una foto de una persona, estás robándole su alma, y a ninguno nos haría gracia algo así, ¿verdad? :-D Aunque con un poco de picardía y osadía por parte de Ewe, un par de fotos pudo sacar sin que nadie se enterase.

San Juan Chamula, iglesia

Nada más cruzar la puerta de la iglesia, enseguida te vuelves a dar cuenta que te encuentras en un lugar único,formado por grupos de personas, cada una concentrada en sus propios rituales. Ambiente con una ligera niebla producto de la quema de copal y mirra, lo que a su vez crea un olor penetrante y místico. Algunas personas haciendo sonar una música simple, repetitiva, a modo de mantra. Todo ello junto con la penumbra del lugar te produce un efecto de malas vibraciones, ¡esto es algo personal eh! A los lados de la iglesia, se encuentran figuras de varios santos, cada uno con su función dentro de las ofrendas. La mayoría de ellos vestidos con varias capas de ropa, en función del número de milagros que haya proporcionado a la comunidad, y una minoría colocados de espaldas, mirando a la pared, por no haber cumplido las peticiones del pueblo.

San Juan Chamula, santos en el interior de la iglesia

Una de las cosas que resulta curiosa es que dentro de la iglesia no hay bancos, ya que las personas que se encuentran orando en lengua totzil, lo hacen de rodillas sobre el suelo, encarando gran número de velas de diferentes tipos, en función del santo al que deseen realizar peticiones. Pero no sólo eso, pudimos comprobar que las leyendas eran ciertas, y eran varias las personas que con una bolsa llena de huevos en la mano, la pasaban alrededor de sus cuerpos y los de sus familiares con intención de que los malos espíritus y enfermedades queden absorbidos. Al igual que los huevos, habías familias con una gallina preparada para el mismo ritual. Los turísticamente atractivo y racionalmente más duro es el hecho de que una vez absorbida la mala energía, es necesario destruir de alguna manera el objeto en cuestión, ya sea enterrando el huevo o la gallina una vez descuartizadas. Lo siento para los más orbosos, pero no nos quedamos para ver el pase final del espectáculo.

Está claro que para visitar un lugar así hay que ir sin prejuicio alguno y con la mente abierta. No me refiero a que compartas las tradiciones que ahí se celebran, pero respetar las creencias de cada uno, por variopintas que puedan parecer. Aunque el hecho de ver que incluso había niños chamules participando en los rituales, nos hizo plantearnos ciertas cuestiones. Si ya desde niño creces con tradiciones así, a una edad en la que lo que te digan te lo crees, lo que ves que hacen tus padres se convierte en un dogma, se convierte en parte de tu cultura personal. Esos niños, ¿al crecer se plantearán en algún momento por qué hacen lo que hacen? ¿o simplemente ejecutan como robots lo que han interiorizado durante años? Y con esto podríamos referirnos en contextos más generales, no sólo en cuanto a la cultura chamula, sino a cualquier cultura del mundo.

Además, observar el gran culto que ofrecían a los santos, a través de figuras, vestimentas, velas, oraciones... Al igual que los antiguos mayas con sus dioses, los egipcios... Nos supuso una muestra más de la falta de responsabilidad por parte del ser humano, o mirándolo por la otra cara, el control de las religiones utilizando diferentes figuras en las que las personas depositen el destino de sus vidas. Soy de la opinión que cada uno es responsable de todo aquello que le pase, sea bueno o no tan bueno. Con cada pensamiento, cada palabra, cada acción y sentimiento estás sembrando tu destino. Si un negocio te va mal, una tormenta arruina tus cosechas, una enfermedad aparece en tu vida, en mi opinión, piensa por qué ha sucedido eso, conocéte a ti mismo para saber por qué atraes algo así, sea bueno o no. Cuánto cambiaría el mundo si comenzásemos a responsibilizarnos de nuestras vidas, y no dejarlas en manos de santos, doctores, políticos...


Tras esta mística experiencia en San Juan Chamula, el siguiente destino del día fue otro pueblo tradicionalmente indígena tzotzil, Zinacantán. No sé si fue porque veníamos de la intensa experiencia en San Juan Chamula, pero a visita a Zinacantán aenas nos ocupó un rápido paseo por la plaza principal del pueblo observando los tradicionales trajes de la región y un par de calles más buscando tortillas hechas a mano sin mucho éxito. Eso sí, fue muy curioso el hecho de que a pesar de haber varios grupos de personas indígenas agrupados en torno a la iglesia y la plaza principal, en el pueblo reinaba un silencio y calma inquietantes. Veíamos como los habitantes se reunían para estar todos juntos, pero en silencio, simplemente disfrutando con su compañía. En muchas ocasiones y según con quien, no son necesarias las palabras para hablar.

 
Zincantán, grupo de hombre en junto a la iglesia

Zinacantán, grupo de mujeres indígenas


Y como última visita de este interesante día, nos esperaba una de las principales joyas que hemos descubierto en México, San Cristóbal de las Casas. ¿Os acordáis del centro histórico de Campeche? Con las casitas de colores, en plan cuento... Pues San Cristóbal es algo parecido, si parecer tan artificial, pero además agrégale un ambiente muy cultural, viajero, joven, espiritual, restaurantes vegetarianos, terracitas para tomar un buen café, mercados con artesanía local... Un paraíso para dos vegetarianos aficionados a los viajes, la vida espiritual y a disfrutar de la tranquilidad de una tazá de té o de café en un local auténtico.

San Cristóbal de las Casas


San Cristóbal de las Casas

Disfrutando de un delicioso almuerzo vegetariano

Además, durante el agradable paseo por la ciudad pudimos sumergirnos un poco más en la cultura chiapanenca tomando una de las bebidas más tradicionales de la región, el pox. Es un licor de maíz (elote en México), bastante fuerte, que hace honor en forma alcohólica al principal producto de la zona, tanto hoy en día como en la cultura maya, ya que según su creencia el primer hombre fue creado a partir de maíz. En la siguiente foto, de no muy buena calidad, no tenéis a los caracoles y Benjamin disfrutando del ritual del pox, que a diferencia del tequila, se toma con una rodaja de naranja y un trozo de cacao. La verdad que prefiero esta opción al limón y la sal...jeje

Los caracoles y Benjamin en pleno ritual de pox

Sin embargo, con lo ajetreado que había sido el día, apenas tuvimos una hora para disfrutar de San Cristóbal con la luz del día, por lo que con lo poco que habíamos percibido del lugar, nos quedó más hambre por ver el lugar. Cosas del destino, o más bien, de nosotros, nos llegó una invitación para volver al de un par de días a San Cristóbal, una invitación para dar un pasito más en uno de los objetivos del viaje, visitar una escuela de educación alternativa llamada el Pequeño Sol. Pero para no bombardearos con tanta información en un sólo día, mejor dedicar un post a la visita y así compartir con vosotros algunas reflexiones sobre una de mis grandes pasiones, la educación. ¡Nos vemos!

"Si damos un paso para lograr realizar un utopía ésta se alejas un paso; si damos dos pasos, también se aleja dos pasos; así que la utopía sirve para caminar". Osho, El libro del ego.