jueves, 19 de junio de 2014

Cusco II: Descubriendo las habilidades incas en las cercanías de Cusco y el Valle Sagrado

Aunque en el último post quedó patente que simplemente por las atracciones que ofrece la ciudad de Cusco, esta ciudad debe ser un destino obligado en todo viaje a Perú, a las delicias de la antigua capital del Imperio Inca se une la gran variedad de restos arqueológicos incas situados a lo largo del famoso Valle Sagrado, tanto en las cercanías de Cusco como a un par de horas en bus. Quizá algunos penséis: “¡Nooo! ¡Más piedras noooo!”. Yo tampoco es que sea un fanático de la arqueología, más que nada por desconocimiento de la materia, pero una vez que te sumerges en la historia y cultura dueñas de dichos restos arqueológicos, una vez que te percibes como todas esas piedras hablan y te cuentan al oído de forma personal por qué están ahí, para qué y cómo llegaron ahí, te das cuenta que cada visita a estos lugares es una clase de historia, de arquitectura, de filosofía, de misticismo.

Cerca de Cusco, a menos de 1 hora de caminata el más cercano, se encuentran 4 complejos arqueológicos incas: Saqsaywaman, Qenqo, Puka Pukara y Tambomachay. Cada uno de ellos diferentes, cada uno de ellos especial a su manera, cada uno de ellos mereciendo mucho la pena la visita.

El complejo más cercano a Cusco, se eleva uno 200 metros sobre la ciudad, de manera que después de 40 minutos caminando cuesta arriba, por fin llegas con el corazón bombeando como loco (recordad que estamos a más de 3400 metros) a la entrada del complejo de Saqsaywaman. Ya habíamos tenido un adelanto acerca de la impresionante habilidad de los incas para construir muros con piedra de tamaño increíble, pero cuando llegas a Saqsaywaman, y ves esos muros de más de 5 metros de altura, compuestos por piedras en alguno casos de más de 100 toneladas, te quedas alucinado.

 Uno de los impresionantes muros de Saqsaywaman

Existen múltiples teorías respecto a cómo los incas fueron capaces no sólo de transportar semejantes rocas, sino además de lograr contruir con ellas esos muros, consiguiendo una unión perfecta entre ellas, de manera que no cabe ni una hoja en sus uniones. Teorías desde el uso de compuestos naturales a base de plantas que desgastaban la piedra, uso de calor con espejos... Lo que es cierto, es que a día de hoy los científicos no han sido capaces de exponer una explicación unánime para saber cómo estos incas se las arreglaban para construir estas estructuras, ¿quién dijo que el tiempo es sinónimo de evolución? :-D


 Restos de Saqsaywaman

Después de alucinar durante un par de horas en Saqsaywaman y charlar un ratillo con una viajera polaca jubilada, la cual tras contarle nuestra historia del viaje nos pidió una foto para mostrar a sus conocidos como siempre es posible cumplir los sueños, pusimos rumbo a la segunda visita del día, las ruina de Q'inqu, zig-zag en quechua. En este caso se trata de un complejo arqueológico mucho menos impresionante que Saqsaywaman, al menos en el sentido más superficial de tamaño. El sitio de Q'inqu se cree que representa uno de los lugares con mayor energía y más sagrada para la cultura inca, ya que en el reducido espacio que ocupa el complejo se concentran varias wakas (piedras sagradas). Así que en la visita a Q'inqu, creo que ya depende del nivel de escepticismo, fe o conexión con aquello que no podemos ver, ni tocar, ni oir, ni oler, para que la significancia de pasear entre los restos arqueológicos se quede en unas simples piedras o en una cercanía a la espiritualidad inca. En mi caso, me quedé con la segunda opción.


 Piedras sagradas, o wakas, en Q'inqu

Y tras un poco de recarga energética, cual conejito de Durazel, de camino hacia las 3ª visita arqueológica del día. Aunque pueda parece parecer algo cansado ver tanto resto arqueológico en un mismo días, como dije al principio del post, el hecho de cada cada complejo tiene sus particularidades hace que sea muy amena la excursión por los diferentes sitios.

Ahora tocaba el turno de Puka Pukara, fortaleza roja en quechua, se cree representó una fortaleza destinada a la defensa de la ciudad de Cusco, ya que está situado sobre un alto desde el que podían divisar la llegada de posible amiguitos o enemigos.


 Restos de Puka Pukara

En el caso de Puka Pukara, destaca que por su estado de conservación, se distingue muy claramente la distribución del complejo arqueológico, con la parte frontal que sirve de entrada, una estructura circular que permitía una vista de 360º desde la que vigilar la llegada de inminentes visitantes, y dos terrazas desde las que conseguían vigilar a larga distancia el valle de Cusco. Aparte de poder vivir de forma muy real cómo utilizaban este lugar la población inca hace más de 500 años, el principal atractivo de Puka Pukara son las vistas que te regala del valle de Cusco.

Vistas del valle de Cusco

Y como postre de aquel intenso día de historia inca contada a través de sus construcciones, quedó el sitio de Tambomachay, lugar de descanso en quechua. Según las teorías, fue un lugar destinado al culto del agua y para el descanso del jefe del Imperio Inca. Vamos, lo que hoy son los parques acuáticos, pues algo así era Tambomachay para los incas...jeje. Claro está, teniendo en cuenta que dudo que en los parque acuáticos la gente tenga algún sentimiento de culto espiritual hacia el agua, :-D. Precisamente este culto al agua, hizo que el lugar este formado por un complejo sistema de acueductos y canales, los cuales hacen que la visita sea muy relajante ya que puedes oir el correr del agua a lo largo de varias estructuras. Porque, aparte de dar ganas de mear, ¿a quién no le relaja oir el flujo del agua?

 Restos de Tambomachay

Y como curiosidad, en la entrada al lugar de Tambomachay, nos encontramos con una divertida sorpresa en forma de la alpaca más coqueta que hemos visto durante todo el viaje. La muy presumida, sabía cómo resaltar la mirada...jiji

La alpaquita presumida

Con todo esto dejamos atrás el día dedicado a los restos incas de las cercanías de Cusco. Pero no penséis que esto acaba aquí, ¡todavía nos quedan mas restos de los que hablar! Jeje. Tranquilos, que os aseguro que merece la pena conocerlos.

El Valle Sagrado de los incas es un valle, lógico ¿verdad? Que se extiende desde la ciudad de Pisaq hasta Ollantaytambo, el cual fue muy bien aprovechado por los incas por sus condiciones en cuanto a la riqueza mineral de su suelo. Por ello, hoy en día existen decenas de restos arqueológicos a lo largo de este valle, como de los que os he hablado antes en las cercanías de Cusco. Aparte de éstos, existen otros resto algo más alejados de Cusco, como los de Pisaq, Chinchero, Ollantaytambo, Moray... Tal y como os contaba antes, cada uno de ellos diferent, espectacular y con sus particularidades. Aunque estábamos disfrutando mucho de las visitas incas que habíamos hecho hasta ese momento, tampoco era cuestión de recorrernos toooodo el Valle Sagrado, más que nada porque las distancias se van alargando. Así que finalmente decidimos por pasar una noche en el pueblo de Ollantaytambo, y así visitar sus restos y el sitio arqueológico de Moray, situado a 45 minutos de Ollantaytambo.

El pueblo de Ollantaytambo es la única población inca en Perú que a día de hoy aún permanece habitada, en tiempos incas y durante la conquista española fue utilizada como lugar de cultivo y foratelza. Mientras paseas por sus estrechas calles, es como si viajaras a aquellos veranos de la infancia que pasabas en el pueblo de tus abuelos, entre casas de piedra, adobe, calles empedradas, cuadras, donde todo el mundo se conocía... Eso sí, con las diferencias de en lugar de encontrarte al tío Saturnino, te encuentras con gente indígena con sus típicas vestimentas, y en los muros de las calles, como pasa en Cusco, se mezclan las bases formadas por las piedras de tiempos incas con la parte superior completada durante la época colonial. Toda una terapia de tranquilidad y buen ambiente para pasar el día.


 Callejuelas de Ollantaytambo

Eso sí, como pasa en muuuucho sitios, basta que algún iluminado descubra unos restos arqueológicos para que el pueblo más cercano le toque la lotería en forma de explotación turística. Y Ollantaytambo no es menos en este sentido, es un pueblo pequeñito, acogedor, tranquilo, pero con hostales, restaurantes y tiendas de souvenirs por todas partes. Y sobre todo en lo que respecta al alojamiento, con unos precios desorbitados para ser el lugar que es.

Tras pasar una muy agradable tarde-noche en el pueblo, al día siguiente nos pusimos de nuevo el uniforme de exploradores incas y a patear los restos arqueológicos. Los que se encuentran en Ollantaytambo, destacan por las terrazas de cultivo y de contención de gran tamaño que adornan las montañas que rodean al pueblo. Todo un sistema muy avanzado e inteligente para el cultivo de diferentes productos, aprovechando las diferencias de temperatura, tipo de suelo, tipo de cultivo, que usaban los incas en cada una de las terrazas. Y por supuesto, las vistas que te regalan al estar en lo alto de las terrazas no tienen precio.


Terrazas de Ollantaytambo

Vistas del pueblo de Ollantaytambo

 Gran parte de los resto de Ollantaytambo

Tras pasar un par de horas recorriendo arriba y abajo las ruinas de Ollantaytambo, pusimos rumbo a Moray, donde para llegar tuvimos que tomar un colectivo, un bus, y finalmente un taxi con el que negociar la ida y vuelta al lugar arqueológico incluyendo 40 minutos de espera mientras lo visitábamos.

Las ruinas de Moray fueron para nosotros las más curiosas de todas las visitadas. Según las teorías, los incas utilizaron este lugar para la experimentación agrícola, ya que se trata de un conjunto de terrazas en forma circular, donde desde la terraza superior a la inferior hay una diferencia de hasta 15ºC, por lo que las cada terraza contaba con unas condiciones meterológicas particulares, lo que les vino de maravilla para experimentar diferentes tipos de cultivos en diferentes condiciones, todo en el mismo lugar. Unos tíos listos, ¿eh?


 Diferentes vistas de las terrazas de Moray


Desgaciadamente, entre el poco tiempo que teníamos para visitar al lugar ya que el taxista nos esperaba, y la falta de aire entre que subías y bajabas las terrazas, no pudimos experimentar los supuestos cambios de temperatura entre un nivel y otro, aunque las vistas y el ejercicio para el culito no nos lo quitó nadie.

¿Seguís despiertos? ¿Habéis podido leer la chapa arqueológica hasta aquí? Mi más sincera enhorabuena, no sé ni si yo mismo lo hubiese aguantado. La buena noticia es que por hoy se acabaron los resto arqueológicos. Aunque supongo que alguno estaréis pensando: “tanto rollo de resto arqueológicos incas, pero, ¿qué pasa con los resto más conocidos? ¿El principal destino turístico de Perú? ¿Qué pasa con MACHU PICHU?”. Tranquiiiilos, que saciaré vuestras más opytimistas pretensiones. Esperad unos días al siguiente post y ¡tendréis Machu Pich hasta en la sopa! Jeje

¡Un abrazo!

 "Con mis maestros he aprendido mucho; con mis colegas, más; con mis alumnos, todavía más." Proverbio hindú.

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