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miércoles, 22 de enero de 2014

La más bella expresión de la naturaleza y el más cruel trato por el hombre

Nueva estación de bus, nueva ciudad que nos acogería, nueva cama donde dormir, nuevas personas con las que convivir. Son hechos que se van convirtiendo en habituales después de unos meses viajando. Pasas unos días establecido en un lugar, al poco tiempo te vas familiarizando con las calles, la gente, cada vez necesitas consultar menos el mapa para orientarte. Y cuando crees que más o menos te has hecho al lugar, toca cambio de rumbo. Quizá algún día esta constante incertidumbre, esta explosión de experiencias pueda llegar a cansarnos, de momento disfrutamos cada momento que toca volver a hacer la mochila, cada bus que tomamos para dirigirnos a un nuevo lugar, cada mirada con ojos de niño que está descubriendo continuamente nuevas cosas.

En esta ocasión, la cosa no fue tan traumática como parece... :-P Ya que en nuestro nuevo destino, Tuxtla Gutiérrez, la capital del estado de Chiapas, nos esperaba nuestro amigo Benjamin, que como ya comenté en el último post conocí durante la etapa por Jordania. Con él no sólo nos esperaban 7 días de descubrimiento de Chiapas, no sólo nos esperaba una mansión increíble en la que alojarnos, sino además una familia que nos acogió como amigos de siempre, una hospitalidad de esas que no ve el horizonte, un amor y un cariño que convirtieron esta etapa en algo realmente especial.

Ewe y Benjamin en la maquinota que nos llevó a descubrir Chiapas

Nuestro HOGAR durante la estancia en Tuxtla

Para el primer día de visita por la zona, Benjamin nos tenía preparado uno de los platos fuertes de la etapa mexicana y de todo aquel que visita México: el cañón del sumidero. Es un cañón impresionante, de lo más bonito que he visto nunca, con acantilados que llegan hasta los 1000 metros y pudiendo ver a lo largo del recorrido en lancha originales formas rocosas, caídas de agua con efecto mágicas, fauna variada...

 Para empezar a abrir boca y crear expectación, Benjamin primero nos llevó a unos miradores desde los que puedes empezar a hacerte una idea de la magnitud del cañón, aparte de tener la posibilidad de ver algunas aves rapaces. Pero como muy bien nos dijo Benjamin, hasta que no estás abajo no percibes lo que de verdad el cañón te puede ofrecer.

Cañón del Sumidero desde uno de los miradores

La excursión por el curso del cañón se hace en lanchas con otras 20 personas aproximadamente. Aunque hay varios puntos para empezar el recorrido, por recomendación de Benjamin fuimos a un pueblo llamado Chiapa de Corzo, ya que desde ahí son más baratas las excursiones. Pero antes de adentrarno por las profundidades del cañón, ya teníamos esperándonos a los primeros protagonistas del día, dos lindos animalitos muy simpáticos y dulces posando como modelos para deleite de las cámaras.


Dos simpáticos cocodrilos guiándonos en la excursión por el cañón

Y después de la zona más exótica, comenzaba la más sobrecogedora, navegando rodeados por interminables paredes de roca, creando uno de los mejores regalos para la vista. Quizá haya otros cañones en el mundo igual o más impresionantes, en nuestro caso eramos primerizos, y como la primera vez... no hay nada.

Entrada al cañón

Cañón del sumidero

A lo largo del recorrido, no sólo pudimos disfrutar de estar navegando entre esos inmensos acantilados, además las formaciones rocosas nos regalaron figuras en forma de animales acuáticos, e incluso paredes pintadas con pinceles de musgo, que junto con los hilos de agua que caían por ellas, formaban una imagen bellísimas. Simplemente estar delante de ello te envolvía una sensación de bienestar increíble, cierta emoción, una inmersión en lo más parecido al mundo de avatar.

Roca en forma de caballito de mar

Cañón del sumidero, el árbol de Navidad


Agua cayendo por el árbol de Navidad


Peeeero, como ya estaba siendo demasiado habitual por tierras mexicanas, toda imagen bella tenía su sombra que la oscurecía en cierta manera. En este caso, siguiendo con lo comentado en el post de Campeche acerca de la suciedad que se suele ver por las calles, es inevitable que con las lluvias esa basura vaya a parar a lugares tan bonitos como el cañón.


La otra cara del cañón del sumidero

Nos es sumamente dificil comprender este grado de incosnciencia por parte de la sociedad, y no sólo me refiero a la sociedad mexicana, sino a la sociedad en general. Ya que ahora hablamos de México porque nuestro viaje se está desarrollando aquí, pero fácilmente podríamos hablar en este sentido de cualquier parte del mundo, ya sea en forma de consumo irresponsable de los recursos naturales, explotación animal... Parece que nos olvidamos que todo lo que necesitamos para vivir nos lo da la tierra, que la tierra estaba aquí mucho antes de que el ser humano apareciese, por lo que puede sobrevivir perfectamente sin el ser humano, pero el ser humano no podría sobrevivir sin ella... A ver si poco a poco vamos dejando de echarnos piedras sobre nuestros propios tejados.

Tras quedarme a gusto con este breve inciso, tocó poner punto y final a esta maravillosa experiencia paisajística, y qué mejor que celebrarlo con una rica michelada comprada en una improvisada taberna flotante con camareros de las comunidades cercanas.

Michelada para celebrar la experiencia


El pobre Benja y su compi de viaje poco habladora

Ya acabada la excursión, y antes de poner rumbo hacia Tuxtla, paramos en Chiapa de Corzo a comer una ricas quesadillas de nopal (cactus, ¡sin espinas eh!), dar una vueltecilla y así aprovechar a probar una de las bebidas típicas de la zona, el pozol de cacao, una especia de batido de maíz caliente con cacao. Explicado a mi modo, un batido de palomitas con chocolate...jeje. Eso sí, ¡delicioso y muy nutritivo! Además, el pueblo se estaba preparando para las fiestas que empezaban en unos días, por lo que había un ambiente muy bonito.



Chiapa de Corza preparada para la fiesta

Vestidos chiapanencos

Pozol de cacao

Hasta aquí llegó el primer e intenso día en compañía de nuestro inigualable guía Benjamin. En los próximos días días aún nos esperaban grandes aventuras en forma de rituales con animales, ciudades bohemias... Dadme un tiempecillo para cocinar el post y en unos días lo tendréis recién sacadito del horno. ¡Un abrazoo!

"Si supiera que el mundo se acaba mañana, yo, hoy todavía, plantaría un árbol". Martin Luther King 

martes, 21 de enero de 2014

Seguimos a los mayas por Palenque y a la naturaleza en las cascadas de Agua Azul

Llegaba el turno de una nueva ciudad maya, y para llegar a ella, nuestra primera experiencia nocturna viajando en bus, recurso habitual entre viajeros de grande recorrido con necesidad de ahorrarse unas pelillas en alojamiento y de paso ir haciendo kilómetros.

Llegamos a la ciudad de Palenque sobre las 7 de la mañana, y como en el hostal que habíamos reservado no podíamos entrar hasta las 12, teníamos todo el día por delante para ir a visitar las famosas ruina arqueológicas. La verdad que mejor que el plan se fuese formando de esa manera, si llegamos a entrar al hostal la idea de echarnos a dormir habría sido muuuuy tentadora tras las noche busera. Así que tras pegarnos un merecido desayuno, tomamos un colectivo que por 20 pesos cada uno (unos 1,2 €), nos llevó hasta la entrada a las ruinas.

La ciudad maya de Palenque está situada en las profundidades de la selva chiapanenca, incluso se cree que apenas se ha descubierto el 10% de las estructuras que formaron la ciudad, quedando el resto ocultas por la selva. Ya simplemente sabiendo esto, vas caminando por la selva de la ciudad y cada montículo que ves deja volar a tu imaginación.

Palenque, entrada a las ruinas

A modo de curiosidad comentar que el nombre de Palenque proviene del catalán, de la palabra palenc, que significa fortificación, nombre que escogió para el lugar fray Pedro Lorenzo de la Nada, primer europeo en llegar a la zona.

Al igual que nos pasó con Uxmal, una de las características que más nos gustó de Palenque fue el entorno natural en el que se encuentra la ciudad arqueológica, con la selva de Chiapas rodeándote a medida que recorres el lugar, e incluso pudiéndote adentrar en sus profundidades, observando cómo la naturaleza va ganando terreno a la historia, y disfrutando de la compañía de inmensos árboles y el sonido intimidante de monos aulladores, que para quien no los conozca, como nos pasó a nosotros, para defender su territorio emiten un grito muy parecido al rugido de un jaguar, por lo que al oírlos las primeras veces os podréis imaginar lo pequeñito que se hizo algún agujerito corporal... :-P

Palenque, ruinas en el interior de la selva

 Entre los principales edificios de la ciudad maya de Palenque, destacan el Templo de las Inscripciones, una pirámide escalonada conocida así porque en su interior se encontraron tres placas con inscripciones jerogíflicas, que relatan los detalles de la eṕoca de gobernanza de la ciudad por parte de Pacal el Grande. Además, en este mismo templo se descubrió una losa que ocultaba un pasadizo subterráneo que descendía la pirámide para llegar a la tumba de Pacal, cubierta por una sustancia venenosa al tacto para evitar saqueos y profanaciones.


 Palenque, Templo de las Inscripciones

Junto al Templo de las Inscripciones, el edificio más emblemático y más extenso de Palenque es El Palacio. No tanto porque impresione sobremanera al verlo, sino por la variedad de estructuras por las que está formado: escalinatas, una torre de observación, patios, pasillos, arcos... Una estupenda ocasión para recorrerlo e introducirte con la imaginación en la vida de los gobernantes que allí habitaron. Destaca a nivel personal dentro del Palacio el patio de los cautivos, un pequeño espacio rodeado de muros con placas grabadas en muy buen estado, representando a diferentes gobernantes de otras ciudades mayas, rindiendo culto a la ciudad de Palenque.

 Palenque, el Palacio con la torre de observación




 Palenque, inscripción del patio de los cautivos

Además del Templo de las Inscripciones, en Palenque hay un conjunto de 3 pirámides escalonadas, destacando el Templo de la Cruz. No os penséis que tiene algun motivo católico, los españoles aún estaban intentando recuperar el país de mano musulmanas por aquellos tiempos, la cruz representaba para los mayas el árbol de la vida, situado en el nivel central del mundo, acompañado en la parte superior por el "cielo" y en la parte inferior por el inframundo.

Palenque, Templo de la Cruz

Palenque, vistas desde el Templo de la Cruz 

La verdad que Palenque bien nos dio para pasar más de 3 horas divertidas y variadas, con posibilidad de subir a la mayoría de templos e incluso disfrutar de uno de los paisejaes naturales más bonitos que habíamos descubierto hasta ese momento durante todo el viaje.

Palenque y la bailarina maya

Espectáculo natural en Palenque


Después de la bien aprovecha visita disfrutando de las delicias que nos regalaron los mayas y la naturaleza, lo único que ocupaba nuestra mente era meternos entre pecho y espalda una buena comida y después premiarnos con una buena siesta, que tras la noche en el bus apenas habíamos descansado y comido. Además, durante la comida tuvimos una compañera inesperada, al parecer recién aficionada a la fotografía y profesional en llegar al corazón con su sonrisa.

No regalo como una sonrisa sincera, expresa felicidad y regala felicidad

Al día siguiente por la tarde teníamos previsto tomar un bus hacia Tuxtla Gutiérrez, capital de la región de Chiapas. Así que como teníamos toda la mañana y parte de la tarde disponibles, aprovechamos para dejar las mochilas en el hostal, e ir a visitar las conocidas cascadas de Agua Azul. 

Dicho y hecho, tomamos un colectivo en el que acompañados de gente local y algún que otro animal de granja, en algo menos de 2 horas nos dejó en un cruce para acceder a las cascadas, eso sí, después de caminar unos 40 minutos para desgracia de los taxistas que hacen el negocio por esa zona.

A medida que te vas acercando a las cascadas, el sonido del agua demostrando su fuerza empieza a envolverte, y a medida que empiezas a ver el espectáculo que te ofrece la naturaleza no te queda más que observar, disfrutar y aplaudir con el corazón.

Cascadas de Agua Azul

Cascadas de Agua Azul

Disfrutando como niños bajo la cascada


Aunque las cascadas se llaman Agua Azul, porque la mayor parte del año los descansos de agua que forman las cascadas tienen ese color, creando un efecto muy bonito, las lluvias de los últimos días nos privaron de disfrutar del espectáculo. Aún así, es mágico el simple hecho de observar el curso del agua, el tener cascadas de diferentes estilos, para todos los gustos, desde cascadas caudalosas que a nada que te acercas te empapan enterito, como las de las fotos anteriores, de lo cual podemos dar fe. Y cascadas en forma de pequeños hilos de agua, que todos juntos acompañados del entorno que los rodea forman un cuadro propio del más talentoso artista.

Cascadas de Agua Azul

 Cascadas de Agua Azul


Después de la excursioncilla y de sentir esa sensación increíble y característica que surge cuando estás rodeado de naturaleza, nos pusimos en camino de vuelta, no sin antes meter para el cuerpo un poco de alimento en forma de quesadillas riquísimas con un par de micheladas para digerirlas mejor. (Las micheladas son muy populares en México, es cerveza mezclada con una salsa que lleva limón, sal, salsa inglesa y tabasco, ¡una delicia!)

Mimando el paladar

Y es que aunque en México, país extremadamente carnívoro, no es fácil probar la comida local para dos vegetarianos como nosotros, algún capricho de vez en cuando nos podemos dar en forma de quesadillas,  huarache, nachos, guacamole...

Ya de vuelta en el pueblo de Palenque, a coger las mochilas en el hostal, y de nuevo en movimiento hacia un nuevo destino. En este caso Tuxtla Gutiérrez, donde nos esperaba Benjamin, otro viajero que conocí durante la etapa por Jordania, cuando fuí al desierto con los beduinos. ¿Os acordáis? jeje. Me encantan estas cosas, un día conoces a un mexicano yendo al desierto con unos beduinos en Jordania, y dos meses después estás yendo a la ciudad donde vive ese mexicano para alojarte en su casa. ¡I love this game! Pero los detalles del encuentro con Benjamin, su increíble familia y las delicias que descubrimos por Chiapas tendrán que esperar a los próximos post, ¡sed pacientes!

 "En la cárcel del miedo, el prisionero tiene la llave y no lo sabe". Anthony de Mello