domingo, 26 de enero de 2014

Hablemos de educación, hablemos de algo diferente

Aunque en este post seguiréis leyendo sobre experiencias vividas durante el viaje por México, será un post con una línea algo diferente, más enfocado a transmitiros algunas reflexiones personales sobre una de mis pasiones, la educación.

¿Y por qué me ha dado ahora por escribir sobre esto? Debido a uno de los objetivos de este viaje: adquirir conocimientos, experiencias, reflexiones, consejos, teorías y prácticas sobre diferentes sistemas pedagógicos en los países que vamos visitando durante la aventura. ¿Y de dónde sale este objetivo? Para los que no lo sepáis, hace unos 2 años me llegó ese momento que estoy seguro que muchos habéis vivido alguna vez, en el que te planteas si la vida profesional que estabas llevando hasta ese momento es lo que de verdad te hace feliz. Que llegue algo así no es fácil, y me siento privilegiado sólo por haber llegado a ese punto. Primero por darme cuenta que mi trabajo quiero que sea algo que me complete, que me haga crecer, no que sea simplemente una herramienta que me propocione dinero para vivir, sino que además me proporcione satisfacción. Y segundo por darme cuenta que mi trabajo no era algo que cumpliese esos objetivos, más siendo un empleo que a nivel material proporcionase grandes ventajas, lo cual puede resultar bastante nubloso cuando te planteas vivir tu vida de forma íntegra.


Resultado de esas reflexiones, llegué a la conclusión que no estaba siguiendo mi camino, que no deseaba un empleo en el que las tareas de cada día sirviesen principalmente para llenar carteras, la mía, la de mi empresa, la del cliente para el que hiciese el trabajo... No me malinterpretéis, no digo que quienes realicen trabajos así estén haciendo algo incorrecto, simplemente no es algo para mí. Aunque siempre daré infinitas gracias a lo aprendido y vivido durante los 6 años en ese trabajo, ya que por ejemplo, con su ayuda ahora está siendo posible que cumpla mi sueño de viajar.

Vale... tenía claro que lo que estaba haciendo en ese momento no era la mío, ahora viene el siguiente paso: ¿y qué tipo de salida profesional es aquella en la que me podría sentir completamente lleno? Aunque en un primer momento puede dar vértigo una pregunta así, en mi caso lo tuve fácil: la educación.


 Cuando pensé que había "gastado" durante dos años mis vacaciones laborales en ir a países remotos para trabajar con escuelas, que sin ningún tipo de experiencia había ejercido como voluntario durante 2 años dando clases de refuerzo a niños, vi claro que enseñar era algo que hacía por placer, porque me encanta, porque cuando enseño siento que estoy dando lo mejor de mí, y no sólo eso, aprendo continuamente del pequeño maestro que tengo enfrente mío. ¡Y mira qué suerte la mía! Además en esta sociedad puedes dar clases y que te paguen por ello, ¡perfecto! jeje

Ahora mismo me encuentro en la fase más teórica de preparación para algo así, porque considero que ejercer de profesor no es algo que se pueda hacer a la ligera, demasiada responsabilidad en tus manos como para al menos no molestarte primero en aprender todo lo que puedas de otros profesionales, escuelas, teorías pedagógicas... para así encontrar tu propio camino dentro del mundo educativo. Aunque creo que nunca se deja aprender en un trabajo como este, al menos quiero construir una base sólida y una visión clara de lo que para mí es la educación antes de ponerme manos a la obra.

Y por toda esta chapa surgió el objetivo de durante el viaje realizar visitas a diferentes centros educativos a lo largo de América Latina. Para ello, desde que comenzó la etapa por este continente, hemos ido buscando a través de Internet centros de educación alternativa con los que ponernos en contacto e intentar visitarlos. Con educación alternativa me refiero a una pedagogía diferente a la tradicional, obvio... :-P Pero no penséis en algún tipo de sectas, escuelas que intenten lavados de cerebro o algo así. Sino simplemente centros que se desvíen del método tradicional que al menos en España lleva funcionando desde hace más de 30 años.

Tras varios intentos por ponernos en contacto con varias escuelas, por fin recibimos respuesta de una de ellas, la escuela "Pequeño Sol". Y como no podía ser de otra manera, estaba situada en el que hasta entonces había sido nuestro lugar favorito de México, San Cristóbal de las Casas. Al recibir la invitación para visitarles y pedir referencias a algunas personas que conocimos por la zona, obtuvimos comentarios de todo tipo, desde que era una escuela de hippies (es curioso cómo se usa este término para cualquier cosa que se desvíe de la mayoría) o una escuela de pijos (más de lo mismo cuando hay que pagar un precio alto por algo). Pero como nos gusta pensar, no hay mejor forma de formarse una opinión que viendo por tus propios ojos, así que sin ningún tipo de pena por tener que volver a San Cristóbal, cogimos un colectivo desde Tuxtla y rumbo a la escuela "Pequeño Sol".

No pretendo hacer de relaciones públicas del centro, ni publicidad gratuita, simplemente os quiero contar lo que pudimos ver de la escuela para que os podáis hacer una idea del tipo de escuela que buscamos visitar y a la que me intento acercar como ideal pedagógico durante nuestro viaje.

La escuela es de ámbito privado, algo habitual en este tipo de centros que se desmarcan parcialmente de la línea educativa que te marcan desde organismos públicos. Esto hace que la escuela económicamente sea accesible en mayor medida a familias de nivel económico alto, aunque el centro cuenta con un sistema de becas para que su educación no sea algo exclusivo. El ratio de profesor-alumnos es de 22 alumnos por profesor en secundaria, con 2 profesores en aquellas aulas que sea necesario contar con un educador especial. Estos son los datos más técnicos de la escuela, pero lo que más nos gustaron fueron sus características relacionadas con una educación ecológica e integral.

Escuela "Pequeño Sol"

El centro está situado a las afueras de la ciudad, en pleno corazón de un bosque. La escuela tiene una política de reciclaje muy ordenada, contando incluso con un sistema de fabricación de composta a partir de los residuos orgánicos que se generan. Esta composta sirve a cada clase para utilizarla como abono para cada pequeño huerto responsabilidad de cada grupo, con el que aprenden no sólo el ciclo que se debe cumplir entre lo que se toma y se da a la tierra, sino a cultivar y cuidar de diferentes tipos de vegetales en función de la temporada e incluso a utilizar lo plantado para la cocina de la escuela. No penséis que estas enseñanzas son debidas a que esta región de México se dedique especialmente a la agricultura, y por ello enseñan esto a los niños. El objetivo es que vean la simbiosis que debe haber entre el ser humanos y la naturaleza.

Escuela "Pequeño Sol", zona de reciclaje

Para esas tareas de reciclaje, cuidado de los huertos, e incluso mantener ordenada la clase, el silencio en el aula, existen diferentes roles de responsabilidad dentro de cada clase, existiendo un responsable para cada tarea. Pero esto no quiere decir que cada responsable deba realizar la tarea, sino que es responsable de hacer saber a sus compañeros la labor conjunta que deben realizar en caso de que alguien se despiste. Por otro lado, la metodología de evaluación es consensuada con cada grupo de alumnos, tomando así parte ellos mismo en la forma de ser evaluados, y nunca otorgando a los exámenes un valor mayor al 30% de la evaluación final. Los padres tienen un papel activo en la educación de la escuela, de manera que son instruidos con cursos de reciclaje, de la metodología del centro, de agricultura... Haciendo posible así parte de la cadena educativa, la cual no empieza y acaba en la escuela, sino que continúa en el seno familiar.  Y por último, y como uno de los hábitos que más nos gustó dentro de la escuela, fue el hecho de que cada mañana, antes de comenzar las clases, se dedican entre 30 y 60 minutos a conversar en grupo sobre cualquier tema que los alumnos deseen, desde inquietudes sociales hasta problemas personales, ofreciendo así a los niños no sólo un lugar en el que crecer cognitivamente, sino además en el que aprender a expresar sus sentimientos.



Estoy seguro que prácticas como éstas y muchas más se realizarán en muchos otros centros, sé que la escuela Pequeño Sol no será una innovadora en muchos de estos recursos, pero me sirvió para afianzar aún más el modelo de escuela en el que me gustaría trabajar, pudiendo ver ciertos recursos pedagógicos hasta ese momento aprendidos teóricamente puestos en práctica.

¿Y cuál sería ese modelo personal de escuela? Una escuela respetuosa, con la naturaleza, con la individualidad, con la integridad de cada persona y del concepto de educación y con la realidad de la evolución social. Si os fijáis, el modelo educativo apenas ha cambiado en los últimos 30-40 años. Sí, cada poco tiempo aparecen nuevos nombres para las etapas educativas, nuevos criterios de evaluación, para suspender, nuevos recursos educativos... Pero la esencia educativa sigue siendo la misma. La distribución de las aulas sigue siendo igual, los alumnos en filas dispuestos para escuchar la lección magistral de, en la mayoría de casos, un profesor desmotivado cuya clase consistirá en soltar un discurso que ya ha soltado cientos de veces durante sus años de experiencias.


 Los programas de contenidos siguen orientados en torno a las mismas asignaturas que hace décadas, como las Matemáticas, Lenguaje, idiomas, Física, Química, incorporando nuevas como Informática; estándo siempre marginadas las asignaturas humanitarias como Música, Dibujo, Expresión Corporal, Educación Física...

Si te digo que el tipo de sociedad, de salidas profesionales, siguen siendo los mismos que hace 30 años me llamarás loco. Enntonces, ¿por qué mantenemos el mismo tipo de educación? Se supone que la educación es una de las bases con la que se va formando la futura sociedad, y por lo tanto, desde mi punto de vista esa evolución de la sociedad debería ir de la mano con una evolución educativa. Hace 30 años quizá era válido centrar los contenidos en torno a contenidos más prácticos y lógicos, como las asignaturas científicas, ya que la sociedad profesional estaba formada por obreros, trabajadores de fábricas, vendedores... Pero en los últimos años ésto ha cambiado a una velocidad de vértigo, cada día aparecen nuevos negocios, nuevos tipos de empleo, demandando una gran capacidad de adaptación, de renovación y de creatividad por parte de las personas. Por un consecuente desarrollo social, creo que sería necesario fomentar esa adaptabilidad, esa creatividad e imaginación en los alumnos. No únicamente introducir en sus mentes contenidos escritos por otras personas, sino ayudarles a desarrollar sus potenciales personales, a confiar en sí mismos, a potenciar su creatividad, su libertad. Porque cada persona somos diferente, cada niño es único, por lo que no podemos pretender dar clases magistrales a robots, debemos buscar una educación personalizada, que desarrolle de forma integral a cada alumno, desde nuevos conocimientos, hasta su inteligencia emocional, que incluya a los padres como parte del sistema educativo, que otorgue al profesor autonomía para personalizar la enseñanza.

Todo esto no es algo fácil, todo esto no es algo que interese a los entes de los que dependen que todo esto cambie a escala masiva, ya que un modelo educativo de este tipo fomentaría el desarrollo de personas libres de pensamiento, personas sin miedo para creer en sus sueños y en su potencial. Porque todos tenemos nuestro dones, todos tenemos algo especial que hacer en este mundo, sólo necesitamos alguien que nos ayude a descubrirlos. Haría falta mayores recursos económicos, y que algo así no sea de acceso exclusivo a las clases altas como en el caso de la escuela Pequeño Sol, hace falta un cambio de mentalidad social sobre la importancia de la educación, hacen falta profesores motivados, que les apasione su trabajo, hace falta que en cada aula veamos a todos los alumnos como maestros de los que aprender y como iguales. Además, las condiciones profesionales que envuelven a los profesionales no son las mejores ni mucho menos, al menos en España, pero me niego a creer que algo tan superficial como la opinión de la mayoría o las dificultades impuestas por los gobiernos al sistema educativo me impidan cumplir mi sueño.



Espero que con todo esto no saquéis conclusiones del tipo que opino que no hay que enseñar Matemáticas, Física... Precisamente saqué los estudios para ejercer de profesor de Matemáticas. Pienso que son importantes, pero considero que es necesario un cambio en la forma de enseñarlas, haciéndolas divertidas, parte integral del todo que vivimos, haciéndolas reales, y no conceptos teóricos que creerse a base de fe. Yo al menos preferiría que me hubiesen enseñado Matemáticas o Física a través de realizar proyectos comunitarios, a través de aplicaciones de la vida real, a través de juegos... ¿A vosotros no?

Es muy fácil opinar de todo esto sin estar metido en el mundo educativo de forma profesional. Estoy seguro que desde el punto de vista de un maestro, puede llegar a parecer una utopía todo esto de dar a cada alumno una educación personal, de permanecer motivado a pesar del estrés del día a día, de preparar clases de calidad con las horas disponibles. Pero una realidad comienza con una acción, una acción comienza con una motivación, y una motivación comienza con un sueño. No me hables de utopías, háblame de sueños no intentados.

"Educar es sorprenderte, día a día, con lo que brota de cada estudiante. Es esperar lo inesperado. Es aprender enseñando. Es danzar el baile de la vida con tus alumnos" Carlos González Pérez. "23 maestros, de corazón"

jueves, 23 de enero de 2014

Visita a la Chiapas más indígena y a nuestro nuevo paraíso

Segundo día disfrutando de la compañía y hospitalidad de Benjamin y su familia en Tuxtla Gutiérrez. Como sabéis, el primer día era difícil de superar tras quedarnos con la boca abierta durante la excursión por el Cañón del Sumidero, pero en esta ocasión el día fue igualmente inolvidable de nuevo gracias a nuestro "guía" Benjamin.

La primera parada del día fue un pequeño pueblo situado entre las montañas de los Altos de Chiapas, un pueblo rodeado de misterio, de leyendas. Habíamos oido sobre este lugar que en su iglesia se celebran rituales religiosos tan antiguos como de los tiempos pre-hispánicos, desde sacrificios de gallinas hasta absorción de malas energías a través de huevos Un lugar habitado por una comunidad indígena de tzotziles llamada los chamulas, que había conseguido mantener en gran medida su cultura a pesar de los esfuerzos hispanos por imponer sus costumbres. El sitio en cuestión es San Juan Chamula.

San Juan Chamula

Nada más llegar a San Juan Chamula, no sé si influidos por la información que sabíamos sobre el lugar, ya sentimos que aquel pueblo no era un lugar común. Por las calles sus habitantes con vestimentas sencillas pero ideales para el clima frio habitual a esa altitud, a medida que te cruzas con ellos, los pocos que se atreven a mirarte, te hacen sentir que estás invadiendo un lugar sagrado, que eres aceptado pero sólo de forma temporal.

El primer lugar que te encuentras y que claramente te da pistas de que te encuentras en un lugar "diferente" es el cementerio. Morbosismo aparte, en él no encuentras lápida alguna, sino montículos de tierra bajo los que descansan los huesos de chamulas entre los que incluso se cree permanecen algunos de la época precolombina, y encabezando cada montículo, una cruz. Pero no una cruz "común", entiéndase por común la cruz cristiana importada por los españoles durante la conquista, sino cruces de madera de colores, concretamente verde, azul, negro y blanco. Según se cree, las negras para ancianos (mayores de 52 años), las blancas para niños y verdes y azules para el resto.

San Juan Chamula, cementerio

Esta cruz, aunque parezca mentira, proviene nada más y nada menos que de los tiempos mayas. Originariamente la cruz maya es de color verde forjada en madera, simbolizando la ceiba, el árbol de la vida para la religión maya, el cual divide el cielo y el inframundo. Como os podéis imaginar, los españoles estarían la mar de felices al ver que había tantas cruces al llegar al Nuevo Mundo, pensarían: "¡ya tenemos medio trabajo hecho!".

San Juan Chamula, cruces maya

El otro lugar de interés y principal motivo de visita a San Juan es la iglesia, sí, ésta sí que es católica, aunque en su interior no es que celebren rituales puramente católicos, sino mezclados con ciertos ritos paganos procedentes de la época maya. Lo primero antes de acceder a la iglesia, es pagar religiosamente la entrada, y lo segundo, tener bien claro que si osas a tomar una foto, te arriesgas a que alguna persona del pueblo agarre tu cámara y la estampe contra el suelo, ya ha habido casos así. El motivo no es que en el interior hagan algún tipo de acción ilegal, sino que según sus creencias al tomar una foto de una persona, estás robándole su alma, y a ninguno nos haría gracia algo así, ¿verdad? :-D Aunque con un poco de picardía y osadía por parte de Ewe, un par de fotos pudo sacar sin que nadie se enterase.

San Juan Chamula, iglesia

Nada más cruzar la puerta de la iglesia, enseguida te vuelves a dar cuenta que te encuentras en un lugar único,formado por grupos de personas, cada una concentrada en sus propios rituales. Ambiente con una ligera niebla producto de la quema de copal y mirra, lo que a su vez crea un olor penetrante y místico. Algunas personas haciendo sonar una música simple, repetitiva, a modo de mantra. Todo ello junto con la penumbra del lugar te produce un efecto de malas vibraciones, ¡esto es algo personal eh! A los lados de la iglesia, se encuentran figuras de varios santos, cada uno con su función dentro de las ofrendas. La mayoría de ellos vestidos con varias capas de ropa, en función del número de milagros que haya proporcionado a la comunidad, y una minoría colocados de espaldas, mirando a la pared, por no haber cumplido las peticiones del pueblo.

San Juan Chamula, santos en el interior de la iglesia

Una de las cosas que resulta curiosa es que dentro de la iglesia no hay bancos, ya que las personas que se encuentran orando en lengua totzil, lo hacen de rodillas sobre el suelo, encarando gran número de velas de diferentes tipos, en función del santo al que deseen realizar peticiones. Pero no sólo eso, pudimos comprobar que las leyendas eran ciertas, y eran varias las personas que con una bolsa llena de huevos en la mano, la pasaban alrededor de sus cuerpos y los de sus familiares con intención de que los malos espíritus y enfermedades queden absorbidos. Al igual que los huevos, habías familias con una gallina preparada para el mismo ritual. Los turísticamente atractivo y racionalmente más duro es el hecho de que una vez absorbida la mala energía, es necesario destruir de alguna manera el objeto en cuestión, ya sea enterrando el huevo o la gallina una vez descuartizadas. Lo siento para los más orbosos, pero no nos quedamos para ver el pase final del espectáculo.

Está claro que para visitar un lugar así hay que ir sin prejuicio alguno y con la mente abierta. No me refiero a que compartas las tradiciones que ahí se celebran, pero respetar las creencias de cada uno, por variopintas que puedan parecer. Aunque el hecho de ver que incluso había niños chamules participando en los rituales, nos hizo plantearnos ciertas cuestiones. Si ya desde niño creces con tradiciones así, a una edad en la que lo que te digan te lo crees, lo que ves que hacen tus padres se convierte en un dogma, se convierte en parte de tu cultura personal. Esos niños, ¿al crecer se plantearán en algún momento por qué hacen lo que hacen? ¿o simplemente ejecutan como robots lo que han interiorizado durante años? Y con esto podríamos referirnos en contextos más generales, no sólo en cuanto a la cultura chamula, sino a cualquier cultura del mundo.

Además, observar el gran culto que ofrecían a los santos, a través de figuras, vestimentas, velas, oraciones... Al igual que los antiguos mayas con sus dioses, los egipcios... Nos supuso una muestra más de la falta de responsabilidad por parte del ser humano, o mirándolo por la otra cara, el control de las religiones utilizando diferentes figuras en las que las personas depositen el destino de sus vidas. Soy de la opinión que cada uno es responsable de todo aquello que le pase, sea bueno o no tan bueno. Con cada pensamiento, cada palabra, cada acción y sentimiento estás sembrando tu destino. Si un negocio te va mal, una tormenta arruina tus cosechas, una enfermedad aparece en tu vida, en mi opinión, piensa por qué ha sucedido eso, conocéte a ti mismo para saber por qué atraes algo así, sea bueno o no. Cuánto cambiaría el mundo si comenzásemos a responsibilizarnos de nuestras vidas, y no dejarlas en manos de santos, doctores, políticos...


Tras esta mística experiencia en San Juan Chamula, el siguiente destino del día fue otro pueblo tradicionalmente indígena tzotzil, Zinacantán. No sé si fue porque veníamos de la intensa experiencia en San Juan Chamula, pero a visita a Zinacantán aenas nos ocupó un rápido paseo por la plaza principal del pueblo observando los tradicionales trajes de la región y un par de calles más buscando tortillas hechas a mano sin mucho éxito. Eso sí, fue muy curioso el hecho de que a pesar de haber varios grupos de personas indígenas agrupados en torno a la iglesia y la plaza principal, en el pueblo reinaba un silencio y calma inquietantes. Veíamos como los habitantes se reunían para estar todos juntos, pero en silencio, simplemente disfrutando con su compañía. En muchas ocasiones y según con quien, no son necesarias las palabras para hablar.

 
Zincantán, grupo de hombre en junto a la iglesia

Zinacantán, grupo de mujeres indígenas


Y como última visita de este interesante día, nos esperaba una de las principales joyas que hemos descubierto en México, San Cristóbal de las Casas. ¿Os acordáis del centro histórico de Campeche? Con las casitas de colores, en plan cuento... Pues San Cristóbal es algo parecido, si parecer tan artificial, pero además agrégale un ambiente muy cultural, viajero, joven, espiritual, restaurantes vegetarianos, terracitas para tomar un buen café, mercados con artesanía local... Un paraíso para dos vegetarianos aficionados a los viajes, la vida espiritual y a disfrutar de la tranquilidad de una tazá de té o de café en un local auténtico.

San Cristóbal de las Casas


San Cristóbal de las Casas

Disfrutando de un delicioso almuerzo vegetariano

Además, durante el agradable paseo por la ciudad pudimos sumergirnos un poco más en la cultura chiapanenca tomando una de las bebidas más tradicionales de la región, el pox. Es un licor de maíz (elote en México), bastante fuerte, que hace honor en forma alcohólica al principal producto de la zona, tanto hoy en día como en la cultura maya, ya que según su creencia el primer hombre fue creado a partir de maíz. En la siguiente foto, de no muy buena calidad, no tenéis a los caracoles y Benjamin disfrutando del ritual del pox, que a diferencia del tequila, se toma con una rodaja de naranja y un trozo de cacao. La verdad que prefiero esta opción al limón y la sal...jeje

Los caracoles y Benjamin en pleno ritual de pox

Sin embargo, con lo ajetreado que había sido el día, apenas tuvimos una hora para disfrutar de San Cristóbal con la luz del día, por lo que con lo poco que habíamos percibido del lugar, nos quedó más hambre por ver el lugar. Cosas del destino, o más bien, de nosotros, nos llegó una invitación para volver al de un par de días a San Cristóbal, una invitación para dar un pasito más en uno de los objetivos del viaje, visitar una escuela de educación alternativa llamada el Pequeño Sol. Pero para no bombardearos con tanta información en un sólo día, mejor dedicar un post a la visita y así compartir con vosotros algunas reflexiones sobre una de mis grandes pasiones, la educación. ¡Nos vemos!

"Si damos un paso para lograr realizar un utopía ésta se alejas un paso; si damos dos pasos, también se aleja dos pasos; así que la utopía sirve para caminar". Osho, El libro del ego.


miércoles, 22 de enero de 2014

La más bella expresión de la naturaleza y el más cruel trato por el hombre

Nueva estación de bus, nueva ciudad que nos acogería, nueva cama donde dormir, nuevas personas con las que convivir. Son hechos que se van convirtiendo en habituales después de unos meses viajando. Pasas unos días establecido en un lugar, al poco tiempo te vas familiarizando con las calles, la gente, cada vez necesitas consultar menos el mapa para orientarte. Y cuando crees que más o menos te has hecho al lugar, toca cambio de rumbo. Quizá algún día esta constante incertidumbre, esta explosión de experiencias pueda llegar a cansarnos, de momento disfrutamos cada momento que toca volver a hacer la mochila, cada bus que tomamos para dirigirnos a un nuevo lugar, cada mirada con ojos de niño que está descubriendo continuamente nuevas cosas.

En esta ocasión, la cosa no fue tan traumática como parece... :-P Ya que en nuestro nuevo destino, Tuxtla Gutiérrez, la capital del estado de Chiapas, nos esperaba nuestro amigo Benjamin, que como ya comenté en el último post conocí durante la etapa por Jordania. Con él no sólo nos esperaban 7 días de descubrimiento de Chiapas, no sólo nos esperaba una mansión increíble en la que alojarnos, sino además una familia que nos acogió como amigos de siempre, una hospitalidad de esas que no ve el horizonte, un amor y un cariño que convirtieron esta etapa en algo realmente especial.

Ewe y Benjamin en la maquinota que nos llevó a descubrir Chiapas

Nuestro HOGAR durante la estancia en Tuxtla

Para el primer día de visita por la zona, Benjamin nos tenía preparado uno de los platos fuertes de la etapa mexicana y de todo aquel que visita México: el cañón del sumidero. Es un cañón impresionante, de lo más bonito que he visto nunca, con acantilados que llegan hasta los 1000 metros y pudiendo ver a lo largo del recorrido en lancha originales formas rocosas, caídas de agua con efecto mágicas, fauna variada...

 Para empezar a abrir boca y crear expectación, Benjamin primero nos llevó a unos miradores desde los que puedes empezar a hacerte una idea de la magnitud del cañón, aparte de tener la posibilidad de ver algunas aves rapaces. Pero como muy bien nos dijo Benjamin, hasta que no estás abajo no percibes lo que de verdad el cañón te puede ofrecer.

Cañón del Sumidero desde uno de los miradores

La excursión por el curso del cañón se hace en lanchas con otras 20 personas aproximadamente. Aunque hay varios puntos para empezar el recorrido, por recomendación de Benjamin fuimos a un pueblo llamado Chiapa de Corzo, ya que desde ahí son más baratas las excursiones. Pero antes de adentrarno por las profundidades del cañón, ya teníamos esperándonos a los primeros protagonistas del día, dos lindos animalitos muy simpáticos y dulces posando como modelos para deleite de las cámaras.


Dos simpáticos cocodrilos guiándonos en la excursión por el cañón

Y después de la zona más exótica, comenzaba la más sobrecogedora, navegando rodeados por interminables paredes de roca, creando uno de los mejores regalos para la vista. Quizá haya otros cañones en el mundo igual o más impresionantes, en nuestro caso eramos primerizos, y como la primera vez... no hay nada.

Entrada al cañón

Cañón del sumidero

A lo largo del recorrido, no sólo pudimos disfrutar de estar navegando entre esos inmensos acantilados, además las formaciones rocosas nos regalaron figuras en forma de animales acuáticos, e incluso paredes pintadas con pinceles de musgo, que junto con los hilos de agua que caían por ellas, formaban una imagen bellísimas. Simplemente estar delante de ello te envolvía una sensación de bienestar increíble, cierta emoción, una inmersión en lo más parecido al mundo de avatar.

Roca en forma de caballito de mar

Cañón del sumidero, el árbol de Navidad


Agua cayendo por el árbol de Navidad


Peeeero, como ya estaba siendo demasiado habitual por tierras mexicanas, toda imagen bella tenía su sombra que la oscurecía en cierta manera. En este caso, siguiendo con lo comentado en el post de Campeche acerca de la suciedad que se suele ver por las calles, es inevitable que con las lluvias esa basura vaya a parar a lugares tan bonitos como el cañón.


La otra cara del cañón del sumidero

Nos es sumamente dificil comprender este grado de incosnciencia por parte de la sociedad, y no sólo me refiero a la sociedad mexicana, sino a la sociedad en general. Ya que ahora hablamos de México porque nuestro viaje se está desarrollando aquí, pero fácilmente podríamos hablar en este sentido de cualquier parte del mundo, ya sea en forma de consumo irresponsable de los recursos naturales, explotación animal... Parece que nos olvidamos que todo lo que necesitamos para vivir nos lo da la tierra, que la tierra estaba aquí mucho antes de que el ser humano apareciese, por lo que puede sobrevivir perfectamente sin el ser humano, pero el ser humano no podría sobrevivir sin ella... A ver si poco a poco vamos dejando de echarnos piedras sobre nuestros propios tejados.

Tras quedarme a gusto con este breve inciso, tocó poner punto y final a esta maravillosa experiencia paisajística, y qué mejor que celebrarlo con una rica michelada comprada en una improvisada taberna flotante con camareros de las comunidades cercanas.

Michelada para celebrar la experiencia


El pobre Benja y su compi de viaje poco habladora

Ya acabada la excursión, y antes de poner rumbo hacia Tuxtla, paramos en Chiapa de Corzo a comer una ricas quesadillas de nopal (cactus, ¡sin espinas eh!), dar una vueltecilla y así aprovechar a probar una de las bebidas típicas de la zona, el pozol de cacao, una especia de batido de maíz caliente con cacao. Explicado a mi modo, un batido de palomitas con chocolate...jeje. Eso sí, ¡delicioso y muy nutritivo! Además, el pueblo se estaba preparando para las fiestas que empezaban en unos días, por lo que había un ambiente muy bonito.



Chiapa de Corza preparada para la fiesta

Vestidos chiapanencos

Pozol de cacao

Hasta aquí llegó el primer e intenso día en compañía de nuestro inigualable guía Benjamin. En los próximos días días aún nos esperaban grandes aventuras en forma de rituales con animales, ciudades bohemias... Dadme un tiempecillo para cocinar el post y en unos días lo tendréis recién sacadito del horno. ¡Un abrazoo!

"Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol". Martin Luther King 

martes, 21 de enero de 2014

Seguimos a los mayas por Palenque y a la naturaleza en las cascadas de Agua Azul

Llegaba el turno de una nueva ciudad maya, y para llegar a ella, nuestra primera experiencia nocturna viajando en bus, recurso habitual entre viajeros de grande recorrido con necesidad de ahorrarse unas pelillas en alojamiento y de paso ir haciendo kilómetros.

Llegamos a la ciudad de Palenque sobre las 7 de la mañana, y como en el hostal que habíamos reservado no podíamos entrar hasta las 12, teníamos todo el día por delante para ir a visitar las famosas ruina arqueológicas. La verdad que mejor que el plan se fuese formando de esa manera, si llegamos a entrar al hostal la idea de echarnos a dormir habría sido muuuuy tentadora tras las noche busera. Así que tras pegarnos un merecido desayuno, tomamos un colectivo que por 20 pesos cada uno (unos 1,2 €), nos llevó hasta la entrada a las ruinas.

La ciudad maya de Palenque está situada en las profundidades de la selva chiapanenca, incluso se cree que apenas se ha descubierto el 10% de las estructuras que formaron la ciudad, quedando el resto ocultas por la selva. Ya simplemente sabiendo esto, vas caminando por la selva de la ciudad y cada montículo que ves deja volar a tu imaginación.

Palenque, entrada a las ruinas

A modo de curiosidad comentar que el nombre de Palenque proviene del catalán, de la palabra palenc, que significa fortificación, nombre que escogió para el lugar fray Pedro Lorenzo de la Nada, primer europeo en llegar a la zona.

Al igual que nos pasó con Uxmal, una de las características que más nos gustó de Palenque fue el entorno natural en el que se encuentra la ciudad arqueológica, con la selva de Chiapas rodeándote a medida que recorres el lugar, e incluso pudiéndote adentrar en sus profundidades, observando cómo la naturaleza va ganando terreno a la historia, y disfrutando de la compañía de inmensos árboles y el sonido intimidante de monos aulladores, que para quien no los conozca, como nos pasó a nosotros, para defender su territorio emiten un grito muy parecido al rugido de un jaguar, por lo que al oírlos las primeras veces os podréis imaginar lo pequeñito que se hizo algún agujerito corporal... :-P

Palenque, ruinas en el interior de la selva

 Entre los principales edificios de la ciudad maya de Palenque, destacan el Templo de las Inscripciones, una pirámide escalonada conocida así porque en su interior se encontraron tres placas con inscripciones jerogíflicas, que relatan los detalles de la eṕoca de gobernanza de la ciudad por parte de Pacal el Grande. Además, en este mismo templo se descubrió una losa que ocultaba un pasadizo subterráneo que descendía la pirámide para llegar a la tumba de Pacal, cubierta por una sustancia venenosa al tacto para evitar saqueos y profanaciones.


 Palenque, Templo de las Inscripciones

Junto al Templo de las Inscripciones, el edificio más emblemático y más extenso de Palenque es El Palacio. No tanto porque impresione sobremanera al verlo, sino por la variedad de estructuras por las que está formado: escalinatas, una torre de observación, patios, pasillos, arcos... Una estupenda ocasión para recorrerlo e introducirte con la imaginación en la vida de los gobernantes que allí habitaron. Destaca a nivel personal dentro del Palacio el patio de los cautivos, un pequeño espacio rodeado de muros con placas grabadas en muy buen estado, representando a diferentes gobernantes de otras ciudades mayas, rindiendo culto a la ciudad de Palenque.

 Palenque, el Palacio con la torre de observación




 Palenque, inscripción del patio de los cautivos

Además del Templo de las Inscripciones, en Palenque hay un conjunto de 3 pirámides escalonadas, destacando el Templo de la Cruz. No os penséis que tiene algun motivo católico, los españoles aún estaban intentando recuperar el país de mano musulmanas por aquellos tiempos, la cruz representaba para los mayas el árbol de la vida, situado en el nivel central del mundo, acompañado en la parte superior por el "cielo" y en la parte inferior por el inframundo.

Palenque, Templo de la Cruz

Palenque, vistas desde el Templo de la Cruz 

La verdad que Palenque bien nos dio para pasar más de 3 horas divertidas y variadas, con posibilidad de subir a la mayoría de templos e incluso disfrutar de uno de los paisejaes naturales más bonitos que habíamos descubierto hasta ese momento durante todo el viaje.

Palenque y la bailarina maya

Espectáculo natural en Palenque


Después de la bien aprovecha visita disfrutando de las delicias que nos regalaron los mayas y la naturaleza, lo único que ocupaba nuestra mente era meternos entre pecho y espalda una buena comida y después premiarnos con una buena siesta, que tras la noche en el bus apenas habíamos descansado y comido. Además, durante la comida tuvimos una compañera inesperada, al parecer recién aficionada a la fotografía y profesional en llegar al corazón con su sonrisa.

No regalo como una sonrisa sincera, expresa felicidad y regala felicidad

Al día siguiente por la tarde teníamos previsto tomar un bus hacia Tuxtla Gutiérrez, capital de la región de Chiapas. Así que como teníamos toda la mañana y parte de la tarde disponibles, aprovechamos para dejar las mochilas en el hostal, e ir a visitar las conocidas cascadas de Agua Azul. 

Dicho y hecho, tomamos un colectivo en el que acompañados de gente local y algún que otro animal de granja, en algo menos de 2 horas nos dejó en un cruce para acceder a las cascadas, eso sí, después de caminar unos 40 minutos para desgracia de los taxistas que hacen el negocio por esa zona.

A medida que te vas acercando a las cascadas, el sonido del agua demostrando su fuerza empieza a envolverte, y a medida que empiezas a ver el espectáculo que te ofrece la naturaleza no te queda más que observar, disfrutar y aplaudir con el corazón.

Cascadas de Agua Azul

Cascadas de Agua Azul

Disfrutando como niños bajo la cascada


Aunque las cascadas se llaman Agua Azul, porque la mayor parte del año los descansos de agua que forman las cascadas tienen ese color, creando un efecto muy bonito, las lluvias de los últimos días nos privaron de disfrutar del espectáculo. Aún así, es mágico el simple hecho de observar el curso del agua, el tener cascadas de diferentes estilos, para todos los gustos, desde cascadas caudalosas que a nada que te acercas te empapan enterito, como las de las fotos anteriores, de lo cual podemos dar fe. Y cascadas en forma de pequeños hilos de agua, que todos juntos acompañados del entorno que los rodea forman un cuadro propio del más talentoso artista.

Cascadas de Agua Azul

 Cascadas de Agua Azul


Después de la excursioncilla y de sentir esa sensación increíble y característica que surge cuando estás rodeado de naturaleza, nos pusimos en camino de vuelta, no sin antes meter para el cuerpo un poco de alimento en forma de quesadillas riquísimas con un par de micheladas para digerirlas mejor. (Las micheladas son muy populares en México, es cerveza mezclada con una salsa que lleva limón, sal, salsa inglesa y tabasco, ¡una delicia!)

Mimando el paladar

Y es que aunque en México, país extremadamente carnívoro, no es fácil probar la comida local para dos vegetarianos como nosotros, algún capricho de vez en cuando nos podemos dar en forma de quesadillas,  huarache, nachos, guacamole...

Ya de vuelta en el pueblo de Palenque, a coger las mochilas en el hostal, y de nuevo en movimiento hacia un nuevo destino. En este caso Tuxtla Gutiérrez, donde nos esperaba Benjamin, otro viajero que conocí durante la etapa por Jordania, cuando fuí al desierto con los beduinos. ¿Os acordáis? jeje. Me encantan estas cosas, un día conoces a un mexicano yendo al desierto con unos beduinos en Jordania, y dos meses después estás yendo a la ciudad donde vive ese mexicano para alojarte en su casa. ¡I love this game! Pero los detalles del encuentro con Benjamin, su increíble familia y las delicias que descubrimos por Chiapas tendrán que esperar a los próximos post, ¡sed pacientes!

 "En la cárcel del miedo, el prisionero tiene la llave y no lo sabe". Anthony de Mello