sábado, 22 de marzo de 2014

Para los amantes del café... ¡Salento sería vuestro paraíso!

¿Jugamos a las adivinanzas? Yo os digo una serie de frases, y tenéis que adivinar qué relación tienen entre ellas: arábica, colombiano, Juan Valdés y su burrito, ese olor que cada mañana logra que tus sentidos comiencen a despertarse, esa excusa para hacer un descansito en el trabajo (a veces la principal motivación para ir...), cortado, con leche, capuccino, expresso... Bueno, no creo que hagan falta más pistas, en este post nos adentramos de lleno en una de las señas de identidad de Colombia: ¡EL CAFÉ!

Como ya os conté en el último post, nos encontrábamos en la región conocida como el Eje Cafetero, donde se concentran la mayoría de plantaciones cafeteras, y en mi opinión, los más bellos paisajes naturales y personas que te puedes encontrar en el país. Y dentro de esta zona cafetera, Salento es uno de los destinos más encantadores de los que hemos podido conocer. Para viajeros de nuestras características, que somos más de pueblecitos pequeños, con encanto, con gente amable, donde por ir a tomar algo a un bar ya te tratan como uno más del pueblo de toda la vida, donde con una excursión de apenas un par de horas te sumerges en la naturaleza... Por todo esto, el pueblo de Salento se convirtió en toda una delicia para nosotros, tanto para la vista como para el paladar, gracias a sus típicos patacones.

Calle principal de Salento 

Puerta de entrada en Salento 

Patacón mitad con hogao mitad con champiñones

Sin embargo, el primer día en Salento estuvo protagonizado no por este encanto rural, ni por las sonrisas de sus habitantes, ni siquiera por la belleza de sus paisajes, sino por cierta sensación de que algo iba a pasar, de que algo sería inevitable, de que te gustaría que las horas se alargasen, como cuando estás comiendo ese helado que tanto te gusta y deseas que nunca se acabe... Aquel primer día en Salento lo pasamos con John y Jhonatan, nuestros queridos amigos que conocimos en Manizales, pero a su vez significaría nuestra despedida de ellos, la cual haciendo honor a su fama de buenos papis, no se produjo hasta que se aseguraron que encontrábamos un hostal en el que nos sintiésemos a gusto. Fue una despedida temporal, seguro, ya sea en esta vida o en alguna otra, sólo es cuestión de que volvamos a estar bien atentos para reconocernos.


Ewe con Jhonatan y John en el mirador de Salento

 El caracol con Jhonatan y John


El precioso hostal "La montaña" en Salento


Aparte de por estar situado en el corazón del universo cafetero, Salento es conocido por la habilidad artesana de sus habitantes a la hora de crear bisuterías, ropa o complementos. Lo que es lo mismo... ¡fue muy difícil no arruinar el presupuesto del viaje y nuestras espaldas cargando con bolsos, jerseys, pulseras, collares, figuras...! sobre todo a una mochilera polaca que suele ir a mi lado, jeje. Y no era para menos, artesanías llenas de colores, de originalidad, de manos pacientes, de precios más que atractivos, y expuestas en tiendas montadas con mucho cariño, que hacían que cada vez que entrases en una viajases hacia un nuevo mundo.

Tiendita de artesanias en Salento 

Cafetería en Salento, con una antigua cafetera a la derecha


Una de las actividades que llevaba tiempo en la lista de los "DEBE" en Colombia era la visita a una plantación cafetera, muy populares en el Eje Cafetero, pudiendo encontrar desde grandes haciendas que te preparan un tour a todo lujo, casi tatuándote la cara de Juan Valdés y su burro en el brazo, hasta pequeñas plantaciones donde el propio dueño te muestra por unos pocos pesos su trabajo del día a día. Para nuestra preferencia de las experiencias más familiares y cercanas, la segunda opción era la ideal, y cerca de Salento había una buena oportunidad, la finca de don Elías. Se trata de una pequeña finca a la que se llega tras una amena excursión de 1 hora a pie, amena sobre todo porque ese día llovió a cántaros y pasamos de tratar den no manchar nuestras botas con apenas una gota de barro, a meter los pies por completo... Pero merece la pena por los paisajes cafeteros que cada pocos pasos te encuentras por el camino.


Paisajes durante la ruta cafetera

 Además, ¡en el trayecto encontramos un restaurante vegetariano! En un pueblito enano, en un camino en medio de la nada, encuentras gente preocupada por su bienestar interior, el de otras personas y el de los animales, ¡increíble! Así que tras cuidar nuestros paladares con unos deliciosos platos a base de los productos que nuestra generosa tierra nos regala, llegamos a la finca de don Elías, un simpatiquísimo señor cuya vida siempre ha girado en torno al café, y caracterizados al más puro estilo cafetero.

Entrada a la finca de don Elías 

Con don Elías y su nieto

De la visita a la finca se encargó su nieto, el cual por tradición familiar a heredado la pasión por el buen gusto hacia el cultivo del café. Nos habló acerca de la existencia de diferentes especias de granos de café, desde los granos de café arábica, hasta el colombiano o el robusto típico de África; sobre la idoneidad de las características geográficas y climatológicas de Colombia para su cultivo, o sobre las marcas de fama mundial que según su opinión se merecen el calificativo de buen café, (de marcas vendidas típicamente en España mejor ni hablar, incluído los famoso nespresos). Aunque como gran ejemplo de la unidad existente en el universo, se utilizan otras especies vegetales como el árbol de yuca para evitar corrimientos de tierra, árboles frutales para evitar plagas o el árbol de banano para que gentilmente ofrezca sombra a las plantas cafeteras, como una orquesta, cada plantita con su instrumento y su función.


Granos de café arábica


Una vez recogidas las semillas del café, lo cual se realiza dos veces al año, éstas pasan por una máquina conocida como despulpadora, la cual se encarga de retirar la piel exterior para quedarse sólo con el grano, el cual se fermenta durante 24 horas para pasar luego al secado. Una vez sequitos los granos, se realiza el último e importante proceso de tostado, el cual en el caso de las exportaciones se hace en el destino, ya que en función del tiempo de tostado el café adquirirá un sabor más o menos fuerte. Que po cierto, del considerdo café colombiano de calidad, en el país apenas se queda un 20%, siendo el resto exportado a países occidentales, mientras que del café colombiano de menor calidad, ese sí que no interesa tanto y se queda el 50% en Colombia... La historia de América Latina se repite una y otra vez... Y una vez tostaditos los granos, ¡voilá! ¡Ya tenemos el famos grano de café colombiano! El cual puedo dar fe desprende un olor que incluso a un poco fanático del café como yo te hipnotiza.


A la derecha, el grano sin tostar, y a la izquierda ya tostado listo para moler


Tras esta sensorial experiencia, dejamos para el día siguiente realizar la excursión a uno de los parajes naturales más famoso de Colombia, el Valle de Cocora, conocido por cobijar entre sus terrenos a una especie de árbol única en todo el mundo, la palma de cera, uno de los árboles más altos del mundo (hasta 60-80 metros) y declarado "árbol nacional de Colombia", hoy en día a todo se le da un título honorífico...jeje

Palma de cera en el Valle de Cocora

La excursión por el Valle de Cocora, no consiste sólo en quedarte con la boca abierta ante las palmas de cera, sino admirar paisajes preciosos, únicos, de esos que al menos un servidor, es incapaz de capturar su belleza con una simple foto. Justamente unas horas antes recibí un mensaje de un amigo que me preguntó si durante el viaje había encontrado algún paisaje tan bonito como los que habíamos visto durante una ruta de varios días por el Pirineo catalán, pues no sé si lo superará ya que las características son diferentes, pero esa sensación de amor hacia la naturaleza, de que el mundo es un gran regalo que muchas veces no apreciamos ni cuidamos, y de que nuestra verdadera esencia está en el contacto con la naturaleza, la volví a sentir ese día, por primera vez desde aquella experiencia en los Pirineos.


Paisajes en el Valle de Cocora

Aunque la excursión fue algo durilla, sobre todo porque el camino estaba lleno de barro y en ocasiones se hacía difícil no hundirte a los caballo de Atreyu en "La historia interminable", la ya habitual compañía de un perrito que encontramos por el camino, y el premio de llegar hasta la finca de Omar, conocida como Acaime, en la que tras una durilla subida, te obsequia con una merecida agua-panela con queso, la compañía de unos preciosos colibrís, y en nuestro caso, una amena charla en la que nos contó sobre sus experiencias con los turistas, sobre todo con argentinos e israelíes, según él aficionados a marcharse sin pagar...jeje


Colibrís en la finca de Omar

Ewe con Omar

Entre unas cosas y otras, nuestra estancia en Salento fue un gran bálsamo para llevar mejor la reciente despedida de nuestra querida Manizales, y aumentar aún más nuestro ya declarado amor hacia Colombia, por su variada naturaleza, su encanto, sus pueblecitos, y sobre todo por su gente. Ahora pienso en todas las cosas que se dicen desde la ignorancia y la distancia sobre este país, y no puedo más que reir... Por mi experiencia personal, nunca el pasado fue tan injusto hacia la belleza y el amor de un pueblo.

"¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio" Albert Einstein

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