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viernes, 18 de julio de 2014

Nos recibe una Bolivia diferente en Sucre con su calorcito y buen ambiente

En el reciente post sobre La Paz, os comentaba que las expectativas al llegar no eran demasiado altas, al tratarse de una gran ciudad, con el consiguiente bullicio, tráfico... Pero finalmente resultó ser una buena lección para evitar futuros prejuicios. En el caso de Sucre, todo lo contrario, las expectativas eran muy buenas, todos los viajeros con los que nos habíamos cruzado nos decían que con diferencia era la ciudad más bonita y agradable de Bolivia, ¡y resultó ser totalmente cierto!

Pero, ¿qué es lo que tiene Sucre comparada con el resto de Bolivia para que sea tan atractivo? En primer lugar, sobre todo siendo invierno como ahora, ¡que tiene un clima buenísimo! Calorcito por el día y un poco de fresquito por la noche.  Y segundo, que es una ciudad cuyo centro se parece más a un pueblito de estilo colonial en el que todos se conocen que a una gran ciudad, centro en el que se concentra gran parte del pasado histórico boliviano. Dudo que con esta breve descripción Sucre haya conseguido robaros el corazón, así que mejor explayarme un poco más acerca de la segunda ciudad de Bolivia declarada Patrimonio Cultural de la Humanidad, tras Potosí.

Ya comenté en el último post, que el camino para llegar a Sucre desde Cochabamba podría decirse que no fue del todo placentero. Sino que lo más placentero es el hecho de poder contarlo... A esto se unió el hecho de que como con el kamikaze del conductor quinceañero llegamos hora y media antes de lo previsto, ahí estábamos, a las 4 de la mañana, con la terminal aún cerrada, en la fria noche de Sucre... Por suerte, si a alguna ciudad de Bolivia tienes que llegar a esas horas sin alojamiento reservado mejor que sea Sucre, ya que nos dirigimos a un hostal que nos había recomendado una pareja francesa que conocimos en Cochabamba, y a pesar de la cara de dormido del encargado, aceptó que nos quedásemos esa misma noche a muy buen precio.

A la tarde del mismo día, ya descansaditos, duchaditos y bien alimentados, comenzamos con la exploración de la capital de Bolivia. Ya al llegar a la plaza central, conocida como 25 de Mayo, fecha en que comenzó la independencia de América Latina, pudimos comprobar que las afirmaciones que dicen que es la plaza más bonita de Bolivia tenían su punto de razón.

 
 Diferentes vistas de la plaza 25 de Mayo

Protegida por edificios coloniales, la catedral metropolitana o el palacio de Gobierno, y con su corazón palpitante de palmeras, limpiadores de zapatos, la vida social de la ciudad en pleno esplendor, y la estatua de Jose Antonio Sucre en el centro, mano derecha del libertador Simón Bolívar durante la independencia de Sudamérica, y primer presidente de Bolivia.

Tras una paradita en la oficina de turismo, (¡cuánto tiempo sin poder visitar una!), y aún con el subidón de la llegada al nuevo destino y de poder estar en la calle con menos de 3 capas de ropa, nos dirigimos a la primera visita cultural en Sucre, la imprescindible Casa de la Libertad, un importantísimo icono en la historia de este país andino, antes conocido como el "Alto Perú", ya que en este edificio fue donde tal día 6 de Agosto de 1825, se firmó el Acta de Independencia de la República de Bolivia.


 Entrada de la Casa de la Libertad

La Casa de la Libertad, está dividida en diferentes salas, como la sala virreinal, con objetos de los siglos XVI, XVII y XVIII, y con explicaciones de la historia de la actual Bolivia, desde su conquista inca hasta su independencia; la sala de los guerrilleros, como homenaje a aquellos que lucharon por la liberación del país, con objetos tan simbólicos como la espada utilizada en varias batallas por Jose Antonio Sucre o la primera bandera argentina; la sala de los diputados, en homenaje a los miembros del Senado que participaron en la Asamble de Independencia... Pero destaca por encima de todas la Sala de la Independencia, tanto por belleza, dimensiones y significado. En esta sala, ahora presidida por los retratos de Simón Bolívar, Jose Antonio Sucre y el general José Balivián, fue donde se reunió el primer Congreso Constituyente de la Nación y se firmó el Acta de la Independencia de Bolivia. Una sala en la que por su genial estado de conservación y reproducción, no es difícil viajar casi 600 años atrás, y sentir esa mezcla de alegría, orgullo y liberación al celebrar al acto de independencia.

 Sala de la Independencia en la Casa de la Libertad

Visitas históricas aparte, Sucre es de esas ciudades-pueblo que ya es una delicia simplemente pasear por las calles del centro, adornadas por bonitos edificios blancos, o alejarte unas pocas cuadras para disfrutar de las voces infantiles y la prueba de paciencia de los padres en alguno de los parques que ponen la nota verde a la ciudad.

Calle del centro de Sucre

Teatro Municipal de Sucre

Parque Bolívar en Sucre

Otra de las actividades sumamente recomendables a hacer en Sucre, es darse un pequeño paseo hasta el Museo de Arte Indígena, durante el que pondréis a prueba los glúteos subiendo las empinadas cuestas, lo que a su vez te recompensa con unas boonitas vistas de la ciudad, aparte de llegar al mencionado museo. El museo ofrece una exposición sobre las costumbres y cultura de las principales etnias de la región de Chuquisaca, como son la Jalq'a y Tarabuco, sobre todo centrado en su faceta más característica, la confección de textiles.

Plaza de la Recoleta

Vistas de Sucre

Pero de este tema ya hablaré con más profundidad en el siguiente post, en el que os contaré una trabajo de investigación exhaustivo sobre las comunidad Jalq'a...  Simplemente comentar que la visita al museo merece mucho la pena, en un primer momento por abrir nuestros ojos a nuevas etnias y nuevas esperanzas sobre el mantenimiento de bonitas costumbres, y posteriormente por abrir nuestra conciencia hacia el sentido crítico y la necesidad de experimentar todo de forma personal para poder valorarlo.

Sobre la comunidad Tarabuco, simplemente comentar que nos acercamos un día a su famoso mercado artesanal dominical. Mercado que de artesanal poco tiene, ya que está compuesto en una parte por indígenas vendiendo las típicas ropas y productos bolivianos que te encuentras en cada ciudad turísticas, seguramente fabricados en China, y por otra parte, la más local, gente vendiendo DVDs, ropa o los productos obtenidos de las cosechas.

Niños de Tarabuco con almas de modelo


Perspectivas del mercado de Tarabuco

Y como no, no podía faltar la sección gastronómica dedicada a Sucre. Sin muchas novedades en cuanto a descubrimientos de productos locales, pero grandes experiencias sobre todo en el restaurante vegetariano Condor Café, protagonista de largas horas de buena comida y conversación, y en el mercado central, en el que de nuevo, pudimos disfrutar de uno de nuestras aficiones favoritas en Bolivia, jugos y ensaladas de frutas a precios baratísimos y de calidad que daban ganas de llorar cada vez que se terminaba.

 En el paraíso frutal del mercado central de Sucre

En resumen, Sucre nos regaló unos maravillosos días de calor que ya casi habíamos olvidado, días de descanso por la altura, días de sentirnos de nuevo en un lugar como en casa. Lo prometido es deuda, así que no os perdáis el próximo post en el que os narraré las aventuras y desventuras para llegar a las comunidades Jalq'a y poder ver con mis propios ojos una realidad bien distinta a las que nos habían contado.

¡Un abrazo!

"Me gusta la gente que vibra, que no hay que empujarla, que no hay que decirle que haga las cosas, sino que sabe lo que hay que hacer y que lo hace. La gente que cultiva sus sueños hasta que esos sueños se apoderan de su propia realidad". Mario Benedetti, poeta uruguayo.

jueves, 26 de junio de 2014

Una nueva "ciudad blanca", Arequipa, y con ella el final de la etapa por Perú

Ya se estaba convirtiendo en costumbre durante el viaje. Llegamos al último lugar de la ruta por Perú, Arequipa, y pensamos: "¡Si parece que fue ayer cuando pasamos aquel calvario para llegar desde Ecuador a Perú! ¡Y ya llevamos dos meses!". Entonces te pones a recordar momentos como las excursiones por la selva amazónica, los barrios de Lima, la naturaleza de Chachapoyas... Pero antes de abandonar el principal territorio inca, tocaba pasar unos días en la 2ª ciudad más poblada de Perú, la conocida como "ciudad blanca" (otra más), la histórica Arequipa.

¿Y qué se nos había perdido por Arequipa? Primero que es de paso casi obligado en la ruta hacia Bolivia, segundo que parecía un buen lugar para simplemente pasear, trabajar en nuestras cosillas... durante unos días, y tercero, que nos habían comentado que debido a que la ciudad se encuentra rodeada de varios volcanes, disfruta de un microclima muy bueno. Al final... todas las excusas ciertas excepto la última, ¡qué frío! Y pensar que en Europa ahora es veranito...

 Arequipa, Plaza de Armas con el volcán Misti al fondo

 Al igual que en Cusco, qué mejor que empezar el turisteo por Arequipa que con un tour "gratuito" (amablemente te aconsejan dar propina), por el centro histórico de la ciudad, para mi gusto demasiado comercial, metiéndonos en restaurantes y bares donde nos recomendaban comer. Pero bueno, al fin y al cabo de algo tienen que vivir y aprendimos cosillas sobre Arequipa que hicieron que mereciese la pena la publicidad "subliminal". Como que el motivo de que se la conozca como "ciudad blanca", es el color de muchas de las casitas del centro histórico, procedente de la roca volcánica con la que fueron construidas. O por ejemplo el hecho de que Arequipa es el principal productor y exportador de lana y productos de alpaca, llamas y vicuñas, sobre lo cual pudimos aprender la historia, diferentes tipos de lanas, proceso de producción...

Pero en general, a nivel turístico hay dos lugares estrella en Arequipa. Por un lado la Plaza de Armas, en boca de muchos la más bonita de Perú, e incluso de Sudamérica. Me uno a la primera afirmación, a la segunda aún nos queda mucho por ver...jeje. La plaza es preciosa, no sólo por la bonita distribución de los jardines, la fuente central, los pórticos que la rodean, sino sobre todo por el impresionante fondo de escenario que la acompaña con el volcán Misti, tal y como habréis podido ver en la foto anterior.


 Arequipa, diferentes vistas de la Plaza de Armas

Y por otro lado, la gran atracción turística es el monasterio-convento de Santa Catalina de Siena. Se trata de un convento de clausura, que a pesar de estar en el centro mismo de Arequipa, en cuanto pasas la entrada, sientes que está entrando en una nueva ciudad, con muros de hasta 4 metros de alto protegiéndola y una extensión de más de 20.000 metros cuadrado. A pesar de que aún a día de hoy existen monjas viviendo en clausura en el convento, una gran parte del monasterio puede ser visitada.

Entrada al monasterios de Santa Catalina

 Uno de los claustros del monasterio de Santa Catalina

A lo largo del recorrido marcado por el monasterio, da gusto el encontrarte con carteles explicativos cada pocos metros, empapándote así de la historia y características del lugar. Cosa que no es muy común en los lugares turísticos en Ecuador o Perú, donde o contratas un guía o haces los deberes antes de ir, o no te enteras de nada. Es un monasterio que se construyó en el siglo XVI, en pleno auge del colonialismo y catolicismo español, implantando iglesias, monasterios y conventos a diestro y siniestro. El convento de Santa Catalina sufrió a lo largo de su historia diferentes terremotos, lo que hace que se puedan observar diferentes estilos arquitectónicos, dependiendo si la pared en cuestión aguantó en pie o no. Además, están muy bien conservadas las habitaciones de las monjas, los claustros, las cocinas con sus hornos de barro y utensilios, los lugares de oración... Lo que te permite reproducir muy claramente cómo sería y es la vida de clausura en un convento, en el que actualmente únicamente tienen contacto con el exterior a través de empleados que les realizan tareas fuera del convento a través de una puerta concreta.

Monasterio de Santa Catalina, una de las habitaciones

 Monasterio de Santa Catalina, calle con estilo arquitectónico propio

Monasterio de Santa Catalina, zona del lavadero de ropa

Y aunque uno apenas ha viajado por Andalucía, muchas de las calles de la mini-ciudad de Santa Catalina, recuerdan por lo que se suele oir, a las blancas calles andaluzas, con casitas pequeñas, acabadas redondeados, y macetas adornando y dando más vida al lugar.

Monasterio de Santa Catalina, calle "a la andaluza"

Monasterio de Santa Catalina, la Iglesia de Santa Catalina al fondo

Monasterio de Santa Catalina, claustro principal

Y en cuanto a Arequipa poco más que os pueda contar. Los que hayáis estado por esta zona, pensaréis: "¿Y no fuistéis a la principal atracción de esa región, al cañón Colca, para ver a los famoso halcones?". Pues sentimos defraudaros pero no... Todo el mundo nos habló maravillas del lugar, pero en un viaje de tanto tiempo, a veces llegan momentos en que estás un poco saturado de visitar tantos lugares y "turistear", y simplemente te apetece estar en un hostal acogedor, en el que poder cocinar, dar un paseito por la zona, encontrar una cafetería donde pasar tiempo leyendo o charlando... Y en Arequipa nos llegó un momento de estos, además que ya durante estos meses han sido varios los cañones vistos, y aunque estoy seguro que cada uno tiene algo particular y especial, en este caso preferimos hacer caso de nuestro interior.

Y como os comenté al principio del post, la ciudad blanca de Arequipa, ponía un "hasta luego" a nuestras aventuras por Perú. ¿Siguiente destino? Estando en Arequipa no quedan muchas opciones, ¡la mochilera Bolivia! Mochilera porque prácticamente todos los viajeros que nos habíamos ido cruzando por el camino, especialmente estilo mochilero, coincidían en que Bolivia es un país maravilloso para viajar, por su autenticidad, sus costumbres indígenas, su gente, y por supuesto los bajos precios. ¿Sería todo esto cierto? Para saberlo ya sabés, en los próximos post comenzamos la etapa boliviana. Pero siento defraudaros, esta vez no esperéis un paso de un país a otro cruzando montañas, carreteras de la muerte o cambiando de transporte 5 veces, ni muchos menos... Esta vez, bus desde Arequipa a Puno, cambio de bus desde Puno directamente al primer destino boliviano, ¡Copacabana! ¿Copacabana? ¿Dónde hay playas paradisíacas y hoteles de lujo? Mmmmhhhh... va a ser que no... En el próximo post descubriréis la auténtica Copacabana boliviana.

¡Un abrazo!

"La evolución espiritual no se manifiesta por la posibilidad de almacenar conocimientos, declamar verdades u obrar milagros, sino por la capacidad de corregir los propios errores". Rudolf Steiner, filósofo y pedagogo.

miércoles, 30 de abril de 2014

Llegamos a Cuenca, la ciudad de las iglesias, y de un santo estadounidense

Tras 4 inolvidables y energéticos días pasados en compañía de loos devotos de la finca Vrindavan, tocaba volver a la "realidad" de la civilización. Pero para que el shock del cambio no fuese demasiado fuerte, escogimos una ciudad de esas en las que puedes encontrar muchos rincones para pasear con tranquilidad, y en la que además no esperaba una gran bienvenida por parte de nuestro primer couchsurfer en Ecuador.

Así que tras despedirnos de Gopal, Nitia, la madre Bhakti, el perro "Cejas" y resto de increíbles personas que conocimos en el templo, pusimos rumbo primero a Rio Negro, para luego tomar al vuelo el bus hacia Ambato, y finalmente viajar desde Ambato hasta Cuenca. En total, un viaje durillo pero compensado por los paisajes que nos ofrecía la improvisada pantalla de la ventanilla del bus, que nos recordaban al encanto de la Toscana con diferentes campos de cultivo, formando un cuadro paisajístico obra de la naturaleza y el hombre.

Al llegar a Cuenca ya de noche, fuímos al encuentro de David, el couchsurfer estadounidense que nos alojaría durante nuestra estancia en Cuenca. David es un jubilado de 73 años, que al igual que muchos otros jubilados estadounidenses, optan por venirse a Cuenca para pasar esa etapa, aprovechando los bajos precios de un país en el que la moneda también es el dólar, y sobre todo el ritmo de vida tranquilo y cercano propio de Ecuador. Pero cuando os hablo de una persona de 73 años, no os imaginéis a los típicos abuelitos cuya vida gira en torno a las obras de construcción de edificios, el dominó y dar de comer a las palomas... El amigo David tenía una vida social que muchos envidiarían, e incluso hace menos de 2 años se pegó un pedazo de viaje en moto por Sudamérica. Sé que es muy fácil decir algo así teniendo 30 años y sin impedimentos físicos, pero creo que muchas personas mayores, una vez jubiladas, pierden el sentido de sus vidas, dedicándose a partir de ese momento a esperar lo inevitable, y durante esa etapa convertir la protesta en su principal afición. Seguro que muchos tendrán dolencias o enfermedades que les impedirán llevar una vida más activa, pero como he dicho varias veces, nosotros somos responsables de todo lo que nos pasa, y de la misma manera capaces de cualquier cosa.

Nuestro querido David durante la excursión por el parque natural de Cajas

En principio la idea era quedarnos en Cuenca unos 4-5 días, ¡esta vez de verdad! :-D Pero un paquete que nos había enviado mi familia desde España a casa de David en Cuenca estaba aún en camino, y por problemas en la aduana y por el pausado ritmo laboral de algún funcionario, finalmente el paquete llegó 9 días después de nuestra llegada a Cuenca, así que el pobre David tuvo que sufrir nuestra invasión durante unos cuantos días...jeje. Aunque eso sí, si hay que estar 9 días esperando en un mismo lugar, qué mejor que hacerlo en la pedazo casa de nuestro nuevo amigo, con una habitación y baño para nosotros solitos, y una cocina que presenció el arte gastronómico polaco-vasco.

Con David, Krishta (su chica), Ewe con cambio de look y el caracol

En cuanto a lo que es la ciudad de Cuenca, la verdad que desde el primer momento paseando a lo largo del río Tomebamba, vimos claro el por qué de que tantos jubilados extranjeros vengan a esta ciudad a vivir. A pesar de que Cuenca es famosa principalmente por su centro histórico, de lo cual damos fe, al privilegio de estar alojados en la casa de David, unimos su ubicación, en frente del paseo del rio Tomebamba, lo que nos obligaba a caminar por la ladera del rio durante 40 minutos para llegar al centro de la ciudad, ¡bendita obligación!

El rio Tomebamba aprovechado para hacer la colada. A ver si descubrís a Wally echando la siesta 

 Camino hacia el centro por el rio Tomebamba

En lo ue respecta al centro histórico de Cuenca, una nueva delicia para pasear un perderse por su calles, descubriendo en cada giro de esquina nuevas casa de la época colonial, en las que los siglos han sido indulgentes permitiéndonos caminar en nuestra imaginación entre la burguesía del siglo XVIII, al igual que el descubrimiento de las... no fuimos capaces de contar todas... iglesias de la ciudad, consecuencia del gran auge de la religión católica durante muchos años, provocando la construcción de un gran número de templos en muy poco espacio.

Centro histórico de Cuenca 

Catedral Nueva de Cuenca

Calle del centro histórico

Aunque a modo personal, la mayor delicia para la vista y la cámara de fotos a nivel arquitectónico es la combinación de estos dos principales atractivos de Cuenca, el paseo del rio Tomebamba y los edificios históricos. De forma que a medida que seguíamos nuestro paseo por el curso del rio y nos adentrábamos por el borde del centro histórico, a cada paso descubríamos nuevos edificios que se convertían en nuestra fotografía favorita de la ciudad.

El Barranco a orillas del Tomebamba 


El puente roto

Calle a las afueras del centro histórico

La verdad que con el tema del paquete y estar esperando tantos días, pudimos aprovechar para poner al día temas como el blog, el cambio de look de Ewe que habéis visto en una foto anterior, degustar la buena mano en la cocina de Khrista, la novia de David, hacer ruta de restaurantes vegetarianos por la ciudad, hacer un tour fugaz con David por el parque natural de Cajas, e incluso asistir a un concierto de música clásica, ¡el réquiem de Mozart! Y es que otro de los motivos por los que pasar la jubilación en Cuenca es una maravilla, es que organizan a menudo actividades culturales gratuitas, y si además son de la talla del réquiem de Mozart representado en la Antigua Catedral de Cuenca, pues ni te cuento... Mi primer concierto de música clásica, gratis, el réquiem de Mozart, ¡y encima en Ecuador!

Coro de Cuenca durante el concierto

Tmbién aprovechamos para hacer una de las visitas típicas y obligadas en Cuenca, la fábrica de los sombreros Panamá, lo cuales, curiosamente tienen origen en Ecuador, pero se comenzaron a usar en gran medida por los obreros que construían el canal de Panamá, y la gente que les veía pensaban que eran sombreros fabricados en el país panameño, y por ello comenzaron a llamarse sombreros de Panamá. Me gstaría ir a Panamá a ver si allí cuentan la misma historia....jeje. El tema es que la visita a la fábrica es muy recomendable, te explican de forma gratuita todo el proceso de elaboración del sombrero. Desde la recolección de la paja toquilla con la que se fabrica, hasta el procedimiento para darle la forma deseada y el diseño. Toda una obra artesanal en la que participan muchas personas, destacando especialmente por mi parte a las campesinas que durante horas en incluso días permanecen sentadas tejiendo un solo sombrero con sus habilidosas  manos con las hebras de paja toquilla para dar la primera forma al adorno.

Tienda de la fábrica de sombrero Panamá 

Durante el casting para la pasarela de verano

En definitiva, a pesar de vernos "obligados" a estar en Cuenca más tiempo del habitual, la combinación de un anfitrión que nos trató como a sus propios hijos con una ciudad preciosa, maravillosa, y en la que vivimos una Semana Santa llena de gente, puestitos de comida, algodones de azúcar y manzanas con caramelo. ¡Gracias por la gran acogida Cuenca!

Vista de Cuenca

"No podemos resolver problemas pensando de la misma manera que cuando los creamos". Albert Einstein

viernes, 21 de febrero de 2014

Para pasar auténtico calor en pleno Febrero, ¡ve a Cartagena!

¿Por qué en todo viaje a Colombia prácticamente todo el mundo no se pierde la visita a Cartagena de Indias? Puede ser por su centro histórico, lleno de vida colombiana, de ambiente colonial, un pasaje en el tiempo sin escalas; puede ser por los seguidores de Garcá Márquez con ganas de sentirse protagonistas de su famosa novela "El amor en los tiempos del cólera", desarrollada en las calles de la ciudad cartagenera; e incluso, aunque menos probable, podría ser por aquellos que durante los meses invernales en Europa estén anhelando el calor propio del verano. Pero lo que importa en este caso, ¿cuáles fueron nuestros motivos? Pues un poco de todo ello, además que nos pillaba de camino en la ruta recorriendo la costa nortey  es un buen punto de escala hacia paradisíacas islas caribeñas.

Centro histórico de Cartagena

Para llegar a Cartagena, tomamos un bus desde Santa Marta que tras un entretenido viaje recorriendo la costa, nos dejó en la terminal de bus de Cartagena en apenas 4 horas por unos 20000 pesos (unos 7 €). Como la terminal queda a las afueras de la ciudad, tocó coger un nuevo transporte, en este caso, lo que como suele ser habitual en varias ciudades colombianas, el conocido como "metro", pero que no es más que un bus urbano que conecta los puntos principales de la ciudad con paradas propias. Así que tras más de una hora para atravesar la concurrida ciudad, por fin llegamos al barrio de Getsemani, conocido por su buena ubicación, cerca del amurallado centro histórico, y por contar con la mejor oferta de hostales y restaurantes. Y es que teniendo en cuenta que Cartagena es con diferencia la ciudad más cara de Colombia, había que intentar conseguir algo lo más económico posible.

 Barrio de Getsemani, Cartagena

Pero aún no había acabado ahí el ajetreo con las mochilas a cuestas, faltaba encontrar alojamiento. Habíamos intentado buscar algo por Internet el día anterior, pero los precios nos parecieron excesivamente altos y las opciones económicas no parecían del todo fiable. Y es que en muchas ocasiones te encuentras in situ hostales que no salen en Internet, o incluso que salen pero si vas en persona tienen mejores precios. Pero en el caso de Cartagena, vimos que incluso buscando en directo se estaba poniendo difícil el tema. Y a pesar de que contamos con la gran ayuda de nuestro improvisado agente turístico "negrito", un simpático cartagenero que se gana un dinerillo ayudando a los recién llegados a la ciudad y que necesiten "cualquier cosa". El hombre nos fue llevando por diferentes hostales, pero a cada cual tenía peor pinta, desde habitaciones con un olor a humedad increíble que según palabras del dueño era debido al ambientador... :-O, u hostales en los que se veía circular bastante ajetreo de chicas ligeras de ropa saliendo de habitaciones con hombre entraditos en años semidesnudos... Finalmente negrito nos encontró una opción bastante decente, el hotel Centenario, que a pesar de no ser el estilo de alojamiento que frecuentamos, ya que al ser un hotel no había gente joven ni muchas opciones de interactuación, las instalaciones estaban bastante bien y a precio decente tratándose  de Cartagena, 70000 pesos la noche (unos 25 €), un precio bastante ajustado, aunque luego comprobamos que la discoteca que hay justo al lado con música a tope cada noche seguro que influía en el precio...jeje

Hotel Centenario, Cartagena

 Bueno... ahora sí que estaba todo listo para nuestra estancia en Cartagena. Mochilas descargadas, cómoda habitación, ¡con aire acondicionado! ¡imprescindible para sobrevivir en esta zona! y toda la ilusión por empezar a descubrir la ciudad, pero mejor empezamos al día siguiente, que ya era de noche y los días de mudanza siempre son cansadillos.

Al día siguiente, a pesar de nuestras inocentes intenciones de levantarnos prontito para empezar la jornada turística, el ajetreo del día anterior y la comodidad de la cama fue superior a nosotros y empezamos el día un poco tarde, ¡error! En una ciudad como Cartagena, en donde a partir de las 12:00 cada vez hay menos gente por la calle debido al intenso y sofocante calor, es un suicidio salir del alojamiento para patear la ciudad a las 11:00. Sin embargo, hay una característica  de la costa caribeña que hasta cierto punto compensa ese calor, los deliciosos jugos de muchísimos tipos diferentes de frutas de las que la mayoría nunca habíamos oído su nombre. Desde refrescantes jugos de lulo con agua, hasta dulces jugos de guayábana con leche, e incluso el nunca decepcionante jugo de fresas con leche, por supuesto siempre naturales y recién hechos, por apenas unos 3500 pesos (algo más de 1 €)

Festival de colores y sabores

Jugos de fresa y guanábana con leche

En cuanto a la visita por Cartagena, básicamente se centró en dos lugares, el barrio de Getsemani y el centro histórico amurallado. Como he comentado antes, en el barrio de Getsemani es donde se concentran los alojamiento y restaurantes más económicos y locales comparando con los del centro histórico. Y es que el centro de Cartagena ha sufrido una transformación radical y propia de los lugares que se convierten en nidos de turistas. El atractivo económico originado por la llegada masiva de turistas, ha hecho que la zona amurallada de Cartagena se haya convertido en un lugar conquistado por inversiones extranjeras, hoteles de lujo, restaurantes de precios prohibitivos para la gente local... Lo que ha provocado la expulsión de la gente nativa hacia otros barrios de la ciudad. 

 Haciendo amigas por Cartagena

Uno de estos barrios que mantiene a duras penas cierto aire auténtico cartagenero es el barrio de Getsemani, en el que se mezclan los viajeros de estilo más mochilero con la población cartagenera que busca conquistas extranjeras o simplemente seguir viviendo en el barrio en el que crecieron. Seguro que hasta el día de hoy Getsemani ha sufrido bastantes cambios debido a la llegado de este otro tipo de turistas como nosotros, pero espero que el tiempo permita mantener esta atractiva combinación entre visitantes fugaces llegados de todas partes del mundo y la simpática población cartagenera.

Plaza de la Trinidad en Getsemani

Cartagenero vendiendo fruta en la calle

En cuanto al centro histórico, a pesar de las circunstancias económicas extranjeras que lo hacen así, no deja de ser toda una belleza. Una fortaleza amurallada consecuencia de su pasado histórico, protagonizado por las colonos españoles y los continuos ataques piratas al ser una jugosa golosina portuaria llena de tesoros. Uno de esos lugares en los que simplemente es necesario pasear, perderte entre sus calles, (con alguna parada técnica para tomar un juego, por supuesto),  descubriendo cada vez que doblas la esquina una nueva vía con casa coloniales decoradas muy gustosamente con balcones floreados y diferentes colores. Habiendo momento que incluso al estar en un cruce de calles, tienes bastantes dudas sobre qué dirección tomar, ya que cada alternativa te ofrece un nuevo paisaje listo para ser capturado por la cámara.

Entrada del reloj a la ciudad amurallada

Ewe en la entrada del reloj

Calle del centro histórico de Cartagena

Catedral de Cartagena

Finalmente pasamos en Cartagena 3 días, en los que además de visitar estas zonas, aprovechamos para quedar con John a tomar unas cervezas, un couchsurfer de la ciudad, que aunque no pudo darnos alojamiento, sí que nos ayudó mucho sobre recomendaciones sobre la ciudad y se preocupó en todo momento porque nuestra estancia fuese lo mejor posible. ¡Incluso nos encontramos con algunos de los buceadores con los que coincidimos en la cabaña en Taganga!

Aunque estuvimos esos 3 días en Cartagena, gran parte del tiempo nos sentimos sin muchas ganas de salir a hacer nada, el sofocante calor que atacaba durante gran parte del día, y la humedad tanto fuera como dentro del hotel nos afectaba a las energías creo yo... Aunque el plan era después de Cartagena poner rumbo a Medellín, donde nos esperaba John Alex, un viejo amigo de Ewe, nos comentó que le iba mejor si íbamos hacia allí un par de días más tarde. Como no nos apetecía nada quedarnos otros dos días en Cartagena, donde el clima veíamos nos afectaba tanto, tocó echar mano de contactos colombianos y san Google para improvisar un destino para los días siguientes. Y ahora, pudiendo recordar el destino escogido, creo que el universo nos hizo un grandísimo favor con ese lugar improvisado para esos dos días, ¿que qué lugar es ese? Ya me conocéis, habrá que esperar al próximo post para saberlo... :-D

¡Un abrazo enormeee!

"No hay que enfrentar los sueños a la realidad, sino crear ésta gracias a aquellos". Carlos González Pérez. "23 maestros, de corazón"