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jueves, 30 de enero de 2014

Llegamos a Tulum, con la magia del mar Caribe y experiencias surrealistas

Tras pasar aquellos inolvidables días sumergidos en la selva de Calakmul entre arañas y monitos, pusimos rumbo hacia una naturaleza diferente, de los animales salvajes y la humedad de la vegetación, a las aguas cristalinas, playas de arena blanca que se escapa entre lo dedos, pero eso sí, con muchas humedad igualmente, hablamos de una de las joyas de la Riviera Maya, ¡Tulum!

Para ir desde Calakmul hasta Tulum, tomamos un bus que salía de Xpujil, un pueblito cercano a la reserva de Calakmul, y viajando por la noche llegamos a Tulum sobre las 4 AM. En esta ocasión no habíamos podido reservar alojamiento, ya que Tulum es un lugar bastante turístico, y para viajeros como nosotros que vamos improvisando más o menos los destinos y las fechas, se hace difícil reservar los hostales de calidad y a buen precio. Así que tras esperar un par de horas pasando frío en la estación de bus para que se hiciese de día, cogimos las mochilas y nos pusimos en faena para buscar alojamiento.

Teníamos referencias de un hostal de mochileros llamado Weary Traveler, fuimos hacia allí y nos dijeron que en ese momento no había habitaciones, pero que si esperábamos hasta las 11 seguro que alguna se quedaba libre. Como eran aún las 7 y estábamos bastante cansados del viaje en bus, lo dejamos como opción pero seguimos buscando. Aunque eso sí, el personal de este hostal fue muy amable y nos guardaron las mochilas mientras buscábamos, lo cual es todo un alivio y mucho más cómodo. Tras preguntar en varios hostales y siempre con respuesta de que estaban llenos, llegamos al Hotel Tulum, original el nombre...jeje. Tenían habitaciones libres, y si reservábamos por 3 noches nos hacian descuento. Echamos un vistazo al hotel, un jardín chulo, la habitación amplia con baño decente, un poco de olor a humedad pero con las ganas de descansar que teníamos era lo de menos, cocina para poder usar, la chica chilena que nos atendió amable... ¡Nos lo quedamos! Y esta decisión marcó en gran medida la calidad de nuestra estancia en Tulum...

  
Entrada del Hotel Tulum

Los que seguís el blog, sabréis que nunca me he  quejado por el alojamiento, tanto Ewe como yo somos bastante conformistas con las condiciones de los hostales, no porque aguantemos cualquier tipo de alojamiento, sino porque no necesitamos mucho para sentirnos a gusto. Pero en este caso el hotel sobrepasó los límites, llegando al punto que por primera vez cambiamos de alojamiento dentro del mismo lugar. Por desgracia habíamos pagado al llegar 3 noches de reserva, y pensándolo ya en la distancia, lo mejor habría sido independientemente de haber pagado habernos ido de ahí pitando. Las instalaciones del hotel aparentemente están muy bien, un amplio jardín, comedor al aire libre, posibilidad de usar una cocina, habitaciones amplias... La realidad, habitaciones con un olor a humedad que 2 semanas después aún sufrimos en nuestro equipaje, toallas y sábanas super húmedas, cucaracha en el baño, promesa de café gratis por la mañana que nunca vimos, la cocina que se podía usar estaba echa una auténtica mierda (más cucarachas), el personal continuamente incordiándonos por cosas como dejar las sábanas fuera de la habitación para ventilar, que si no podemos usar platos de la cocina, y por supuesto con excusas para todas nuestras quejas. Y aunque suene a coña, cuando el último día les dijimos que nos íbamos a otro hostal de Tulum que además era más barato, nos dicen que el precio no lo es todo, que aunque ellos nos cobraban un poco más a ver dónde encontrábamos un lugar así... ¡Nosotros flipando! Preferimos no decir mucho porque estábamos bastante calentitos... Además, no sé si la humedad nos afectó al cerebro o fue por el cúmulo de circunstancias, durante los días que estuvimos ahí alojados nos afectó bastante al humor... En fin, no me gusta hablar mal de nadie ni de nada, pero creo que es justo contar las cosas tal y como se viven sobre todo por el bien de otros viajeros. Por suerte, tras la experiencia nos lo hemos tomado como una lección más de la que aprender a la hora de buscar alojamiento, por muy desesperado que se esté.

Pero a pesar de todo esto, Tulum tiene demasiado encanto como para que hasta el peor de los hoteles no te deje disfrutar de sus playas de postal y el buen ambiente del pueblo. El pueblo de Tulum está dividido en 2 partes, la zona urbana donde están los alojamientos y restaurantes más baratos (evidentemente nosotros estuvimos ahí), pero también donde hay más vidilla y más opciones para comer, hacer tours... Y la zona de las playas, a unos 30 minutos andando de la zona urbana.

El primer día alquilamos unas bicis y nos fuimos a recorrer las playas, a pesar de que no hacía muy buen tiempo, sólo por sentir en tus pies esa arena tan fina, tan blanca, y notar en tu piel como te envuelve el agua cálida,transparente y con ese efecto turquesa del mar Caribe, la experiencia es única.

Primera toma de contacto con la playita


Playas de Tulum

Para el segundo día, hicimos una de las visitas obligatorias al estar en Tulum, las ruinas mayas. ¡Sí, más ruinas mayas! jeje Ya sé que siempre digo lo mismo, pero estas son diferentes, no tanto por su arquitectura, la cual la verdad notábamos que ya no le prestábamos tanto interés después de recorrernos varios sitios arqueológicos, sino por su situación, en plena costa del mar Caribe. Los mayas que vivían en esa ciudad serían como los ricachones que tienen hoy en día sus chalets en primera línea de playa.


Preciosa vista desde la ciudad maya de Tulum

La localización de la ciudad, la distribución de los edificios, el misticismo que te envuelve mientras recorres el lugar mientras sientes de fondo el olor y sonido del mar, junto con los irreproducibles tonos turquesas del agua, hicieron que las ruinas de Tulum se colocasen entre nuestras favoritas durante la visita mexicana.

Ciudad maya de Tulum

Tras la visita a la ciudad maya, como al comprar la entrada habíamos cogido un pack que incluía un viajecito en lancha para visitar las ruinas desde el mar y hacer snorkel en el arrecife de coral, hacia la playa que nos fuimos. El ver la ciudad maya desde el mar tiene su encanto, además de poder presenciar una de las imágenes más famosas y bellas de México, combinando dos de sus principales atractivos, el mar Caribe y la cultura maya.

 Palacio de Tulum
La Torre del Adivino

Respecto al snorkel, apenas pudimos ver mucha cosa ya que el mar estaba un poco revuelto. Apenas algún coral y un par de cañones sumergidos según dicen procedentes de algún barco en el que llegaron los colonizadores españoles a la península de Yucatán. Pero no creáis que nos quedamos con mal sabor de boca por no poder ver mucho durante este snorkel, porque al día siguiente nos esperaba una de las experiencias acuáticas más auténticas que hemos tenido nunca, y que creo que se puede tener en todo el mundo, ¡bucear en un cenote!

¿Un quéeeeeeee? Un cenote es una cueva natural subterránea inundada muy común en la península del Yucatán y que incluso los mayas utilizaban para realizar sacrificios.. Debido a la composición calcárea del suelo de la península, gran cantidad de agua se filtra en la tierra, creando poco a poco pequeños túneles acuáticos. A veces, se forma tal cantidad de filtraciones que el peso de la tierra provoca que se derrumbe y se forma un agujero que sirve de acceso al sistema de túneles subterráneos creado por dichas filtraciones. Hablando claro, unos agujeros enormes en el suelo con agua en el fondo desde el que accedes a túneles acuáticos para pasarlo pipa haciendo snorkel o buceando.

Cenote visto desde arriba

En nuestro caso fuimos  al cenote Dos Ojos, a unos 20 km de Tulum con un centro de submarinismo que nos llevó allí en furgoneta, junto con un guía y otros turistas neozelandeses. Aunque es posible hacer submarinismo en el cenote, optamos por snorkelear primero porque Ewe no tiene la licencia de buceo, segundo porque el tema del submarinismo es carillo y todo no se puede, y tercero porque la experiencia de buceo nos la reservábamos para el siguiente destino en México. :-D

De la experiencia haciendo snorkel en el cenote qué decir, ¡espectacular! Imaginaros ir nadando por un túnel con agua cristalina, linterna en mano, con zonas en las que no llegas a ver el fondo, con decenas de columnas formadas por la unión de estalactitas y estalagmitas, y zonas en las que el techo está a escasos centímetros de tu cabeza, poniendo atención para ir esquivando las estalactitas, ¡algo no apto para claustrofóbicos! Y aunque parezca mentira, el hecho de ir nadando y ver de repente agujeros debajo tuyo de los que no puedes ver el fin acojona, ¡y sino que se lo digan a Ewe! jeje. Como no teníamos cámara acuática, os pongo algunas fotos sacadas de Internet del cenote.




De verdad os digo, que las fotos no son exageradas. Antes de entrar, ya te quedas alucinado con el efecto de color del agua, con diferentes tonos turquesas, y totalmente transparente. Y una vez que estás dentro, las zonas más abiertas en las que se filtran los rayos del sol crean un espectáculo increíble, algo que no olvidaremos jamás. Al igual que la sensación de ir nadando por un túnel subterráneo, con apenas espacio para el tubo de snorkel, mirando hacia arriba cientos de estalactitas, y mirando hacia abajo profundos agujeros y columnas.

Después de ver todo esto sobre Tulum comprenderéis que ni el peor hotel que te puedas encontrar podría hacer que los días en Tulum  no sean maravillosos, e incluso nos quedamos con ganas de haber hecho muchas más cosas, como visitar el parque natural de Sian Ka'an, bucear en la barrera de coral, visitar otros cenotes... pero el viaje debía continuar.

El siguiente post ya será el último sobre nuestra aventura mexicana, pero no por ser el último es el menos atractivo, ya que para el final habíamos dejado uno de los puntos fuertes de la etapa, la isla de Cozumel, el paraíso de los submarinistas y la vida de relax en la playita.

¡Nos vemos!

"Cuando sales del papel de víctima ya no te preocupas de lo que la vida te pueda dar, sino de lo que tú puedas dar a la vida". Jorge Iván Carvajal

jueves, 23 de enero de 2014

Visita a la Chiapas más indígena y a nuestro nuevo paraíso

Segundo día disfrutando de la compañía y hospitalidad de Benjamin y su familia en Tuxtla Gutiérrez. Como sabéis, el primer día era difícil de superar tras quedarnos con la boca abierta durante la excursión por el Cañón del Sumidero, pero en esta ocasión el día fue igualmente inolvidable de nuevo gracias a nuestro "guía" Benjamin.

La primera parada del día fue un pequeño pueblo situado entre las montañas de los Altos de Chiapas, un pueblo rodeado de misterio, de leyendas. Habíamos oido sobre este lugar que en su iglesia se celebran rituales religiosos tan antiguos como de los tiempos pre-hispánicos, desde sacrificios de gallinas hasta absorción de malas energías a través de huevos Un lugar habitado por una comunidad indígena de tzotziles llamada los chamulas, que había conseguido mantener en gran medida su cultura a pesar de los esfuerzos hispanos por imponer sus costumbres. El sitio en cuestión es San Juan Chamula.

San Juan Chamula

Nada más llegar a San Juan Chamula, no sé si influidos por la información que sabíamos sobre el lugar, ya sentimos que aquel pueblo no era un lugar común. Por las calles sus habitantes con vestimentas sencillas pero ideales para el clima frio habitual a esa altitud, a medida que te cruzas con ellos, los pocos que se atreven a mirarte, te hacen sentir que estás invadiendo un lugar sagrado, que eres aceptado pero sólo de forma temporal.

El primer lugar que te encuentras y que claramente te da pistas de que te encuentras en un lugar "diferente" es el cementerio. Morbosismo aparte, en él no encuentras lápida alguna, sino montículos de tierra bajo los que descansan los huesos de chamulas entre los que incluso se cree permanecen algunos de la época precolombina, y encabezando cada montículo, una cruz. Pero no una cruz "común", entiéndase por común la cruz cristiana importada por los españoles durante la conquista, sino cruces de madera de colores, concretamente verde, azul, negro y blanco. Según se cree, las negras para ancianos (mayores de 52 años), las blancas para niños y verdes y azules para el resto.

San Juan Chamula, cementerio

Esta cruz, aunque parezca mentira, proviene nada más y nada menos que de los tiempos mayas. Originariamente la cruz maya es de color verde forjada en madera, simbolizando la ceiba, el árbol de la vida para la religión maya, el cual divide el cielo y el inframundo. Como os podéis imaginar, los españoles estarían la mar de felices al ver que había tantas cruces al llegar al Nuevo Mundo, pensarían: "¡ya tenemos medio trabajo hecho!".

San Juan Chamula, cruces maya

El otro lugar de interés y principal motivo de visita a San Juan es la iglesia, sí, ésta sí que es católica, aunque en su interior no es que celebren rituales puramente católicos, sino mezclados con ciertos ritos paganos procedentes de la época maya. Lo primero antes de acceder a la iglesia, es pagar religiosamente la entrada, y lo segundo, tener bien claro que si osas a tomar una foto, te arriesgas a que alguna persona del pueblo agarre tu cámara y la estampe contra el suelo, ya ha habido casos así. El motivo no es que en el interior hagan algún tipo de acción ilegal, sino que según sus creencias al tomar una foto de una persona, estás robándole su alma, y a ninguno nos haría gracia algo así, ¿verdad? :-D Aunque con un poco de picardía y osadía por parte de Ewe, un par de fotos pudo sacar sin que nadie se enterase.

San Juan Chamula, iglesia

Nada más cruzar la puerta de la iglesia, enseguida te vuelves a dar cuenta que te encuentras en un lugar único,formado por grupos de personas, cada una concentrada en sus propios rituales. Ambiente con una ligera niebla producto de la quema de copal y mirra, lo que a su vez crea un olor penetrante y místico. Algunas personas haciendo sonar una música simple, repetitiva, a modo de mantra. Todo ello junto con la penumbra del lugar te produce un efecto de malas vibraciones, ¡esto es algo personal eh! A los lados de la iglesia, se encuentran figuras de varios santos, cada uno con su función dentro de las ofrendas. La mayoría de ellos vestidos con varias capas de ropa, en función del número de milagros que haya proporcionado a la comunidad, y una minoría colocados de espaldas, mirando a la pared, por no haber cumplido las peticiones del pueblo.

San Juan Chamula, santos en el interior de la iglesia

Una de las cosas que resulta curiosa es que dentro de la iglesia no hay bancos, ya que las personas que se encuentran orando en lengua totzil, lo hacen de rodillas sobre el suelo, encarando gran número de velas de diferentes tipos, en función del santo al que deseen realizar peticiones. Pero no sólo eso, pudimos comprobar que las leyendas eran ciertas, y eran varias las personas que con una bolsa llena de huevos en la mano, la pasaban alrededor de sus cuerpos y los de sus familiares con intención de que los malos espíritus y enfermedades queden absorbidos. Al igual que los huevos, habías familias con una gallina preparada para el mismo ritual. Los turísticamente atractivo y racionalmente más duro es el hecho de que una vez absorbida la mala energía, es necesario destruir de alguna manera el objeto en cuestión, ya sea enterrando el huevo o la gallina una vez descuartizadas. Lo siento para los más orbosos, pero no nos quedamos para ver el pase final del espectáculo.

Está claro que para visitar un lugar así hay que ir sin prejuicio alguno y con la mente abierta. No me refiero a que compartas las tradiciones que ahí se celebran, pero respetar las creencias de cada uno, por variopintas que puedan parecer. Aunque el hecho de ver que incluso había niños chamules participando en los rituales, nos hizo plantearnos ciertas cuestiones. Si ya desde niño creces con tradiciones así, a una edad en la que lo que te digan te lo crees, lo que ves que hacen tus padres se convierte en un dogma, se convierte en parte de tu cultura personal. Esos niños, ¿al crecer se plantearán en algún momento por qué hacen lo que hacen? ¿o simplemente ejecutan como robots lo que han interiorizado durante años? Y con esto podríamos referirnos en contextos más generales, no sólo en cuanto a la cultura chamula, sino a cualquier cultura del mundo.

Además, observar el gran culto que ofrecían a los santos, a través de figuras, vestimentas, velas, oraciones... Al igual que los antiguos mayas con sus dioses, los egipcios... Nos supuso una muestra más de la falta de responsabilidad por parte del ser humano, o mirándolo por la otra cara, el control de las religiones utilizando diferentes figuras en las que las personas depositen el destino de sus vidas. Soy de la opinión que cada uno es responsable de todo aquello que le pase, sea bueno o no tan bueno. Con cada pensamiento, cada palabra, cada acción y sentimiento estás sembrando tu destino. Si un negocio te va mal, una tormenta arruina tus cosechas, una enfermedad aparece en tu vida, en mi opinión, piensa por qué ha sucedido eso, conocéte a ti mismo para saber por qué atraes algo así, sea bueno o no. Cuánto cambiaría el mundo si comenzásemos a responsibilizarnos de nuestras vidas, y no dejarlas en manos de santos, doctores, políticos...


Tras esta mística experiencia en San Juan Chamula, el siguiente destino del día fue otro pueblo tradicionalmente indígena tzotzil, Zinacantán. No sé si fue porque veníamos de la intensa experiencia en San Juan Chamula, pero a visita a Zinacantán aenas nos ocupó un rápido paseo por la plaza principal del pueblo observando los tradicionales trajes de la región y un par de calles más buscando tortillas hechas a mano sin mucho éxito. Eso sí, fue muy curioso el hecho de que a pesar de haber varios grupos de personas indígenas agrupados en torno a la iglesia y la plaza principal, en el pueblo reinaba un silencio y calma inquietantes. Veíamos como los habitantes se reunían para estar todos juntos, pero en silencio, simplemente disfrutando con su compañía. En muchas ocasiones y según con quien, no son necesarias las palabras para hablar.

 
Zincantán, grupo de hombre en junto a la iglesia

Zinacantán, grupo de mujeres indígenas


Y como última visita de este interesante día, nos esperaba una de las principales joyas que hemos descubierto en México, San Cristóbal de las Casas. ¿Os acordáis del centro histórico de Campeche? Con las casitas de colores, en plan cuento... Pues San Cristóbal es algo parecido, si parecer tan artificial, pero además agrégale un ambiente muy cultural, viajero, joven, espiritual, restaurantes vegetarianos, terracitas para tomar un buen café, mercados con artesanía local... Un paraíso para dos vegetarianos aficionados a los viajes, la vida espiritual y a disfrutar de la tranquilidad de una tazá de té o de café en un local auténtico.

San Cristóbal de las Casas


San Cristóbal de las Casas

Disfrutando de un delicioso almuerzo vegetariano

Además, durante el agradable paseo por la ciudad pudimos sumergirnos un poco más en la cultura chiapanenca tomando una de las bebidas más tradicionales de la región, el pox. Es un licor de maíz (elote en México), bastante fuerte, que hace honor en forma alcohólica al principal producto de la zona, tanto hoy en día como en la cultura maya, ya que según su creencia el primer hombre fue creado a partir de maíz. En la siguiente foto, de no muy buena calidad, no tenéis a los caracoles y Benjamin disfrutando del ritual del pox, que a diferencia del tequila, se toma con una rodaja de naranja y un trozo de cacao. La verdad que prefiero esta opción al limón y la sal...jeje

Los caracoles y Benjamin en pleno ritual de pox

Sin embargo, con lo ajetreado que había sido el día, apenas tuvimos una hora para disfrutar de San Cristóbal con la luz del día, por lo que con lo poco que habíamos percibido del lugar, nos quedó más hambre por ver el lugar. Cosas del destino, o más bien, de nosotros, nos llegó una invitación para volver al de un par de días a San Cristóbal, una invitación para dar un pasito más en uno de los objetivos del viaje, visitar una escuela de educación alternativa llamada el Pequeño Sol. Pero para no bombardearos con tanta información en un sólo día, mejor dedicar un post a la visita y así compartir con vosotros algunas reflexiones sobre una de mis grandes pasiones, la educación. ¡Nos vemos!

"Si damos un paso para lograr realizar un utopía ésta se alejas un paso; si damos dos pasos, también se aleja dos pasos; así que la utopía sirve para caminar". Osho, El libro del ego.


jueves, 9 de enero de 2014

Seguimos por Mérida disfrutando los flamengos en Celestún y la historia maya en Uxmal

Una vez más, la improvisación y el hacer caso a nuestros deseos habían hecho que lo que en un principio se planteaba como una estancia de 2 o 3 días por Mérida, se fuese alargando dulcemente sin final visible. Y es que los tesoros que ofrece para descubrir Mérida y sus alrededores, y sobre todo la calidez de la casa de Kike y su buena energía nos hacían sentir al final de cada día que nuestro más profundo ser deseaba quedarse ahí un día más.

El mejor ejemplo para explicar esto es la recomendación que nos hizo Kike sobre visitar el parque natural de Celestún, famoso por ser habitat de los flamencos más rosas del mundo, y con manglares donde puedes encontrarte desde cocodrilos, a serpientes, a monos araña... Y es que un plan así era justo lo que sentíamos que necesitábamos. Después de varios días entre cultura maya, ciudades coloniales, viajes en bus... Notábamos que nos faltaba algo, que nuestro estómago hambriento de nuevos lugares pedía un alimento diferente, y justamente era sentirnos rodeados de naturaleza, y cuanto más salvaje mejor.

Así que tras cerca de 2 horas de viaje en colectivo (furgoneta para transporte público) rodeados de lugareños, llegamos al puerto desde el que se realiza la visita al ecosistema acuífero de Celestún. En el puerto hay pequeñas lanchas esperando a los visitantes para realizar recorridos de unos 90 minutos por los alrededores del parque.

Celestún, muelle

El paseo en la lancha es toda una delicia, sobre todo a medida que te vas acercando a esos puntos rosados que se ven a la distancia, que le dan un aspecto tan colorido al paisaje, que te provocan esa mágica sensación siempre que ves por primera vez una nueva especie animal.

 Celestún, grupo de flamencos

No te cansas de ver flamencos por todas partes, con ese color tan llamativo y único en todo el planeta, causado por la composición del alimento que toman del agua, con esa elegancia gracias a sus estirados cuellos que curvean como su fuese un baile, con esa sincronicidad propia del instinto animal, oculta en la mayoría de seres humanos bajo capas de influencias externas, visible en el resto de animales gracias a su pureza.

Celestún, flamencos

  Celestún, flamencos 

Durante el paseo en lancha, no sólo tuvimos la oportunidad de formar parte durante unos momentos de la vida de los flamencos, sino que también pudimos disfrutar de ambiente misterioso, salvaje, en cierta parte temeroso del interior manglar. 

 Celestún, paseando por el manglar

Con árboles que te rodean con sus ramas por todas partes y que apenas te permiten ver unos metros de distancia en el interior de la zona, dando vía libre a la imaginación sobre la vida animal que te estará observando en esos momentos. Aunque sí que pudimos ver claramente a uno de esos observadores, estático y paciente esperando a que algún animalillo, futuro alimento, se acercase. A ver si lo encontráis en la siguiente foto.


¿Ha habido suerte? ¿Veis algún animalito inocente escondidillo? En el agua, por el centro de la foto, se ve al siguiente dulce lagartito.


No es que sea el cocodrilo más grande del mundo, pero ya impresiona sólo por ser el primero que veíamos en directo en plena naturaleza.

Después del disfrutadísimo paseo en lancha, fuimos andando hacia el pueblo de Celestún, a unos 20 minutos. A lo largo del paseo, pudimos tristemente comprobar un hecho que se suele dar en demasiados lugares turísticos por todo el mundo. Me refiero a que cuando vas a un sitio más o menos turístico, todo te maravilla, te parece precioso, cuidado, todo preparado para las mejores fotos. Pero en muchas ocasiones, a nada que te alejas unos metros de ese lugar, compruebas la auténtica realidad del lugar. En este caso, cómo entre la gente local y los turistas el entorno natural tiene que sufrir sin merecerlo la contaminación de basura creada por el ser humano. Paradojas de la vida, la naturaleza nos da todo lo que necesitamos, incluso en este caso más en forma de turismo y dinero, y a cambio le devolvemos poco a poco su destrucción, o lo que es lo mismo, nos echamos mierda a nuestra propia existencia.

La Celestún menos turística

Tras este bofetón de realidad, y lllegamos ya al pueblo. Alegremente colorido por banderillas y puestitos de comida y de feria para celebrar la cercana Navidad, todo alrededor de la ya habitual plaza principal con la iglesia y el ayuntamiento al lado. Y como punto final de la visita y antes de volver a Mérida, nos pegamos un más que merecido homenaje en forma de cerveza mexicana, la muy consumida Sol, y ricos huevos rancheros.

 Celestún, homenaje para acabar el día

Al día siguiente de esta maravillosa experiencia que ya forma parte de nosotros, tocó un nuevo viaje a las profundidades mayas, esta vez a la ciudad arqueológica de Uxmal.

La ciudad de Uxmal se encuentra dentro de la conocida como ruta Puuc, uno de los estilos arquitéctonicos mayas del periodo clásico. No tan conocida como Chichen Itzá, pero quizá precisamente por eso transmite un ambiente de mayor autenticidad, ya que la ciudad de Uxmal está rodeada por una mayor vegetación, que te facilita sumergirte en lo que sería la vida de la ciudad hace más de 500 años, al no haber tanto césped recien cortado y plantas tan cuidadas como en Chichen Itzá, que en nuestra opinión lo hace un poco artificial. Aunque ya veréis en el post sobre Palenque que aún existen ciudades arqueológicas mayas que permanecen con el entorno natural aún más salvaje.

Nada más entrar a Uxmal, la imponente figura de la Pirámide del Adivino nos dio la bienvenida, si nada más entrar ya nos encontrábamos con algo así, ¡la visita prometía! La Pirámide del Adivino es el edificio más emblemático de Uxmal, también se conoce como la Pirámide del Hechicero o del Enano. 

Uxmal, parte trasera Pirámide del Adivino con la bailarina Ewe

Uxmal, parte trasera Pirámide del Adivino con el "bailarín" Iván

Estos nombres provienen de la leyenda que cuenta el origen de esta pirámide, según la cual un enano hijo de una hechicera y que nació de un huevo, para hacer más creíble la historia...jeje, apostó la gobernatura con el que era en ese momento el gobernador de Uxmal, que sería capaz de construir una pirámide en una sola noche. Como no, el enano ganó la apuesta y se convirtió en gobernador de Uxmal.
 
Uxmal, parte delantera de la Pirámide del Adivino

La pirámide está formada por 5 templos, cada uno de diferentes épocas, de manera que se fueron cubriendo uno sobre otro a medida que se iban edificando. Para poder acceder a todos ellos se realizaron perforaciones sobre la estructura de la pirámide, siendo únicamente visibles desde el exterior el templo IV, el que véis en la última foto al finalizar las escaleras, con la entrada que escenifica la cabeza de Chac, el dios de la lluvia, siendo su boca la puerta de entrada. Y arriba del todo se puede visualizar el templo V, al que se accede subiendo los escalones de la parte trasera de la pirámide.

 Uxmal, Pirámide del Adivino, entrada del Templo IV, cara de Chac

Otro de los edificios emblemáticos de la ciudad de Uxmal es el Palacio del Gobernador.

  Uxmal, edificio central del Palacio del Gobernador

El palacio como véis en la foto muestra el más auténtico estilo Puc de los mayas, caracterizado por las paredes lisas a la altura de la entrada a los templos, y paredes superiores muy decoradas. En el caso del Palacio del Gobernador, con máscaras de Chac o representaciones de Quetzalcoatl, la serpiente emplumada.

 Uxmal, Palacio del Gobernador, detalle de máscaras de Chac

Pero para nosotros, la gran atracción del palacio fue el hecho de que al estar ubicado sobre una gran plataforma, permite disfrutar de unas increíbles vistas de la ciudad de Uxmal, formadas por algunos de sus edificios principales.

  Uxmal, ¡a estas vistas me refería! :-D

 Uxmal, cancha de juego de pelota al frente, Pirámide del Adivino a la derecha, y Palacio de las Monjas a la izquierda

Como os he comentado, lo que para nosotros hizo tan especial Uxmal fue el hecho de ser nuestra primera visita a una ciudad maya en la que no sólo disfrutamos de los espectaculares edificios, sino que la naturaleza que envuelve el lugar permite aprovechar el entorno para pasear y perder la imaginación entre la rutina diaria de los antiguos mayas.

 Uxmal, en contacto con la naturaleza

Como anécdota durante nuestra visita a Uxmal, mientras visitábamos unas esculturas mayas con forma fálica, una turista mexicana, que estaba leyendo el cartel explicativo, no se le ocurre mejor pregunta para hacernos que: "¿qué es un falo?" Vaya cara de apuro que se nos puso a Ewe y a mí... Aunque eso sí, por la mente pasaron respuestas de todo tipo, optando finalmente por la menos comprometida y técnica, jeje. También hay que decir que la escultura no daba mucho lugar a dudas, pero bueno, allá cada uno con su imaginación. :-P Por cierto, si alguien no sabe la respuesta a la pregunta que nos hizo esta turista... es hora de tener una conversación con vuestros padres...jeje

Con las inolvidables aventuras por Celestún y Uxmal damos por finalizado este post, pero las experiencias por Mérida aún no se habían acabado, aún faltaba una Nochebuena a la mexicana, una improvisada velada entre guitarras, maracas, bongos, intrumentos indígenas... No os lo perderéis, ¿verdad? :-D

Regala sonrisas cada día, verás cómo son capaces de crear auténticos milagros.