domingo, 8 de junio de 2014

Llegamos a Lima, ¡donde nos esperaba un reencuentro israelí!

Tras la aventura por la selva en Iquitos, tocó volver a la "civilización", despedirnos de los bichitos, de los machetes, y saludar a los grandes rascacielos, las cadenas de comida y las grandes avenidas de la ciudad de Lima.

Durante las últimas semanas del viaje, nos habíamos cruzado con varios trotamundos entre los que el discurso general era: "¿Lima? No merece la pena quedarse ni un día, no tiene nada para ver".  No somos amigos de crear opiniones en base a comentarios de otros, ya que cada persona es un mundo, y para gustos los colores. Pero aún así fuimos a Lima sin demasiadas expectativas, lo que en muchos casos es la mejor postura para evitar desilusiones o crear sorpresas.

Llegamos a Lima por vía aérea, ya tuvimos suficiente con el camino de llegada a Iquitos entre buses y barco, y esta vez, viendo que el vuelo Iquitos-Lima salía más barato que de nuevo el barco de Iquitos a Yurimaguas, y después un bus de 13 horas hasta Lima, no hubo mucho que pensar en cuanto a cómo llegar hasta la capital peruana.

En nuestra primera etapa en Lima, nos esperaba un nuevo couchsurfer, Henry, un simpático peruano con una forma de vida muy humilde, pero siempre dispuesto a compartir y con un gran proyecto en mente, hacer un viaje alrededor del mundo en unos meses, me suena de algo... jiji.  A través de Henry comenzamos a conocer el barrio de Miraflores, el más conocido entre los turistas, ya que es una zona muy segura, con muchos hostales, y con un nivel de vida alto en general. Es una parte de Lima en la que no encontrarás un monumento majestuoso o un lugar concreto que concentre al turismo, sino que su encanto está en simplemente pasear tranquilamento por sus diferentes zonas, como el parque del Amor, con una escultura muy aclaratoria y con influencias de Gaudí en unos bancos con preciosas frses de amor inscritas; el paseo a lo largo de la costa, adornado con grandes edificios de apartamentos de lujo; o el parque Kennedy, donde se concentra la vida social del barrio y la principal oferta gastronómica. Respecto a este último parque, nos dimos cuenta que en Lima hay parques como este, el Kennedy, el parque John Lehnnon... ¿No existen personajes ilustres peruanos que hayan aportado un gran valor al mundo para dar nombre a los parques? Esta sensación la hemos tenido de forma general durante todo el viaje, donde no vemos que se aprecie en gran medida la cultura local, dando un valor en sobremanera a las influencias extranjeras. Bueno, la verdad, que tampoco se me ocurre un país exceptuando EEUU en el que no pase esto...

Parque del Amor en Miraflores, Lima

Paseo Marítimo, Lima

Otra de las zonas de Lima por las que es toda una delicia pasear y casi dislocarte el dedo índice haciendo fotos es el barrio de Barranco, considerado el barrio bohemio de la ciudad, y es que... ¿qué gran ciudad no tiene un barrio al que se le denomine como "el bohemio"? Al igual que Miraflores, se trata de una zona de alto nivel, con la calles en general muy limpias, grandes bloques de apartamentos con unas vistas increíbles, y un ambiente más relajado y cultural que en el centro.

Barrio de Barranco, Lima 

 Barrio de Barranco, Lima

 Barrio de Barranco, Lima

Barrio de Barranco, Lima

Por su colorido, por sus rinconcitos adornados con flores, por su mezcla de modernidad y ambiente bohemio, definitivamente Barranco se convirtió en nuestro pequeño paraíso dentro de Lima, y sobre todo, la Bajada de los Baños, una calle que une el famoso puente de los Suspiros con el paseo marítima, poco más de 200 metros durante los cuales los colores de las pequeñas casa, las flores a los lados y los exclusivos y bien situados restaurantes te sumergen en el mismo barrio de Montmartre de París.

Bajada de los Baños

Bajada de los Baños

Bajada de los Baños

Puente de los suspiros

A todo esto añadir la deliciosa gastronomía que ha hecho famosa en todo el mundo a Perú, la cual se concentra sobre todo en su capital. Que aunque dos vegetarianos como nosotros, como nos pasa en cada país, no pudimos profundizar en este patrimonio peruano, ya que la carne como en todos sitios es el ingrediente estrella, al menos en lo que respecta a productos básicos (verduras, frutas, ¡¡PAN DE TRIGO!!), pudimos saciar nuestros nostálgicos paladares. Y por otro lado, el detalle de que en varios puntos de Miraflores y Barranco hay instalados pianos para el disfrute público crean un ambiente muy bonito. Aunque es un poco sospechoso que en todos los pianos que fuimos viendo, siempre hubiese un "espontáneo" tocando cual Mozart en sus mejores tiempos...


Piano en el barrio de Barranco

El típico lomo salteado peruano en versión vegetariana

La maravillosa variedad de pan típica en Perú

Pero hay otra parte de toda esta historia, y es que toda esta parte del barrio de Miraflores, Barranco, el barrio de San Isidro, componen una pequeña burbuja en la que generalmente personas extranjeras, o locales con buenas nóminas se concentran aparte de la Lima en la que te aconsejan no salir por la noche, no pasear con la cámara en la mano o tomar un taxi para cualquier desplazamiento. Las zonas que estuvimos visitando eran muy bonitas, incluso nos recordaban al paseo marítimo de Barcelona, con modernos edificios y un ambiente multicultural. Pero hay que ser realistas y saber que esto es sólo una pequeña parte de Lima, una pequeña isla rodeada por un mundo no tan agradable al menos para occidentales como nosotros...

Dentro de nuestra estancia en Lima, hicimos un paréntesis de 6 días durante los cuales volvimos a realizar una de las experiencias que ya se estaban convirtiendo en un habitual desde que pasamos por Colombia, visitar una comunidad Hare Krishna, en este caso, el Eco Truly Park, a 1 hora al norte de Lima. En Colombia estuvimos visitando algunos días el templo Hare Krishna de Manizales, en Ecuador visitamos a los devotos de Quito y pasamos unos días de voluntariado en la finca de Río Negro, parecía que poco a poco iba subiendo la dimensión de los templos que íbamos visitando, y el Eco Truly Park confirmó sobremanera este crecimiento.

Templo del Eco Truly Park

La finca del Eco Truly es inmensa y preciosa, parece que sacada de una película de ciencia-ficción, ya que la mayoría de edificaciones están construidas en adobe en forma ovalada, dando un aspecto muy original a la finca. Durante los 6 días que pasamos con ellos, les ayudamos en la manera que pudimos a mantener limpias las instalaciones, tareas de mantenimiento, o colaborando en adornar el templo ante la celebración del aniversario de la finca que sería en pocos días. Además de trabajar un poquito, al igual que en la finca de Ecuador, nuestros estomágos disfrutaron cada día con abundantes y deliciosos platos vegetarianos, participamos en las meditaciones y ofrendas a las deidas en varias ocasiones, practicamos yoga cada mañana, y por supuesto disfrutamos de un ambiente de buena energía, espiritualidad y compañerismo que difícilmente encontramos en otros lugares.

Zona de habitaciones del Eco Truly Park

Ya comenté en el post de la experiencia con los Hare Krishna en Ecuador, que se trata de una comunidad religiosa, con orígenes hindús, que basan su filosofía en principios como el vegetarianismo, la no violencia, evitando el sexo ilícito o los juegos de azar. En gran medida nos sentimos tan a gusto en compañía de los devotos por estos principios, sobre todo el vegetarianismo, la no violencia, tanto hacia otros como hacia uno mismo, y la visión del sexo como una unión amorosa entre dos personas. Aunque como ya comenté, sentimos que no forma parte de nosotros un seguimiento devocional total, especialmente en lo que se refiere a la adoración de figuras y seguimiento de un gurú. Más bien sentimos que nuestro crecimiento interior debe formado por pequeños granitos de arena procedentes de nuestros padres, amigos, diferentes gurús, maestros espirituales, nuestra propia experiencia y criterio... Tal y como dice Krishnamurti en su libro "El arte de vivir", el seguimiento de un gurú genera en la persona un ideal o ejemplo a seguir, lo cual provoca miedo, comparación. Comparación entre lo que uno es y lo que le gustaría llegar a ser, en este caso, esto último queriendo llegar a ser la reproducción de los valores de otra persona. Vamos, que tranquilos, que hasta ahora estamos muy a gusto no formando parte de ninguna comunidad, preferimos ir cogiendo aquello que nos parece provechoso de diferentes fuentes.

Y tras estos 6 días de limpieza interior y exterior, pusimos de nuevo rumbo a Lima, esta vez pasando primero un par de días con Julian, un couchsurfer irlandés con raíces de Hong Kong, que muy amablemente nos abrió las enormes puertas de la mansión que su empresa la presta para su estancia en Lima. Tras esos dos días con Julian, pasamos otros dos días en un hostal por la zona de Miraflores, donde coincidimos con una de las grandes sorpresas de nuestra estancia en Lima. Para los que seguís el blog desde sus inicios, quizá recordéis que cuando estuve en Israel, antes de ir a Jerusalem, pasé un día en la casa de un couchsurfer llamado Amitai, que vive a las afueras de Jerusalem. Pues resulta que Amitai comenzó también un viaje por Sudamérica prácticamente al mismo tiempo que nosotros, pero en sentido contrario, y durante este tiempo hemos estado en contacto informándonos de dónde estábamos para ver si podíamos encontrarnos. ¡Y por fin el tan esperado reencuentro llegó en Lima!

Los caracoles con Amitai y su inseparable barra de pan

Estas son las experiencias mágicas que sólo un viaje así te pueda regalar. Un día llegas a casa de un desconocido israelí a las afueras de Jerusalem, pasas el día con él haciendo una excursión, hay buena conexión entre los dos. Con el tiempo aún mantienes el contacto, y unos meses después, nos vemos las caras de nuevo a miles de kilómetros de Jerusalem. Es una sensación indescriptible, reencontrarte con alguien que aunque apenas conoces, al verle de nuevo le das un abrazo como el de un amigo de toda la vida que hace tiempo que no ves...

Así que durante esos último días en Lima, disfrutamos de la compañía del gran Amitai, con el que aparte de enseñarle Miraflores y Barranco, aprovechamos para ir a visitar el centro histórico de Lima, declarado Patrimonio Histórico y Cultural de la Humanidad. La verdad que el título podría merecérselo, se pueden ver edificios muy biien conservado con toques coloniales, y la Plaza de Armas es toda una preciosidad. Pero la mona aunque la vistan de seda... Inevitablemente este bello centro histórico sufre las consecuencias de la mala cultura contaminante y de respeto hacia su tierra por parte de la gente que predomina en la mayor parte de Lima.

Centro histórico de Lima

Plaza de Armas de Lima

Centro histórico de Lima

Y hasta aquí llego la estancia en Lima, protagonizada por paseos por un escenario no del todo real, unos días compartiendo un mundo de valores y energías que estoy seguro que su extensión harían todo más fácil, y un reencuentro de esos que te hacen sentir que esta experiencia del viaje nunca dejará de sorprenderme.

¡Un abrazo!

"No somos seres humanos teniendo una experiencia espiritual. Somos seres espirituales teniendo una experiencia humana." Pierre Teilhard de Chardin

domingo, 1 de junio de 2014

Una parada en Tarapoto en el camino a... ¡la selva del Amazonas!

Desde que estuvimos en Colombia, por nuestra mente había estado rondando una idea continuamente, una experiencia que para todo amante de la naturaleza que viaja por América Latina no puede perderse, ¡visitar la selva amazónica! Pero una cosa es pensarlo, y otra cosa es hacerlo. Es fácil mirar el mapa, ver esa gran extensión de selva que ocupa Colombia, Ecuador, Brasil, Perú... y pensar, ¡ok, vamos allí! Porque precisamente por ser selva, en la mayoría de casos para llegar al lugar civilizado más cercano se ha de tomar un avión o un barco por varios días.

Entre las diferentes posibilidades, como volar desde Bogotá a Leticia, o la selva amazónica en Ecuador, o en Perú, finalmenre optamos, según recomendaciones de algunas personas que conocen bien la selva amazónica, por retrasar uno de los platos fuertes de nuestro viaje para nuestra llegada a Perú, concretamente llegando a Iquitos, al norte del país, y desde ahí disfrutar en la medida de lo posible de las maravillas naturales selváticas.

Hecha ya la introducción sobre nuestros conflictos mentales acerca de la visita a la selva, recordemos que estábamos en Chachapoyas, capital del departamento de Amazonas. Para llegar desde aquí a Iquitos hay sólo dos opciones, o por aire o barco, y es que Iquitos es la ciudad más grande del mundo a la que no se puede acceder por vía terrestre. Como los vuelos eran bastante caros, optamos por ir por tierra, como siempre mucho más gratificante. Para ello, debíamos para en Tarapoto, a unas 8 horas de Chachapoyas, y ya cerca de Yurimaguas, pequeña población desde la que se ha de tomar el barco que te lleva a Iquitos.

En cuanto a la estancia en Tarapoto, poco que contar, es una ciudad grande, con mucha contaminación, tanto ambiental como acústica, debido en gran parte a los cientos y cientos de motocarros que circulan por sus calles, como si cada una fuese un instrumentto desafinado de una orquesta, en la que además cada uno suena a su bola... Lo que te hace dudar más de una vez si nos hemos teletransportado hacia la capital tailandesa o si de verdad seguimos en Perú... Eso, unido al sofocante calor propio de la región, no nos hizo muy apetecible quedarnos muchos días ahí. Los justo para visitar una de las cascadas más conocida de la zona, la cascada de Ahuashillacu, que aunque no tan impresionante como la de Gocta, en esta se podía disfrutar de un bañito muy rico; y la laguna Azul, resort turístico, con bellos paisajes, pero que si nos vas con dinero se hace difícil disfrutarlo al tener que moverte en barca para acceder a sus playas.

El Gran Premio de Tarapoto a punto de dar la salida

Laguna Azul

Cascada de Ahuashillacu

Aunque a decir verdad, sí que hubo algo en Tarapoto que hizo nuestra corta estancia de 3 días mucho más placentera, esta vez a través de nuestro sentido del gusto, y sobre todo a través de nuestro sentido social, gracias a la deliciosas cenas de las que disfrutamos en el restaurante Krishna Bhog, un restaurante hindú-vegetariano, llevado por un matrimonio que nos hizo sentir cada noche como si fuésemos a nuestras propias casa a cenar, con la mesita preparada sólo para nosotros, una cena diferente cada noche cocinada con mucho amor, y una pequeña tertulia después de la comilona para conocer un poco más de la cultura hindú y la vida en Tarapoto.

Los caracoles con la maravillosa cocinera del Krishna Bhog

Tras la escala en Tarapoto, tocaba comenzar la aventura de varios días que nos esperaba para llegar hasta Iquitos, ya que como he dicho antes, debíamos llegar por vía fluvial, y no os penséis que aunque el Amazonas sea algo muy conocido, los barcos para llegar hasta ahí son cruceros de lujo de esos que te dan la pulserita, ¡ni mucho menos! Después de pasar una noche en Yurimaguas en un hostal de mala muerte, y pasamos esa noche porque no nos quedó más remedio al no salir el barco el día anterior, preparamos todo para comenzar el viaje de dos días en barco a lo largo de varios afluentes del rio Amazonas. Los preparativos son de sobra conocidos en cuanto llegas a Yurimaguas, ya que por todos lados te asaltan vendedores informándote de lo que necesitas. Una hamaca para colgar en la cubierta del barco, ya que esta es la única manera de dormir de forma “cómoda”, aunque siempre tienes la opción del suelo, y los segundo imprescindible, un tupper y cubiertos para que te sirvan la comida en el barco, ¡todo lujo eh! :-P

Así que con nuestras recientes adquisiciones, tomamos un motocarro al puerto, y tras hundir literalmente mi pie en el barro, sortear a varios cargadores de mercancías que sudaban la gota gorda, subir por una tabla de madera al barco, y colgar (con la ayuda de un trabajador) nuestra hamaca en cubierta, ya teníamos todo preparado para nuestro primer “crucero” de dos días.




Todo preparado para nuestras "vacaciones en el mar" 

El puerto de Yurimaguas en pleno ajetreo cargando el barco

La verdad que el viaje se hizo menos pesado de lo que esperaba, a pesar de estar rodeados por hamacas de alemanes que formaron una pequeña mini-colonia germana. La comida que daban en el barco no es que fuese precisamente de guía Michelin, agarré una torticolis que me tuvo en modo robot durante varios días, pero aún así las charlas que tuvimos con la gente local y otros mochileros, los juegos de cartas y alguna película en el portátil hicieron más amena la travesía.

Y por fin, tras algo de menos de 48 horas atravesando las turbias aguas del rio amazonas y sus afluentes, llegamos a Iquitos, la cual, al igual que Tarapoto, se caracteriza por la orda de motocarros que inundan la ciudad de ruido y contaminación. Y, ¿qué hay para hacer por Iquitos? Lo primero, pasar calor, muuuucho calor. Y una vez teniendo eso asumido, la vida turística de la ciudad se concentra sobre todo en actividades en sus alrededores, sobre todo las excursiones a la selva y los rituales de Ayahuasca, una planta alucinógena alrededor de la cual hay un gran negocio de espiritualidad, chamanes, rituales, personas con ganas de conocer un poco mejor lo que corroe por su interior, y personas con ganas de conocer una nueva sustancia que ponga a prueba los límites de su cerebro.

 Puerto de Iquitos

El primer día nos dedicamos a explorar los atractivos de la propia ciudad, aunque para nuestro gusto, no pudimos contar demasiados. Aunque como en todas las ciudades de Sudamérica, fue toda una experiencia visitar el mercado del barrio de Belén, en el que puedes encontrar todo lo que te imagines en lo relacionado tanto a comida como a objetos de primera necesidad. Eso sí, las condiciones sanitarias y el olor que desprendía más de un puesto de comida quitaban las ganas de aventrarse a comprar algo. Aparte del mercado, Iquitos tiene un malecón que recorre los ríos Itaya y Amazonas, interesante para dar un paseo y por la zona del barrio de Belén observar las duras condiciones de vida sobre las aguas del río, no sólo en cuanto a las infraestructuras de las csas, sino sobre todo en cuanto a la cantidad de enfermedades que se deben originar por el estancamiento de las aguas.

Mercado de Belén

Barrio de Belén

Motocarros por el centro de Iquitos

Pero para ser justos con la visita a esta zona, he de decir que en cuanto a las actividades que se pueden realizar en sus alrededores relacionadas con la naturaleza bien vale 2, 3 o 5 días de barco. Una de las visitas obligadas cerca de Iquitos es al Centro de Protección de Manatíes. Se trata de un centro de rescate de manatíes, nutrias, simios, y otras especies, los cuales suelen ser recuperados de manos de personas que los utilizan como mascotas, pero que no tienen ni idea de cómo cuidarlos, o personas que tratan de hacer negocio con su piel, su carne... Bendito el día en el que los animales vieron aparecer al ser humanos en la tierra...

La visita al centro es toda una delicia, no sólo por ver de cerca estas especies, sino que ¡incluso puedes tocar y dar de comer a los manatíes! Y es que son una especie tan dulce y pacífica, que ha pesar de su tamaño, es toda una experiencia acercarse a ellos, tocar su piel con tacto de goma humedecida, y meter la comida en su boca sin dientes pero que aún así te da respeto por el tamaño del animal.

Dos de los manatís del centro

Dando de comer al manatí

Ewe con su nuevo amigo, un pichico de barba blanca, fan de los cabellos rizados

No dejó de ser curioso el hecho de que al llegar antes de que el centro de protección abriese, algún conductor de motocarro se nos acercó para proponernos el llevarnos a un zoo que había cerca para ver muchas otras especies... Estamos esperando para visitar un centro de rescate de animales y nos proponen ir a ver un centro de enjaulamiento de animales... :-O En definitiva, visitar un lugar como el centro de manatíes es una experiencia de esas que sales con una gran sonrisa en la boca, primero por tener la oportunidad de tener un contacto tan cercano con los animales, lo cual siempre supone una recarha energética enorme, y segundo, por ver que en este mundo dominado por la sensación humana de superioridad sobre todo, aun existen asociaciones dispuestas a dar la vuelta a la tortilla y ayudar a que los animales sigan siendo lo que han sido durante toda su existencia anterior al ser humano, libres.

Y ya para los últimos días en Iquitos dejamos la estrella de las experiencias, la idea que nos había estado rondando la cabeza desde que planeábamos este viaje, ¡una excursioncilla de 3 días por la selva amazónica!  Para la aventura, contamos con la gran experiencia de David "el Titi", un couchsurfer que nos alojó en su casa un par de días, y además no hizo el servicio de guía en la selva, junto con un par de locales de las comunidades. ¡Ah! Y que no se me olvide mencionar la compañía una vez más de nuestro amigo viajero Victor, con el que ya compartimos aventura en Chachapoyas, y ahora volvíamos a coincidir en la casa de David, ¡todo un experto el Victor en el arte de abrir camino por la selva con el machete! jeje. Así que después de comprar todo lo necesario con David en el mercado de Belén para sobrevivir un par de días en la selva, mochilas a la espalda, y hacia el puerto de Iquitos a tomar la barca hacia la comunidad donde nos esperaban los ayudantes de David.


En casa de David antes de empezar el tour, se nota por las sonrisas de frescura...jeje

El tour empezó con un viajecito de algo más de una hora por las aguas del rio Putumayo, hasta llegar a la comunidad donde nos esperaban los abuelos de David con un delicioso almuerzo, y nuestros compañeros selváticos durante esos dos días, Josías el silencioso y el gran contador de historias Abeluco. Una vez con los estómagos felices y el equipo preparado, comenzamos la primera pateada de unas dos horas selva a través, hasta llegar al campamento que David montó hace años, pero que por cuestiones personales la selva había ido comiendo poco a poco. Fue simplemente la primera etapa para llegar al lugar donde pasaríamos la primera noche, pero ya pudimos vivir alguna mini-aventura, como cuando tuvimos que pasar un canal de agua a causa de las últimas lluvias, con la única ayuda de una liana con la que primero pasar al otro lado las mochilas y luego nosotros. Y aunque parezca mentira, tuvo que ser el más experimentado de todos en la selva, Josías, el que hiciese las delicias de nuestras pupilas deseosas de ver algún chapuzón, una pena que no quedasen pruebas fotográficas...jiji

 Ohhhhh Ohhhhh Ohhhhhh

Así que tras montar el campamento, empezó la primera gran-aventura, una excursión nocturna por la selva en busca de todo tipo de insecto, roedores, reptiles, mamíferos... Vale que íbamos acompañados por dos locales que han crecido rodeados de bichos y selva, vale que iban armados con pistolas y machetes por si acaso, pero aún así, ir paseando por la selva de noche, escuchando sonidos que quizá mejor que se queden en eso, en simple sonidos, hacía que el agujerillo trasero tuviese una tensión constante capaz de partir nueces...jeje. Finalmente el paseo nos regaló ver una tarántula algo tímidita que sólo nos mostró sus vergüenzas, alguna dulce ranita venenosa, y varios insectos entre los cuales se encontraban la futura cena de nuestros compañeros.

El nidito de amor montado 

La tarántula vergonzosa 

Los suris que sirvieron de postre para algunos 

 Ranita en pleno paseo nocturno

Después del agradable paseo, nuestros guías nos deleitaron con una improvisada y deliciosa cena, amenizada al final con las apasionantes historias de Abeluco acerca de sus encuentro con el Chullachaqui, el duende protecto de la selva al cual se debe ofrecer mapacho (tabaco local) para ganarse su afecto, o sus experiencias con las sirenas del rio y el respeto hacia la Pachamama, la madre tierra. Imaginación, misticismo, síndrome de la selva, realidad... sea la que sea, es toda una experiencia estar sentado al lado del fuego escuchando las historias de este gran personaje.


Abeluco dando lo mejor de sí mismo

Para el segundo día, nos esperaba algo más de palicilla, pateando y pateando la selva durante más de 8 horas. Lo cual teniendo en cuenta que cargábamos con bastante peso, y que había que ir abriendo camino o construyendo puentes improvisados para cruzar canales, físicamente resultó algo durillo. Pero anímicamente, toda una maravillaa, ya que aunque no nos cruzamos con ninguna bestia tipo anacondao jaguar, (que a decir verdad tampoco hacía falta), sí que pudimos aprender muchísimos sobre plantas medicinales e insectos selváticos, y comprobar una vez más como nuestra querida madre tierra nos proporciona un equilibrio perfecto y todo aquello que necesitamos, otra cosa es el tipo de uso que se le dé a todos estos regalos por el hombre... Plantas como el parchahueso, para curar fracturas óseas, la jergonsacha, como antídoto ante la mordedura de algunas serpientes, o la chirisana, ideal para atritis, reuma...

¡Y la segunda caída del tour fue para nuestro guía! 

Ewe cruzando el puente improvisado 

Momento meditativo sobre lianas 

 Efectos de las historias de Abeluco

Después de la paliza, aquella noche tocó algo más de comodidad y dormimos en la casa de los abuelos de David, para así recargar energías para el día siguiente empezar bien prontito y hacer un paseo en barca por las aguas del río para divisar aves aprovechando los primeros rayos del sol. Fui una excursioncilla bastante productiva, en la que pudimos ver patos, tucanes o monos; aunque David consiguió de sobra amenizar aún más la mañana con las historias sobre ataques de anacondas a gente local, toda una delicia mientras viajas en una mini-barca de madera... :-P

Y ya como último plato de la aventura selvática, nos dirigimos en la barca hacia Iquitos, pero antes de ir al puerto, nos dirigimos hacia el inmenso río Amazonas a ver si los famosas delfines grises y rosados de la zona estaban de humor para dejar ver, ¡y resulta que sí que lo estaban! Supongo que cada uno tiene ciertos animales que siempre sueña con ver en su hábitat natural, en nuestro caso uno de ellos es el delfín, ¡y si encima es el delfín rosado y en el Amazonas para qué pedir más! Una pena que por el mínimo tiempo que aparecían, apenas tuviésemos tiempo de sacar un foto decente, os dejo lo poco que se salvó.

Con el capitán David durante el paseo matutina

Transportando madera por el río 

 Hay que tener buena vista para ver al delfín

Y con todo estó concluyó nuestra gran experiencia por la selva, la cual nos dejó más que satisfechos, y con aún más hambre de naturaleza en estado puro. Aunque por cómo funciona el mundo actualmente, para ver algo así en su pura esencia, necesitas días y días alejado de la civilización, para llegar a algún lugar en el que los animales se sientan totalmente libres, al menos en lo que se refiere al ser humano.

Disculpad por la pedazo de chapa que me ha quedado en el post, pero uno no puede ir a pasear todos los días por la selva amazónica, y para compartir algo así necesitaría creo que 4 o 5 post más...jeje. ¡Tranquilos! Sólo es una broma... :-P

Un abrazo enorme y nos vemos en Lima, pero esta vez llegando en avión, que ya tuvimos bastante con la experiencia del barco para llegar a Iquitos.

"El arte de la medicina consiste en mantener al paciente en buen estado de ánimo mientras la naturaleza le va curando." Voltaire

lunes, 26 de mayo de 2014

El mundo preinca en Kuelap, la increíble cascada de Gotca, y un pueblo con nombre... curioso

Nuestra entrada a Perú desde tierras ecuatorianas había sido digamos... entretenida, y como estamos comprobando durante nuestra estancia en el país, sirvió como aperitivo sobre lo que nos esperaría a la hora de movernos de un lugar a otro. La primera parada “oficial” en Perú, tras la escala en San Ignacio después de pasar la frontera, fue el pueblo de Chachapoyas, capital del departamento de Amazonas, y paso común entre viajeros que se dirigen o vuelven de la zona amazónica. Chachapoyas es conocido sobre todo por las 3 excursiones con las que te bombardean por todas partes en las agencias turísticas: la visita a las ruinas pre-incas de Kuelap, la excursión a la catarata Gocta, y la visita combinada a las gruta de Quiocta y los sarcófagos de Karajía. Un servidor basta que llegue a un lugar y ver en todas las agencias ofertas para ir a los mismo lugares, y ya se me enciende la alerta anti-tours organizados. Pero en este caso, al menos para visitar las ruinas de Kuelap, y el tour combinado de Quiocta y los sarcófagos, se pudo hacer una excepción. Y es que en ambos casos, aparte de contar con un guía que a la hora de visitar lugares arqueológicos va de maravilla, si intentas ir por tu cuenta sólo en el transporte te dejas más dinero y sobre todo tiempo. Así que después de dar unas excusas por sentirme mejor al haber contratado un par de tours, sigamos con el relato...jeje Pero al llegar a Chachapoyas nos esperaba un pueblo que tenía mucho más que ofrecer que las excursiones por los alrededores, que nos ofreció agradables paseos por la plaza de Armas, con una siempre animada vida social, el restaurante vegetariano Edén con un menú por 5 soles (unos 1,25 €) variado y delicioso, el hostal Backpackers Chachapoyas, cuyos dueños nos hicieron sentir como en familia, y una cafetería de la que no recuerdo el nombre en la que pasamos largas horas de lectura, charlas y deliciosos sándwiches.

Plaza de Armas de Chachapoyas

Calle de Chachapoyas

 La primera de las excursiones que hicimos fue la que combina la gruta de Quiocta y los sarcófagos de Karajía. De la gruta nunca habíamos oído hablar hasta llegar a Chachapoyas, de los sarcófagos, una vez que empiezas a buscar información de Perú, aparecen por todas partes. Aunque resulta que al final lo más emocionante del día fue la visita a la gruta, ¡sin quitar valor a lo sarcófagos eh! Que también son una maravilla. La gruta de Quiocta se trata de una cueva que en su punto de mayor profundidad alcanza los 50 metros bajo tierra, y con más de 500 metros de longitud, durante las cuales disfrutamos de todo un espectáculo de estalactitas y estalagmitas.


Ordeñando estalactitas en Quiocta


Diferentes estalactitas y estalagmitas en Quiocta

Pero lo mejor de la gruta fue las condiciones que te ofrece para recorrerla, y es que con las gran cantidad que se filtra hasta su interior, y teniendo en cuenta que la mayor parte del suelo es de tierra, podréis imaginar la de enorme charcos y barrizales que había que atravesar para poder ir avanzando. La verdad que fue toda una delicia sacar ese pequeño renacuajo que llevamos siempre dentro, aunque más dormidito de lo que nos gustaría, y pasarlo pipa poniéndonos hasta arriba de barro y presenciando no pocas caídas.

Nuestro simpático guía ilumnando nuestros pasos 

Una excursión llena de las más arriesgadas pruebas... :-D

  Después de la aventura subterránea, pusimos rumbo a los sarcófagos de Karajía, no tan famosos como los egipcios, pero igualmente interesantes y misteriosos. Para llegar hasta ellos, desde el pueblito que está al lado, tuvimos que caminar unos 40 minutos para adentrarnos por la naturaleza, hasta llegar a un precipicio en el que de repente ahí los encontramos, tras varios días inundando nuestras retinas con fotos y fotos de estos monumentos, por fin los teníamos delante. Y aún así no dejan de ser sorprendentes, más que por su tamaño o forma, ya que no puedes acercarte mucho, por su ubicación y su historia. Estos sarcófagos proceden de la cultura funeraria de los Chachapoyas, sí, los mismo que vivían en Kuelap. Al igual que la ciudad arqueológica, lo que más impresiona aparte de su localización en medio de la pared de una montaña, es su buen estado de conservación, probablemente debido al tema de la ubicación. Se cuentan hasta 15 sarcófagos en la zona, llegando el más grande de ellos hasta los 2,50 metros de altura, entre los cuales hasta se recuperaron las momias y las joyas que se guardaban junto a ellas en el interior cuando se descubrieron. Increíble ver cómo existían tantas semejanzas en estos ritos funerarios entre culturas tan lejanas en espacio y tiempo como la egipcia y la chachapoyas, sobre todo teniendo en cuenta que aún no existía Internet para poder copiarse...jiji


Los 6 principales sarcófagos allá al fondo

Los sarcófagos de Karajía mejor conservados


Sarcófagos de Karajía


 Para el día siguiente teníamos reservado el segundo tour, la estrella arqueológica de la zona, el bautizado por los más avispados agentes turísticos como el Machu Pichu de la época preincaica, las ruinas de Kuelap. A las cuales para poder llegar, tal y como nos pasó el día anterior, “disfrutas” de una agradable paseo por la ladera de una montaña a lo largo de un camino de tierra, en el que en más de una curva rezas porque no venga ningún coche de frente.


El divertido camino a Kuelap

Es toda una experiencia la visita por la ciudad de Kuelap, construida por la cultura preinca de los Chachapoyas. Se cree que la ciudad acabó de construirse por el siglo XVI, donde poco antes los incas ya habían sobrepasado las murallas para apoderarse de la ciudad, lo cual ha dejado pistas hasta en día, ya que se pueden observar las típicas construcciones preincas en forma redonda, mezcladas con algunas construcciones rectangulares propias de los incas. Eso sí, el chollo les duró poco a los incas, ya que pocos años después de adueñarse de Kuelap llegaron los españoles aún sedientos de más y más poder para definitivamente expulsar a los incas y dejar la ciudad abandonada, ya que por su situación y difícil acceso no merecería la pena darle uso.

A la izquierda la parte externa del muro de Kuelap 

Entrada principal a Kuelap 

A pesar de que se no se ha investigado mucho sobre estas ruinas por falta de fondos, la visita al lugar es muy interesante, sobre todo por el buen estado de conservación de las construcciones, que sino es porque el guía nos juró y perjuró que todo el 90% estaba tal y como se encontró, sería difícil de creer. 


Construcción rectangular inca

 Construcciones circulares chachapoyas

Y para el último día en Chachapoyas, y como plato principal a nivel físico y natural, nos esperaba la cascada de Gocta, catalogada por los peruanos como las 3ª cascada más larga del mundo, tras el Salto del Ángel de Venezuela y el Salto de Tugela en Sudáfrica. Aunque a decir verdad, por un lado hay que tener en cuenta que en realidad la cascada de Gocta está formada por 2 grandes saltos de agua, muy cercanos y seguidos el uno del otro, lo cual no sé yo si pasaría el control de calidad del departamento de validez de cascadas. Y por otro lado, no es la primera vez durante nuestro viaje por Sudamérica que comprobamos que la gente tiende a exagerar en gran medida sus orgullos locales, vamos, como en todas partes... Y como última prueba... que he buscado por Internet y queda lejos de entrar en el podium de las cascadas más grandes del mundo. :-D Sea cierto que es la 3ª más grande del mundo o no, es lo de menos, la cascada es toda una maravilla de la naturaleza. Se puede llegar a la cascada de la forma fácil y menos emocionante, contratando un agencia, o te puede aventurar a llegar en transporte público hasta cierto lugar, y luego pegarte la caminata. Nos habían comentado que había 3 opciones para ir andando a la cascadas: la opción 1 en la que llegas al ladito del pie de la cascada pero no tienes una vista decente de el salto completo, la opción 2 en la que tienes una vista increíble de todo el salto peeeeero no llegas al pie de la cascada, y la opción 3, que es combinar armas, disfrutar al máximo de la cascada, y pegarte una pateada de más de 8 horas. ¡Opción 3 aceptada! :-D Es toda una gozada no sólo el camino que hay que seguir para dirigirse hacia la base de la primera caída, sino que en el momento en el que llegas a un claro desde el que a lo lejos ves la dos caídas en su máximo esplendor, no te queda otra cosa qué decir: “uuuuooooo!”


Vista de las dos caídas de Gocta

En la base de la primera caída 

En la segunda caída

 Y por supuesto, la sensación de sentir la naturaleza en todo su esplendor al estar cerca de la cascada es difícil de explicar, pero su fácil de acabar empapado en cuanto te acercas a unos metros. Y con esto acabó la intensa y muy provechosa estancia en Chachapoyas, de la que no sólo nos llevamos un montón de experiencia increíbles, sino que además volvimos a coincidir con nuestro amigo valenciano Victor, al cual conocimos en Vilcabamba en Ecuador, disfrutamos con él de la excursión a Gocta, y mi 6º sentido dice que no sería la última vez en la que viviríamos interesantes aventuras junto a él. ¿En la próxima etapa en la selva del Amazonas? Quién sabe, en el próxima post saldremos de dudas... ¡Un abrazo!

"Mi felicidad consiste en que sé apreciar lo que tengo y no deseo con exceso lo que no tengo." Leon Tolstoi